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Reflexionar
De la reflexión a las sugerencias
y de ahí a la acción certera hay un camino que es
deber humano y cívico ante la comunidad a la cual se pertenece.
HERASTO REYES
hreyes@prensa.com
No
hay dudas de que la reflexión sobre los hechos, fenómenos
y comportamientos contribuye al análisis de los mismos. De
esa reflexión se pueden sacar sugerencias de gran valía.
Antes que la condena, se puede llegar con ella a evaluar los errores
y enmendarlos o se marca algún camino para un mejor conocimiento
y un mayor entendimiento comunitario.
Las cartas sobre el caso de Rubén Rivera y la que habla
de la necesidad de aprender un segundo idioma con métodos
pedagógicos adecuados, son una muestra de esas reflexiones
que las personas comunes y corrientes podemos hacer cotidianamente.
El pensar, la búsqueda de las razones y el afianzamiento
de las sugerencias son tareas cívicas que no se pueden descuidar.
Es sabido que hay intereses, principalmente económicos, que
buscan y persiguen que el común de la población viva
en silencio, no piense (total si viven bien entre el
guaro y la pachanga), sea individualista y se olvide de la comunidad
a la cual pertenece.
Las cartas que hoy se publican hablan de esas cosas que se pueden
hacer para el propio bien, el bien de la comunidad y de la sociedad
en general.
Debo informar de que durante el mes de abril estaré de vacaciones.
Las compañeras Nubia Aparicio y Vielka Franceschi atenderán
la difusión de las cartas.
Cartas y comentarios
Observaciones oportunas
20 de marzo del 2002
Desde que se dio a conocer la noticia sobre el infortunio de Rubén
Rivera, mi primera reacción fue de vergüenza, pero luego
de la entrevista que le hizo el Canal 13 de televisión vía
telefónica, y escuchar de su propia voz las razones, justificaciones
y hasta percibir que efectivamente el muchacho está pasando
por muy malos momentos y tanto el arrepentimiento como la vergüenza
lo invaden, no he dejado de pensar en él con pesar y podría
decir que hasta con lástima. Si bien Rubén Rivera
cometió un error reprochable que viste de gris a nuestro
país a nivel internacional, soy una convencida de que su
tentación, esos dos minutos de error, dos minutos de
no pensar, no son más que la nefasta influencia de
la cultura del juega vivo que tanto está perjudicando
a nuestro país y a nuestra juventud.
Muchos se han preguntado que cómo es posible que por 2 mil
y tantos dólares se arriesgara a perder un millón
y más, mucho más. Pienso que lo que llevó a
Rubén a actuar de semejante manera, no es otra cosa que el
haberse dejado arrastrar por las tendencias negativas que tenemos
todos a perder nuestra voluntad, a perder nuestro autodominio. También
estoy segura de que mucha culpa la tiene la sociedad corrupta en
la que vivimos, que lo único que le ha enseñado a
nuestros jóvenes, de todos los estratos sociales (porque
en este país hurtan y roban los incultos y los intelectuales),
es que el juega vivo paga, porque te haces rico o millonario
con dineros mal habidos y vives en la impunidad feliz de la vida.
Frente a tan malos ejemplos que recibimos diariamente y tan escandalosos,
como el más reciente (CEMIS/ magistrados/legisladores), no
es fácil para los espectadores diarios mantener un temple
de honradez y menos cuando se siente que se puede comprometer la
seguridad que disfrutamos. Por otra parte, la sociedad está
tan enferma que la honradez muchas veces es catalogada como un mal
de tontos, te cierra las puertas a muchas oportunidades, porque
quienes están corrompidos piensan que tener a su lado a una
persona honrada es tener un mal aliado, ya que no colaborará
en las malas prácticas, no será sobornable y, peor
aún, no habrá forma de chantajearle.
Rubén Rivera seguro está pasando momentos muy malos,
pero puedo asegurar que si ha aprendido la lección, esta
lo fortalecerá y saldrá adelante, y su ejemplo más
que de servir de crítica negativa, debe llevarnos a reflexionar
que la cultura del juega vivo no puede seguir plagando
nuestra sociedad ni a nuestros jóvenes, que hay que ponerle
un alto y la mejor manera de hacerlo es erradicando la impunidad
y sembrando la semilla de la honradez nuevamente en los panameños.
