Colón, una plaza privilegiada
Hay un ambiente muy bueno para la presentación del campeón mundial supermosca Pedro Alcázar en la costa atlántica, el próximo viernes 19 de abril. Y no solo hay gran expectativa porque será la primera vez que un monarca en ejercicio actúe en Colón, sino porque en la cartelera verán acción buena parte de lo mejorcito del patio.
Colón tuvo unos cinco o seis lugares exclusivos y de mucho renombre entre las décadas del 40 y 60, en los que se organizaron combates con púgiles que llegaron a ser monarcas universales o que ya lo habían sido. Después en la Arena Panamá Al Brown, conocida anteriormente como Arena de Colón, se programaron otros en los que incluso participaron boxeadores nuestros que alcanzaron un cetro mundial, pero nunca pudo concretarse un pleito, ni siquiera de preparación, en el que estuvieran involucrados estos muchachos en su momento de gloria.
Según el historiador Luis Morales, esto ha sido un raro fenómeno, porque desde la década del 10 en Colón residieron púgiles de gran nivel mundial, incluyendo los que participaron en la disputa del título pesado de color, entre ellos Harry Wills, quien ganó dicho cetro pero jamás fue reconocido. No obstante, ninguno llegó a pelear en Colón.
Pero Morales se va un poco más atrás. En 1908 se presentó en la Plaza de Toro de Colón, Jack Everhardt ante Ben Armstrong por el título pesado del Istmo.
Everhardt en 1896 había peleado con George Kid Lavigne, por el título mundial ligero en Nueva York. Everhardt fue por mucho tiempo el púgil de mayor prestancia que se presentara en Colón.
En los años 50, estuvieron en la costa atlántica los estadounidenses Davey Moore y Joe Brown, quienes llegaron a ser monarcas mundiales en las categorías pluma y ligero, respectivamente. El primero en ver acción fue Brown, quien entre junio de 1954 y junio de 1955 peleó seis veces allá.
Catorce meses después, Brown alcanzó el cetro ligero de manos de Wallace Bud Smith. Joe volvió a Colón, el 21 de junio de 1964, para medirse al ídolo colonense Esteban Santamaría, pero ya no ostentaba el cetro.
En cuanto a Moore, otro famosísimo púgil que peleó en suelo colonense, tuvo acción en los meses de marzo y mayo de 1955 ante Isidro Martínez, primero, y Pedro Tesis, después. Cuando esto ocurrió, el norteamericano aún no era campeón.
En los años 60 también estuvo por Colón el cubano Ultiminio Sugar Ramos. Este se enfrentó al hermano de Esteban, Jesús Santamaría, el 28 de agosto de 1960. Tres años después el cubano llegó a ser monarca mundial.
Esto es, a vuelo de pájaro, detalles sobre la gran plaza que era Colón en aquellos tiempos, pero que nunca tuvo la suerte de ver en acción a un monarca con la corona en la testa.
Y en ese renglón también debemos incluir a los 20 ó 21 campeones que hemos tenido, ya que salvo Eusebio Pedroza y Jorge Luján todos los demás actuaron en Colón; algunos iniciaban su carrera, otros ya habían perdido el título o estaban en el final de su vida pugilística.
Nicolás Espinosa S.
nespinos@prensa.com
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