Panamá, 9 de abril de 2002
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Los cuentacuentos vuelven a contar

En Panamá se ha organizado de manera sistemática grupos de cuentacuentos para tratar de acercar al niño a la literatura

Abdiel Zárate
azarate@prensa.com

El contar cuentos recupera el espacio para la ternura entre padres e hijos.

Para rescatar la tradición de contar cuentos, un puñado de panameños unieron esfuerzos, de manera organizada y sistemática, para estimular la lectura en todo el país.

El Programa Internacional de Acercamiento a la Literatura Infantil (PIALI), la Fundación Biblioteca Nacional, y los grupos de cuentacuentos Casita de Chocolates y Cuenteros de Tabla tuvieron esta responsabilidad, durante la Semana Internacional de la Literatura Infantil, que se celebró del 1 al 6 de abril, en la Biblioteca Nacional, en conmemoración del natalicio del escritor Hans Christian Andersen (2 de abril).

El grupo Casita de Chocolates surgió a partir de un seminario-taller que se dio en la biblioteca, sobre el uso de los cuentos como medio para acercar al niño a la literatura; y los Cuenteros de Tabla, recibieron un seminario con el director de teatro Norman Douglas, del Grupo Tablas, con el fin de narrar cuentos, desde un punto de vista más teatral, para atraer con una mejor forma de expresión a los pequeños.

Actividad exitosa

Nixia Barrantes, directora técnica de la Fundación Biblioteca Nacional, calificó de exitoso el desarrollo de la actividad, porque cada grupo puso su granito de arena, lo cual atrajo a una considerable cantidad de cuentacuentos y de niños con sus padres de familia.

En el encuentro, hubo una exposición de libros de Hans Christian Andersen, de autores nacionales y otros autores internacionales.

Al cuentista y poeta Héctor Miguel Collado le pareció una actividad que debería hacerse todos los sábados, porque ofrece a la familia en general, y a los niños en particular, una oportunidad de salirse de la monotonía escolar y de los juegos de video.

“Este sábado 6 hemos ganado un poquito de terreno en la dirección correcta, que tiene que ver con la formación de los muchachos para acercarlos a la lectura, a la fantasía y a la creatividad”, señala Collado.

A criterio de Collado, por la participación masiva que se dio durante el evento, esta actividad hace que los pequeños crezcan espiritualmente y también los padres de familia en su papel dentro del hogar.

“Tratamos de recuperar ese espacio para la ternura, que es el contacto de los padres con sus hijos; de los abuelos con los nietos; de los maestros con los niños, y de los cuentacuentos con los niños de los barrios”, explica Collado.

El éxito de esta iniciativa, según la escritora y cuentacuentos Leda Abril Moreno, consiste en que se acerca al niño a la literatura de una manera agradable, no como una tarea escolar o algo impuesto, sino a través de técnicas de animación; es decir, se mezcla el juego con el cuento, en donde el chico ayuda y tiene participación.

Leda llevó marionetas, juguetes, juegos interactivos y cuentos que estaban reforzados con imágenes. “La idea es que el niño se acerque al cuento como algo agradable, con el que él pueda jugar y relacionarse”.

“Este movimiento se observa y se describe en los países del norte en los años 70; es decir, que estamos atrasados, pero se está haciendo, que es lo importante”, indica Leda.

De acuerdo con la educadora Celia Moreno, este tipo de eventos se necesitaba en Panamá, porque la lectura es indispensable. “Como educadora universitaria, he visto deficiencias en conocimiento y en el hábito de la lectura de mis estudiantes, porque no se les inculcó desde la infancia”.

Cuando el niño tiene contactos con los libros y con el conocimiento requerido se evita que le tengan “miedo” a la biblioteca, según la educadora. “Esto tiene efectos multiplicadores dentro del inconsciente colectivo panameño”.

La mecánica de trabajo consistió en hacer grupos de cuentacuentos con pequeños, preadolescentes y adolescentes, con lo cual se empezó a dar realce a la tradición de aquellos cuentos de abuela.


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