Políticos ricos, pueblo pobre
“Esta coherencia y este
coraje se le exige a quien jura por los Santos Evangelios. Si no
le es posible, renuncie a gobernar orenuncie a ser cristiano”
Norberto Gallo Picasso
ngallopicasso@yahoo.com.ar
Cuando llegué a Panamá, la gente que fui
conociendo siempre me hacía la misma pregunta: “¿cómo puede ser
que un país tan rico como la Argentina esté en la situación que
está?”, y mi respuesta siempre era la misma: “los políticos corruptos”.
El drama en la Argentina, para sus habitantes, ha ido creciendo
hasta llegar a la situación de estos días.
Para poder entenderlo mejor, hagamos un poco
de historia y retrocedamos a marzo de 1976, momento en que es derrocado
el gobierno constitucional, ya que para los militares del “proceso
de reorganización nacional” que dieron el golpe, la situación era
“insostenible”. Luego de macabros siete años de gobierno militar,
el saldo que dejaron fue: 30 mil desaparecidos, la deuda externa
multiplicada por seis, una absurda guerra perdida con los ingleses
y el pueblo más pobre. A partir de 1983, con la llegada de los gobiernos
democráticos, se pensó que la situación iba a cambiar y el país
despegaría, pero lamentablemente no fue así, pues se presentaron
en escena nuevamente los políticos corruptos.
Vale la pena hacer un pequeño balance de la
gestión de los presidentes Alfonsín, Menem, De La Rúa, Puerta, Rodríguez
Saa, Camaño, Duhalde y sus ministros y funcionarios de turno, en
los últimos 18 años y ver qué le dejaron a la gente: promesas de
campañas electorales incumplidas, inflación, saqueos, convertibilidad,
recesión, confiscación de los ahorros (Plan Bonex, “corralito”,
etc.), pérdida del patrimonio nacional a través de perversas privatizaciones
a manos de empresas multinacionales que sí saben hacer muy bien
sus negocios; tres veces y media más de deuda externa, contrabando
de pólvora y de armas, ausencia de justicia, jubilaciones y pensiones
miserables, desempleo, inseguridad, quiebra de empresas, cierre
de negocios, suicidios, cacerolazos, represión, muerte, devaluación,
políticos ricos con suntuosas viviendas, autos importados, quintas
de fin de semana, casas de veraneo, abultados saldos en cuentas
en el extranjero, y el pueblo más pobre.
Y de la pobreza del pueblo se trata. ¿A dónde
puede llegar un pueblo sin tener una vivienda digna, sin trabajo,
sin poder comprar alimentos, sin educación, sin sistema sanitario?
En la Argentina los gobernantes se presentan
como cristianos jurando sobre los santos Evangelios, por ello deseo
transcribir una carta abierta enviada por monseñor Miguel Hesayne,
obispo emérito de Viedma, al Dr. Eduardo Duhalde, que fue publicada
por el periódico Página 12 el 22 de febrero de 2002, la cual cito
textualmente.
“Dr. Eduardo Duhalde, de mi cristiana estima:
Le escribo como siempre le he escrito a gobernantes de nuestro país
que se presentan como “cristianos” jurando sobre los Santos Evangelios.
El Evangelio del Señor Jesús no es un manual
de política, ni de economía, ni de cultura, ni de orden social y
menos de gobernabilidad. Pero, quien jura por el Evangelio, jura
por sus valores éticos y se compromete hasta a dar la vida personal
–dado el caso– en el cumplimiento de las coordenadas esenciales
del mensaje cristiano: búsqueda de la verdad, defensa de la libertad,
cumplimiento de la justicia desde un real amor solidario. Si falta
una de estas cuatro, se viola el juramento.
Sr. Presidente de la Nación, Ud. desde el
primer día prometió al pueblo argentino erradicar la corrupción
generalizada. Y la corrupción tiene nombre y apellido. Y los corruptos
siguen “premiados” con el dinero que han robado al pueblo argentino.
Por eso, su Gobierno no hace la verdad y
ni defiende la libertad. La generalidad del pueblo argentino sigue
oprimida por el hambre, la falta de medicamentos indispensables
y atención médica, y de un techo digno mientras los responsables
de la “miseria argentina” gozan hasta de un irritante bienestar.
No es por venganza sino por elemental justicia que se los ha de
juzgar y el pueblo debe saber la verdad. “La verdad los hará libres”,
enseña Jesús. Su Gobierno tampoco cumple con la justicia porque
persiste la inequidad que se instaló desde noviembre del 76 y se
agudizó en forma cruel en la década del 90, no obstante el reclamo
hasta en la voz del Papa Juan Pablo II hablando a nuestros embajadores
y al Episcopado Argentino. Por eso, no hay un real amor solidario
para con los más pobres, postergados y excluidos. Con la “caridad
limosnera” o “ayuda social” no se cumple con la justicia social.
El primer derecho de un hombre o de una mujer es el trabajo dignamente
remunerado. Es cierto que al hambriento hay que darle pan, pero
al mismo tiempo como es persona humana hay que darle, de inmediato,
un horizonte de recuperación de su derecho al trabajo. Van a ser
26 años que vengo escuchando la promesa de que, una vez arregladas
las grandes finanzas y pagadas las deudas del Estado, se va a encarar
la solución del problema social en forma digna. Se lo oí al ministro
Martínez de Hoz en noviembre de 1976, en el aula episcopal pidiendo
–paciencia– a los obispos. Y ahora se escucha de Ud. y colaboradores,
que se tenga paciencia. Los realmente pobres y excluidos de la Argentina
de hoy siguen esperando engañados y ya muchos desesperanzados son
caldo de cultivo de la violencia engendrada por la injusticia social
reinante. Y otros muchos ya han tenido la sentencia de muerte prematura
que dictan las medidas sin equidad social. Armese de coraje y coherencia
evangélica: opte de verdad por los más pobres y excluidos, exigiendo
con todo derecho a los que más poseen todo lo necesario para restablecer
la equidad social. Esta coherencia y este coraje se le exige a quien
jura por los Santos Evangelios. Si no le es posible, renuncie a
gobernar o renuncie a ser cristiano. La Iglesia Católica, en la
Argentina, está desnaturalizada por culpa de muchos católicos sin
compromiso evangélico. Son los del cumplimiento, con actos piadosos
vaciados del contenido del amor solidario que es real cuando pasa
por la justicia social y en libertad.
Rogando por Ud. y colaboradores para que
escuchen al Señor de la Historia en el clamor de los pobres, presento
mis más respetuosos saludos”.
El autor es consultor
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