Miren hasta dónde la cultura del juega vivo
ha dañado a nuestra sociedad, y eso que le ha pasado a Rubén
Rivera pasa todos los días en nuestro país con profesionales,
empleados (públicos o privados), que pierden sus puestos
de trabajo por la tentación de llevarse una o dos resmas
de papel, una caja de lápices, cinco galones de gasolina,
una computadora portátil, etc.; artículos que la mayor
parte de las veces tienen un precio muy inferior al salario que
reciben, pero que ponen en duda la honradez de la persona a quién
se los encuentran o que luego se descubre que los hurtó.
Lo que ha pasado a Rubén debe servir de ejemplo tanto a los
trabajadores que tienen la mala práctica de llevarse cosas
de sus trabajos que no les pertenecen, como también a aquellos
empresarios que son muy dados a jugarle vivo a sus trabajadores
al pensar que estos no se dan cuenta. Finalmente, es la falta de
honradez, valores, etc., lo que está dañando la sociedad.
Por allí alguien escribió que esto existe desde los
tiempos de Adán y Eva, eso es cierto, pero también
es cierto que un niño, hace dos mil años, nació
en Belén y a los 33 años murió en una cruz
para darnos un ejemplo de rectitud.
Cristela de Arosemena.
La comunidad puede buscar soluciones
propias
31 de marzo del 2002
Creo que también es nuestra responsabilidad hacerle sentir
a la comunidad, que muchas veces ella tiene parte de la solución
de sus problemas en sus manos, solamente basta organizarse. Por
ejemplo: el gran problema de la basura; la comunidad tiene que tomar
conciencia de que también es su compromiso no producir tanta
basura, que debe enriquecerse al reutilizar antes de botar y buscarle
muchos usos a las cosas, o buscar quien las puede aprovechar antes
de botar.
Sugiero que alguien escriba un artículo sobre las instituciones
que necesitan apoyo, como Hogares Crea, Nutre-Hogar, Los niños
de Darién, etc, sus direcciones, teléfonos y cuáles
son las cosas que más necesitan. Sobre todo informar cuáles
de estas instituciones pasan a recoger lo que se les quiera regalar.
Gladys Segura (educadora).
Sobre el uso del lenguaje
30 de marzo del 2002
Tal vez el Defensor del Lector pudiera explicarme algunas cosas
relacionadas con el Manual de Estilo de La Prensa, y que no logro
comprender aún.
Sin ser profesor de español, aunque sí muy respetuoso
de esta lengua, hay cosas que saltan a la vista, como en la edición
del sábado, 30 de marzo; le enumero solo algunas:
1. ¿Por qué policía nacional,
a pesar de ser el nombre propio de una institución del país,
lo escriben con minúscula (dos veces en la noticia sobre
el gobernador Ellington)? Cualquier respuesta favorable a esa postura,
por favor, relaciónela con la noticia sobre Arafat, en donde
Ejército de Israel sí está en mayúscula,
así como Policía Preventiva (la de Arafat).
¿Cuestión de jerarquías? Espero que no.
2. En ese mismo sentido, ¿por qué CNN se escribe
con negrita, mientras que no se hace lo mismo con ANP y CAT, que
aparecen en esta misma primera plana? ¿Otra vez cuestión
de jerarquías? De nuevo espero que no, porque bastante que
nos dijeron en la escuela y en la Universidad que ese no era el
fin de las letras negritas, ni el de las mayúsculas.
3. ¿Por qué comarca Ngöbe Buglé
se escribe con ese régimen de mayúsculas, si los gentilicios
o los nombres de las nacionalidades no van en mayúscula y
si fuera por la denominación comarcal en función de
nombre propio entonces toda la frase debería llevarla?
4. Y con respecto a la edición del jueves 28 (no tengo la
referencia exacta a mano) ¿por qué implementado
merece un (sic) al lado, si es una palabra que hace
rato aparece en el diccionario con la acepción de poner
en marcha, ejecutar?
Disculpe estas preguntas, que no tienen el ánimo de molestar,
sino que responden a mi perplejidad ante estos usos en un diario
que siempre he estimado como el más pulcro en cuestiones
idiomáticas, y el de mayor capacidad para ejercer docencia
entre sus lectores.
