Darién y el eco del buen pastor
Emiliani, siempre respetuoso
de las decisiones de sus superiores, se considera un hombre útil,
pero no imprescindible.
HERMES SUCRE SERRANO
hsucre@prensa.com
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Los niños de Darién fueron muy
beneficiados con la labor misionera del obispo Rómulo Emiliani.
A fin de mes tendrán la oportunidad de verlo otra vez.
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La evangelización de Darién ha sido una verdadera
epopeya. A los primero colonizadores españoles les costó la vida abrirse
paso entre la tupida selva para enaltecer la cruz y la imagen de Santa
María la Antigua en la primera iglesia católica de tierra firme. Después
de más de cinco siglos, Rómulo Emiliani aceptó el reto con solo una
biblia en la mano y un corazón deseoso de servir a los demás.
El vicario de Darién llevó su misión con
alegría y entusiasmo. Ni la húmeda jungla tropical podrá borrar
las pisadas de sus sandalias, el ahínco de sus sermones, y la valentía
de sus campañas en defensa de la vida y bienes de los darienitas.
En las riberas de los caudalosos ríos perdura el eco del vocerío
de los niños y niñas cuando esperaban que su querido guía se bajara
del bote fuera de borda. Los policías, que custodiaban la frontera
entre Colombia y Panamá, nunca olvidarán aquella voz de ánimo: ¡Adelante
muchachos, que Dios los bendiga! La región siempre recordará al
peregrino que dejó las comodidades de la ciudad para llevar la buena
nueva a la olvidada selva. Vivió su apostolado a plenitud, con satisfacciones
y tristezas. Los árboles de Darién son tan frondosos que a veces
impiden que uno mire el cielo, pero por muy frondosos que sean jamás
podrán parar la fuerza de la oración. ¿Qué sentiría el sacerdote
el día que el avión se elevó para alejarlo de su querido Darién?
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| Rómulo Emiliani |
De vuelta a casa.
Hoy, después de varios años como misionero fuera
del país (Estados Unidos, Centroamérica, la India, Sri Lanka), Emiliani
-de 52 años- confirmó que salió de Darién por orden expresa del Vaticano,
por razones de seguridad, renovación espiritual y teológica, y para
tomarse un merecido descanso después de tantos años de lucha. “No
me retracto de nada, no me arrepiento de nada”, manifestó el carismático
sacerdote, quien el 5 de mayo tomará posesión como obispo auxiliar
de San Pedro Sula, Honduras.
Admitió que a su regreso a Panamá se ha encontrado
con mucha frustración. Tiene la impresión que hay una especie de
“depresión colectiva” debido al tremendo golpe económico que el
país ha experimentado a causa de los nuevos esquemas económicos,
como la globalización, una corriente en la que Panamá no tiene ninguna
ventaja. “Miro a la gente muy preocupada; la clase media está experimentando
un duro golpe económico, con muchos profesionales sin empleo”. Según
él, es necesario un cambio de mentalidad en el panameño, que permita
promover más la autogestión y la microempresa. A manera de ejemplo,
citó el caso de Mi Banco. Constituye un error vivir a la espera
de un puesto en el Gobierno o la empresa privada. “Tenemos que activar
nuestra creatividad”, reiteró.
El creador del programa “Un mensaje al corazón”
y seminarista de tiempo completo también se refirió la alteración
de los valores éticos y morales. Dijo que este es un problema cultural
muy viejo en Panamá, que en los últimos años ha degenerado en una
peligrosa idolatría por el dinero. “Cuando la gente cae en la adicción
del dinero es capaz de vender a su propia madre”.
Hizo fuertes críticas al consumismo, el excesivo
materialismo, que han hecho que las personas sean apreciadas, no
por su calidad humana, sino por la marca de ropa que usan o por
el auto que manejan. “No debemos endeudarnos innecesariamente. Tenemos
que despojarnos de esa adoración por el dinero. Este es un reto
de la familia”, añadió.
Hizo un llamado a los clubes cívicos a que
dediquen más tiempo en campañas para promover los valores morales.
Emiliani aceptó que su salida de Darién representó
la renuncia a todo un “tejido” de relaciones interpersonales, principalmente
con el dolor de Panamá, de los niños, los ancianos, los desposeídos.
Las instituciones creadas por él, como Luz y Vida, Fundación Pro
Niños de Darién, Nutrehogar, Ofrezca un Hogar, Cristo Sana, continúan
su misión social.
Es consciente de que un líder prueba que
es bueno cuando se va y todo sigue funcionando bien. “Soy una persona
útil, pero no imprescindible”.
Emiliani, con una bien cuidada barba -sal
y pimienta- volverá a Darién el próximo 28 de abril para una cita
eucarística. Seguro, lo espera una calle de honor de niños con ramos
de flores naturales, y de mujeres y hombres de un territorio en
el que lo único que no se pierde es la esperanza. Emiliani cambiará
de tolda porque la pobreza no tiene nacionalidad. Honduras, que
también sufre un calvario, aguarda con ansias la llegada del misionero.
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