Panamá, 5 de abril de 2002
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Corrupción… ¿a favor, o en contra?

No se puede hablar de honradez en la función pública y tener nombrada a toda la familia, por más que todos sus miembros hayan trabajado en la campaña

I. Roberto Eisenmann, Jr.

A quien lea el título de este artículo le parecerá curioso o quizás insólito: “después de todo –se preguntará– ¿quién podría estar a favor de la corrupción más que los ladrones integrales?”. La realidad es que, aun estos –estando a favor– jamás lo admitirán.

Los años van enseñándole a uno que las conclusiones contundentes (blancas o negras) de nuestra juventud se convierten en muchos casos en matices de grises; pero hay algunos temas en los que los grises (las medias tintas) no son para nada válidos. Por ejemplo: en lo de la maternidad, es popular el dicho que una mujer no puede estar medio encinta: o se está embarazada o no se está. Igual ocurre con la corrupción: no se puede ser medio corrupto, ni parcialmente corrupto, ni un poquito corrupto, ni corrupto en cosas pequeñas pero no en las grandes.

No se puede ofrecer coima a un policía para evitar una boleta y al mismo tiempo criticar a los coimeros del CEMIS.

No se puede recibir un sobre con dinero para supuesta “publicidad” en un programa de radio, y luego despotricar contra los legisladores que reciben sobres llenos de plata.

No se puede pagar una “comisión” o coima para sacar un cheque que le debe el Gobierno, y quejarse de los corruptos.

No se puede ir a una licitación con dos sociedades anónimas distintas, pero de un mismo dueño encubierto y, tomando tragos esa noche, desgarrarse las vestiduras cuando se refiere a los políticos corruptos.

No se puede hablar de honradez en la función pública y tener nombrada a toda la familia, por más que todos sus miembros hayan trabajado en la campaña.

No se puede hablar de cambio y, ante las críticas éticas, decir “los otros también lo hacían”.

No se puede pagar coimas para lograr permisos de construcción y/o de ocupación, y criticar a los gobernantes corruptos.

No se puede ignorar y encubrir obvios conflictos de interés en las contrataciones públicas y privadas, a la vez que se grita a voz en cuello que el Gobierno está lleno de ladrones.

No se puede criticar la corrupción nombrando una Comisión Anticorrupción, y luego ignorar sus recomendaciones.

No se puede pactar políticamente con maleantes conocidos y hablar de ética en la cosa pública.

No se puede diseñar códigos de ética públicos y privados, y entonces, cuando se violan, mirar hacia el espacio y no hacer nada.

No se puede estar a favor de la transparencia y a la vez negarla, alegando que la ley necesita reglamentación.

En conclusión: estar en contra de la corrupción es mucho más que decir que estamos en contra; es ajustar nuestra conducta a una ética de integridad total, no pretender una de integridad a medias. No hay “medio encinta”… igual no hay “medio corruptos o medio honrados”.

Por eso, o se está 100% en contra de la corrupción con una conducta sin tacha, o –desafortunadamente– aun cuando se niegue, se está a favor de ella. Así, preguntémonos: ¿está el Gobierno a favor o en contra?; la oposición está, ¿a favor o en contra?; la empresa privada está, ¿a favor o en contra?; la sociedad civil está, ¿a favor o en contra? Y usted y yo estamos… ¿a favor o en contra?

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana



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