Joaquín Agrazales
Ciertamente los comentarios vertidos por Agrazales son válidos
y ubican fallas que reconocemos. Solo hago una pequeña observación:
en ningún caso se ha usado una u otra tipografía o
denominación por razones de jerarquía.
Do you speak english?
21 de marzo del 2002
Comunicarse en un segundo idioma, ya sea oral o escrito, se ha
convertido en una necesidad para todos los profesionales de nuestro
país. No nos extraña ver anuncios de puestos de trabajo
(desde domésticas hasta altos cargos de gerencia) que solicitan
personas que hablen inglés, principalmente. Es por eso por
lo que después de analizar la gráfica aparecida en
el artículo Comercio electrónico en Panamá
del suplemento Martes Financiero (La Prensa, 26 de marzo del 2002)
siento la necesidad de expresar mi preocupación como docente
de esta muy importante área del currículo académico.
Si vemos que hay 65% (un porcentaje elevadísimo) de estudiantes
graduandos de secundaria con conocimiento bajo-medio del inglés,
seguramente nos preguntamos: ¿Qué pasa en esos seis
años de secundaria que no son aprovechados debidamente? El
problema no está en la escuela secundaria solamente, hay
que ver qué sucede en la escuela primaria también.
Se han preguntado alguna vez: ¿cuántas escuelas públicas
enseñan inglés desde el pre-escolar? Si es así,
¿se aplican las metodologías correctas para este nivel?
No podemos dejar de lado el hecho que muchos de nuestros estudiantes
de primaria se gradúan sin haber dado una sola clase de inglés.
Sin embargo, sabemos que la adquisición de un nuevo idioma
se facilita cuando al niño o a la niña de edad preescolar
se le proporcionan prácticas fonéticas y semánticas
que vayan construyendo su expresión oral. Hay que aprovechar
el hecho de que el alumno preescolar no teme expresarse en otro
idioma. El estudiante adolescente o adulto sí experimenta
dudas, temores y conciencia social (vergüenza) cuando comete
errores. Por consiguiente, hay una imperiosa necesidad de tener
una sólida formación del inglés oral y escrito
en el nivel primario y así realizar una mejor labor en la
secundaria.
Para que lleguemos a graduar estudiantes realmente capacitados
para comunicarse en inglés, se necesitan varios factores
de los cuales carecemos:
La implementación de la enseñanza del inglés
desde el nivel primario.
Una metodología apropiada para el nivel del conocimiento
del estudiante.
Material didáctico diseñado para promover la
conversación.
Condiciones adecuadas para facilitar la participación
activa del estudiante en el aula de clases (imposible hacerlo con
grupos que superan los 40 alumnos).
Continuidad en los programas y supervisión efectiva
en todos los niveles de la labor docente por parte de los estamentos
del Ministerio de Educación.
Si en la escuela primaria logramos formar estudiantes con dichas
habilidades comunicativas, para cuando lleguen al nivel secundario,
tendríamos que prepararlos para los aspectos más formales
del idioma, como serían redacción, debates y lectura
comprensiva (intensa y extensa) para generar pensamiento activo
y constructivo.
También nos lleva a la reflexión qué hacer
con el producto presente que no sabe inglés. La gran mayoría
de estos estudiantes llega a las aulas de la Universidad de Panamá
en donde, por lo general, caemos en el círculo de volver
a enseñar lo más básico del inglés,
cuando esta no debe ser la misión de la educación
universitaria en esta materia. Se debe reestructurar todo el engranaje
educativo universitario en esta área también. La aplicación
de pruebas de admisión en inglés para todas las carreras
es una prioridad. No podemos seguir pensando que podemos enseñar
inglés técnico si el estudiante no domina ni el más
básico. Además hay que crear conciencia en nuestra
población estudiantil de que el inglés no es una materia
más que hay que aprobar, ya que es una herramienta que abre
muchas puertas y debe de tomarse seriamente.
Sabemos que reestructurar y aplicar nuevas medidas, planes y proyectos
es una labor titánica y compleja tanto para el Ministerio
de Educación como para la Universidad de Panamá. Sin
embargo, no se puede postergar una solución urgente a la
problemática de la enseñanza del inglés para
el bien de nuestros futuros egresados del nivel medio.
Amarilis A. Montero G. (Docente universitaria.
Universidad de Panamá)
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