Panamá, 10 de abril de 2002
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El benjamín de los cubiertos

El primero uso documentado en Europa de un tenedor con dientes alrededor de la mesa fue del siglo XI

Ana Alfaro
Especial para La Prensa
revista@prensa.com

El tenedor es el miembro más joven de la familia de la cubertería, y se originó en Oriente, aunque solo en los tres últimos siglos ha adornado nuestra mesa.

Aunque existe una descripción de una especie de gancho que se utilizaba para sacar las carnes de las ollas en la Biblia y en la Odisea, Homero describe un utensilio similar a un tenedor, con cinco dientes. El primer uso documentado en Europa de un tenedor con dientes alrededor de la mesa fue del siglo XI.

Esta primera evidencia tiene como protagonista a la Dogesa María Argira (griega de nacimiento) de Venecia, quien comía con tenedor. San Pedro Damian, de quien proviene esta historia, evidentemente no gustaba del aparatito, porque lo usó como prueba para condendarla de brujería: “Tal era el lujo de sus hábitos... [que no] se dignó a tocar su comida con sus dedos, si no que ordenaba a sus eunucos a que se la cortaran en trocitos, que ensartaba en cierto instrumento de oro con dos chuzos y así se los llevaba a la boca”.

Lo correcto, claro, era usar los dedos. Mala educación era ensuciarse más allá del segundo nudillo, y utilizar más de tres dedos a la vez. ¿Y, si tan buen instrumento nos había dado Dios, por qué la sorna? Era este el argumento de los detractores del tenedor.

En 1599 Jacobo Bassano pintó uno de los primeros tenedores que figuraran en la Ultima Cena.

Carlos V de España tenía más de una docena de tenedores, pero los cortesanos de Enrique III de Francia (1551-1589) eran el hazmerreír por la enorme cantidad de comida que dejaban caer al suelo en sus fallidos intentos. El rey había traído los tenedores consigo de Venecia, donde eran conocidos, mas su uso no fue difundido entre la corte Italiana hasta 1701.

¿Dónde se inventó el tenedor?

El tenedor no tenía ningún fin útil fuera de la etiqueta; bastaba con usar dedos, cuchillo y cucharas. El tenedor fue uno de los estandartes de una nueva clase social, citadinos con ínfulas de buen gusto, que pasaría a llamarse la burguesía.

El tenedor puede bien haber nacido en Persia en el siglo VIII ó IX, donde los Dhiqans, miembros de una familia iraní de nobleza de segundo orden, eran renombrados por sus excelentes modales de mesa. Normalmente, la carne se comía en la mesa persa arrancándola del hueso con los dedos y chupando la médula, pero los Dhiqans fueron los primeros en comer carne con un barjyn y cuchillo.

El término barjyn es desconocido, pero parece corresponder a un utensilio parecido a un tenedor. Puede derivarse de un término persa que significa “guante”, de forma que puede ser que antes comían con una especie de guante, en contraste con los árabes, que comían a mano pelada.

Pero no sabemos exactamente el origen de esta historia.

Lo que sí se sabe, es que el oficio de trinchante o tallador estaba muy en demanda, y era muy respetado. Este no era otro más que el que cortaba con tenedor y cuchillo las piezas de carne para las mesas reales (o papales, o ducales, o magistrales, o como fuera).

En el renacimiento, junto con las revoluciones ideológicas, religiosas y sociales, apareció el humanismo, que reconocía la dignidad del hombre y lo convertía en la medida de todas las cosas. El humanismo fue la fundación filosófica de los pensadores renacentistas en su búsqueda por reintegrar al hombre al mundo de la naturaleza y la historia.

Los humanistas rechazaron la herencia medieval y decidieron revertir al mundo clásico con su reconocimiento del placer como esencial para la moral del hombre, en lo que las doctrinas de Epicuro tuvieron fuerte impacto.


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