Panamá, 9 de abril de 2002
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Políticos ricos, pueblo pobre

“Esta coherencia y este coraje se le exige a quien jura por los Santos Evangelios. Si no le es posible, renuncie a gobernar orenuncie a ser cristiano”

Norberto Gallo Picasso
ngallopicasso@yahoo.com.ar

Cuando llegué a Panamá, la gente que fui conociendo siempre me hacía la misma pregunta: “¿cómo puede ser que un país tan rico como la Argentina esté en la situación que está?”, y mi respuesta siempre era la misma: “los políticos corruptos”. El drama en la Argentina, para sus habitantes, ha ido creciendo hasta llegar a la situación de estos días.

Para poder entenderlo mejor, hagamos un poco de historia y retrocedamos a marzo de 1976, momento en que es derrocado el gobierno constitucional, ya que para los militares del “proceso de reorganización nacional” que dieron el golpe, la situación era “insostenible”. Luego de macabros siete años de gobierno militar, el saldo que dejaron fue: 30 mil desaparecidos, la deuda externa multiplicada por seis, una absurda guerra perdida con los ingleses y el pueblo más pobre. A partir de 1983, con la llegada de los gobiernos democráticos, se pensó que la situación iba a cambiar y el país despegaría, pero lamentablemente no fue así, pues se presentaron en escena nuevamente los políticos corruptos.

Vale la pena hacer un pequeño balance de la gestión de los presidentes Alfonsín, Menem, De La Rúa, Puerta, Rodríguez Saa, Camaño, Duhalde y sus ministros y funcionarios de turno, en los últimos 18 años y ver qué le dejaron a la gente: promesas de campañas electorales incumplidas, inflación, saqueos, convertibilidad, recesión, confiscación de los ahorros (Plan Bonex, “corralito”, etc.), pérdida del patrimonio nacional a través de perversas privatizaciones a manos de empresas multinacionales que sí saben hacer muy bien sus negocios; tres veces y media más de deuda externa, contrabando de pólvora y de armas, ausencia de justicia, jubilaciones y pensiones miserables, desempleo, inseguridad, quiebra de empresas, cierre de negocios, suicidios, cacerolazos, represión, muerte, devaluación, políticos ricos con suntuosas viviendas, autos importados, quintas de fin de semana, casas de veraneo, abultados saldos en cuentas en el extranjero, y el pueblo más pobre.

Y de la pobreza del pueblo se trata. ¿A dónde puede llegar un pueblo sin tener una vivienda digna, sin trabajo, sin poder comprar alimentos, sin educación, sin sistema sanitario?

En la Argentina los gobernantes se presentan como cristianos jurando sobre los santos Evangelios, por ello deseo transcribir una carta abierta enviada por monseñor Miguel Hesayne, obispo emérito de Viedma, al Dr. Eduardo Duhalde, que fue publicada por el periódico Página 12 el 22 de febrero de 2002, la cual cito textualmente.

“Dr. Eduardo Duhalde, de mi cristiana estima: Le escribo como siempre le he escrito a gobernantes de nuestro país que se presentan como “cristianos” jurando sobre los Santos Evangelios.

El Evangelio del Señor Jesús no es un manual de política, ni de economía, ni de cultura, ni de orden social y menos de gobernabilidad. Pero, quien jura por el Evangelio, jura por sus valores éticos y se compromete hasta a dar la vida personal –dado el caso– en el cumplimiento de las coordenadas esenciales del mensaje cristiano: búsqueda de la verdad, defensa de la libertad, cumplimiento de la justicia desde un real amor solidario. Si falta una de estas cuatro, se viola el juramento.

Sr. Presidente de la Nación, Ud. desde el primer día prometió al pueblo argentino erradicar la corrupción generalizada. Y la corrupción tiene nombre y apellido. Y los corruptos siguen “premiados” con el dinero que han robado al pueblo argentino.

Por eso, su Gobierno no hace la verdad y ni defiende la libertad. La generalidad del pueblo argentino sigue oprimida por el hambre, la falta de medicamentos indispensables y atención médica, y de un techo digno mientras los responsables de la “miseria argentina” gozan hasta de un irritante bienestar. No es por venganza sino por elemental justicia que se los ha de juzgar y el pueblo debe saber la verdad. “La verdad los hará libres”, enseña Jesús. Su Gobierno tampoco cumple con la justicia porque persiste la inequidad que se instaló desde noviembre del 76 y se agudizó en forma cruel en la década del 90, no obstante el reclamo hasta en la voz del Papa Juan Pablo II hablando a nuestros embajadores y al Episcopado Argentino. Por eso, no hay un real amor solidario para con los más pobres, postergados y excluidos. Con la “caridad limosnera” o “ayuda social” no se cumple con la justicia social. El primer derecho de un hombre o de una mujer es el trabajo dignamente remunerado. Es cierto que al hambriento hay que darle pan, pero al mismo tiempo como es persona humana hay que darle, de inmediato, un horizonte de recuperación de su derecho al trabajo. Van a ser 26 años que vengo escuchando la promesa de que, una vez arregladas las grandes finanzas y pagadas las deudas del Estado, se va a encarar la solución del problema social en forma digna. Se lo oí al ministro Martínez de Hoz en noviembre de 1976, en el aula episcopal pidiendo –paciencia– a los obispos. Y ahora se escucha de Ud. y colaboradores, que se tenga paciencia. Los realmente pobres y excluidos de la Argentina de hoy siguen esperando engañados y ya muchos desesperanzados son caldo de cultivo de la violencia engendrada por la injusticia social reinante. Y otros muchos ya han tenido la sentencia de muerte prematura que dictan las medidas sin equidad social. Armese de coraje y coherencia evangélica: opte de verdad por los más pobres y excluidos, exigiendo con todo derecho a los que más poseen todo lo necesario para restablecer la equidad social. Esta coherencia y este coraje se le exige a quien jura por los Santos Evangelios. Si no le es posible, renuncie a gobernar o renuncie a ser cristiano. La Iglesia Católica, en la Argentina, está desnaturalizada por culpa de muchos católicos sin compromiso evangélico. Son los del cumplimiento, con actos piadosos vaciados del contenido del amor solidario que es real cuando pasa por la justicia social y en libertad.

Rogando por Ud. y colaboradores para que escuchen al Señor de la Historia en el clamor de los pobres, presento mis más respetuosos saludos”.

El autor es consultor

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