Alimentando un ‘hobby’ o pasatiempo
Wendy Tribaldos
wtribaldos@prensa.com
Al igual que para usted, los hobbies o pasatiempos han sido parte
de mi vida desde la infancia. Por ejemplo, desde que tengo uso de
razón, he devorado y coleccionado libros. Traté en mi infancia de
bailar ballet y tap, pero mi falta de habilidad y gracia no acompañaban
a mis ganas de aprender. La misma falta de ritmo afectó las clases
de órgano que luego tomé.
Al llegar a la adolescencia, inicié mi colección
de tarjetas de béisbol, pasatiempo poco tradicional para una chica.
Años más tarde, en mis años de soltera universitaria practiqué aeróbicos
con bastante constancia. Ya de “grande”, coleccioné tazas provenientes
de todo el mundo, que ahora mantengo en mi cocina.
Alimentar las pasiones o hobbies de sus hijos
tiene gran valor. Recientes investigaciones efectuadas en Estados
Unidos demuestran que los niños y jóvenes que dedican tiempo semanal
a un pasatiempo obtienen beneficios académicos y socioemotivos sustanciales:
les va mejor en la escuela, son menos propensos a la depresión y
poseen mayor balance emocional que aquellos chicos que no poseen
un hobby.
La mejor edad para desarrollar un pasatiempo
es la infancia media, o sea entre los 8 a 11 años. Durante estos
años los niños comienzan a formar su identidad y descubren en qué
cosas son buenos, y en qué son únicos y diferentes a sus compañeros.
El hobby verdadero les da a los chicos una
actividad que les pertenece a ellos. Aquellas clases y/o actividades
en que los niños son inscritos o “empujados” por sus padres no entran
en la categoría de pasatiempos a menos que el niño le adquiera el
verdadero gusto personal por realizarlas; en otras palabras, que
le tome lo que yo llamaría pasión.
En el mejor de los casos, los hobbies o pasatiempos
ayudan a quienes los practican a saborear el éxito. Sus esfuerzos
producen resultados, y de ser estos positivos resultan en mayor
confianza en sí mismos, a la vez de alimentar su motivación. Un
hobby adecuado también ayuda a limitar el estrés, pues resulta una
actividad placentera que le ayuda a “desconectarse”.
Un hobby no debe pasar por la vida de su
hijo como un correcaminos: más rápido que volando. Muchas veces
el niño inicia una nueva actividad para prontamente aburrirse de
ella. Para el padre que ha invertido tiempo y dinero en el pasatiempo,
esto resulta tremendamente frustrante. Por ello, es importante reconocer
qué motiva al niño a adoptar un hobby.
Algunas preguntas que debe hacerse: ¿por
qué su hijo(a) desea adoptar un determinado hobby? ¿Quiere aprenderlo
por las razones equivocadas, tal vez para impresionar a sus compañeros
o ser más popular? ¿Está su hijo(a) consciente del tiempo que toma
practicar el hobby?
Como padre, usted también debe ser consciente
de la inversión económica que debe hacer para que su hijo pueda
practicar el hobby seleccionado. No compre nada caro hasta que su
hijo demuestre que el pasatiempo tendrá cierta permanencia. Los
hobbies que implican colecciones son en muchos casos los más caros,
aunque las hay baratas y hasta gratuitas: cartas, estampillas, rocas,
conchas, hojas y/o flores secas, centavos, fotos familiares, llaves,
canicas, botones, revistas, etc.
Tenga además cuidado con los pasatiempos
de moda. Por ejemplo, últimamente muchos niños han demostrado interés
por el golf, gracias a la popularidad adquirida por Tiger Woods.
Ello no implica que automáticamente usted ha de comprar palos de
golf a la semana que su hijo le comunique que quiere practicar este
deporte.
Muestre interés en los hobbies de sus hijos.
Esta es una excelente manera de mostrarles su apoyo y orgullo por
sus esfuerzos. Proporcióneles comentarios constructivos acerca de
su pasatiempo; tal vez contribuya a que este tenga mayor duración
e impacto positivo en la vida de su hijo.
Finalmente, no sea demasiado duro ni se frustre
enormemente con su hijo si este decide abandonar un hobby. Sus hijos
están viviendo su vida, aprendiendo qué les gusta y qué no. Acepte
sus cambios de interés de buena gana, sabiendo que es parte de su
desarrollo normal.
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