Panamá, 10 de abril de 2002
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¡A romper la alcancía..!

Adán Castillo G.
adagal43@hotmail.com

Es casi un grito de guerra (casi lujurioso): abrir a como dé lugar el Fondo Fiduciario para el Desarrollo (FFD). En un principio se creyó inminente lo que parecía ser una piñata a punto de caer. El sentimiento de alarma pudo más que la voracidad de muchos. La opinión pública, aunque despreciada, percibe algo siniestro tras las intenciones de romper la alcancía; “mucha plata para tenerla guardada”. Sofisma propio de la doble moral por la que transita el Panamá de hoy.

A falta de argumentos de mayor peso y sustentación, ha surgido otro discurso tan desesperado, como engañoso: “El destino social del FFD”. En primer lugar y al efecto de precisar conceptos (única forma de salirle al paso a la demagogia y la palabrería), hay que definir cuando se habla de “inversión social”, “combatir la pobreza”, “la deuda social”, y otro montón de términos en boga. Hay que pedirles a quienes así predican, que nos especifiquen de qué área social se trata, dónde, cuando, cómo y con quiénes.

¿Cuántos proyectos y qué montos se destinan a combatir la desnutrición, o sea, la pobreza? De acuerdo con el MEF, el país ha merecido la atención de las IFIS, como el Banco Mundial, BID, FIDA, amén de embajadas y agencias internacionales de cooperación. El MEF informa que en materia de Salud Pública por ejemplo, existe un conjunto de proyectos dirigidos a las áreas marginales y de extrema pobreza, incluyendo desde luego a las zonas indígenas. Se agrega que las zonas indígenas cuentan con Proyectos de Desarrollo específicos a través del Programa Ngobe Buglere.

Pero aquí no termina el asunto. Existe el Programa de Combate a la Pobreza Rural y por la Conservación de los Recursos Naturales. Hermoso proyecto que identifica áreas críticas en tres provincias (Veraguas, Herrera y Los Santos), con 13 distritos, 68 corregimientos y 564 comunidades, para 106,000 beneficiarios. La inversión es de 37 millones de balboas, con asistencia del Banco Mundial. Y sigue: para las zonas montañosas de Capira, algo de Coclé, Colón y La Chorrera está el Programa Triple C, que cuenta con 17 millones de balboas (pesos más, pesos menos), del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA) que nos viene de Roma.

Para el Darién hay otros Proyectos: Desarrollo Rural del Darién (PRODARIEN), sobre los seis grandes ríos de la provincia (Tuira, Chucunaque, Sambú, Balsas, Jaqué y Río Congo). Se persigue beneficiar con técnicas sostenibles a 2,900 familias (16,000 personas), a un costo de 14 millones de balboas financiados por el FIDA, ya citado. Y aún queda el de Desarrollo Integral del Darién con otros 80 millones del BID.

Para combatir la pobreza, la marginalidad y la ignorancia se han sumado recientemente cada cual con su estilo, la ARI y la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). Hay otros proyectos como el de las Granjas, recursos del FIS, modernización del agro, reconversión (otros 50 millones de balboas), riego (y el proyecto Tahal, Ltd. ...?). Y el acuerdo BID-Pérez Balladares (agosto de 1998) para la autopista Aguadulce-Santiago? ¿Qué resultados están dando estos programas cuyo monto global alcanza y hasta puede sobrepasar al Fondo Fiduciario? No lo sabemos (lo sabe alguien con certeza? Porque si estos programas son efectivos, entonces me temo que nada haría allí el FFD. Si por el contrario no están dando los resultados esperados, menos que menos habría que destinar un sólo centavo del FFD para semejante aventura. Lo que cabría entonces es una severa investigación al respecto.

Como se ve, sobrada razón tiene la opinión pública en sus aprensiones sobre el verdadero uso que se le quiere dar al FFD. En otras palabras las ansias de romper la alcancía, impide cualquier creatividad e imaginación para redescubrir fondos de otras fuentes. Al paso que vamos podríamos decir con Zambo, “no se lo gasten todo”.

El Autor es periodista-consultor agroambiental


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