Panamá, 11 de abril de 2002
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Clonación humana y edad: algo que se había olvidado

Tomás D. Arias
gene@ancon.up.ac.pa

Diversos artículos publicados recientemente en este mismo diario vuelven a traer al tapete, en forma resaltante, el tema de la clonación y los comunes errores que muchas personas cometen al hablar de ellos. Quizás un biólogo pueda aportar ciertos detalles interesantes sobre Dolly y su clonación, que son necesarios para la verdadera comprensión del problema. Cabe recalcar que este experimento es uno de los más importantes del siglo XX.

En el proceso de clonación intervienen generalmente, como fue el caso de Dolly, tres seres vivos. Aquella que va a proveer el útero, aquella que provee el óvulo y finalmente aquel o aquella que provee el material genético. O sea, que el último o última son los donantes del núcleo de una de sus células somáticas o corporales. Es por eso que hablar de la madre de un clon no tiene sentido, a menos que hablemos de la madre que presta su útero conocida también como madre substituta.

Si una persona es clonada, ella y su clon poseerán igual DNA nuclear, mas no el DNA mitocondrial, ya que este último se encuentra en el citoplasma, no en el núcleo. El DNA mitocondrial del clon es aportado por la mujer que donó el óvulo. Durante el procedimiento de clonación no se transfiere el DNA mitocondrial, por lo tanto los clones tendrán un parecido muy significativo, pero no son genéticamente idénticos.

Es conveniente recordar que los gemelos monocigóticos sí tienen la misma dotación genética porque son el producto del mismo óvulo y el mismo espermatozoide, o sea, que son clones verdaderos y naturales aunque incluso en ellos se pueden encontrar algunas diferencias genéticas, pero en esencia son lo mismo. Los gemelos se desarrollan en el mismo ambiente uterino y parte del ambiente social, pero la personalidad de ambos no será igual. Los gemelos dicigóticos o mellizos no tienen la misma dotación genética nuclear porque son el producto de dos óvulos diferentes y dos espermatozoides diferentes, aunque poseen el mismo DNA mitocondrial.

Según fue publicado este año, Dolly, el clon producido en 1996 de una oveja que tenía 5.5 años, para la sorpresa de muchos mostró tener artritis, una enfermedad degenerativa que usualmente se presenta en viejos. Lo cual nos lleva a preguntarnos ¿cuál es la verdadera edad de Dolly?, ¿es Dolly tan vieja como sus genes o es tan vieja como cuando fue clonada?

La respuesta está en sus telómeros, unas estructuras moleculares de DNA que forman los extremos de los cromosomas y cuya longitud va disminuyendo inexorablemente cada vez que ocurre una división celular a medida que el animal envejece. Hay un límite para el número de divisiones celulares. Y para las ovejas y otros mamíferos es de 30 divisiones celulares. A este límite se le llama límite de Hayflick. Es decir, que Dolly es tan vieja como su madre genética, o sea, 11 años.

El profesor Ian Wilmut, creador de Dolly, dice “Esto aporta otro pedazo de evidencia de que desdichadamente los presentes métodos de clonación son ineficientes”. Lo cierto es que antes de que Dolly naciera, hubo más de 277 experimentos fallidos por diferentes razones. Y si bien es cierto que hay otros animales que han sido clonados tales como puercos, ratones y otros, sólo la oveja se ha podido observar por tanto tiempo.

No vayamos a pensar que los clones nos aseguran la sobrevivencia o la inmortalidad, ellos van a ser tan viejos como la madre o el padre genético y tendrán sus propios gustos y experiencias. Si nosotros deseamos tener un clon de Elizabeth Taylor recordemos que ella cuenta con 70 años y su clon tendrá la misma edad, muy distante de la mujer que veíamos y vemos en las películas de los 50 y 60. El mismo caso es el de Sofia Loren con 68 años o Einstein cuando descubrió el principio de la relatividad en 1905. Y es aquí que el autor Roberto Hernández, en su excelente artículo, se olvida de la problemática que encierra la edad del clon. De manera que al tener clones de nosotros mismos, estos guardan relación con la edad del individuo, y ello sería una empresa que ciertamente no garantiza la inmortalidad.

Analizar los aspectos éticos del clonaje es una tarea tan interesante como necesaria. Tenemos que decidir si queremos la clonación terapéutica o la clonación reproductiva, ambas o ninguna. La clonación terapéutica es aquella que produce nuevas células con las cuales curar o tratar ciertas enfermedades. Con el uso de ella, se puede obtener más de 300 células diferentes correspondientes a tejido nervioso, muscular, óseo, etc. En tanto que la clonación reproductiva consiste en la creación de un individuo sin la normal mezcla al azar del material genético, tal como es el caso de Dolly. Pero este es un tema tan vasto y los argumentos tan variados que merecen ser objeto de una publicación aparte.

El autor es director del Instituto del DNA y del Genoma Humano de la Universidad de Panamá

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