Panamá, 29 de marzo de 2002
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Ring Side

El adiós definitivo

Nicolás Espinosa s.
nespinos@prensa.com

Y llegó la hora del adiós definitivo. El ex campeón mundial Roberto Mano de Piedra Durán dio a conocer sus intenciones de colgar para siempre los guantes, y por ello hará una actividad apoteósica en el estadio Rommel Fernández en junio próximo, mes de su onomástico.

Ya son 50 años y pronto serán 51 los que marca su andar por el mundo, muchos más de los adecuados para seguir en la refriega, y tal vez hubiera seguido empecinado en continuar si no es por el accidente de tránsito que le ocurrió el año pasado en Buenos Aires, Argentina.

"Yo dije que quería morir arriba del ring, pero Dios me mandó un aviso'', dijo Durán la tarde del lunes. "Fue un aviso de Dios... no te quiero muerto te quiero vivo. Tú vivo vas a hacer muchas cosas más'', aseveró.

Los fanáticos acérrimos del cholo panameño han tenido que esperar 20 años completos para escucharlo decir que se retira definitivamente. Y decimos que 20 años porque desde el 25 de noviembre de 1980, cuando Durán decidió no seguir peleando con Sugar Ray Leonard en New Orleans, sus fieles seguidores han esperado ese pronunciamiento.

Pero después de ello ocurrieron muchas cosas más en la vida pugilística del boxeador más grande que haya dado Panamá. Algunas que lo engrandecieron más y lo pusieron en el sitial de los inmortales, y otras que lo ubicaron en su justa dimensión, como otro ser humano cualquiera.

Después de esa primera vez que por su mente cruzara la intención de retirarse, aquella amarga noche de noviembre del 80, hubo muchas noches de fiestas como la que se dio después de la victoria ante Davey Moore, y alcanzó la faja superwelter de la AMB en 1983, o la que se hiciera una vez concluyó la refriega con Iran Barkley, a quien le arrebató la corona mediana del Consejo en 1989.

En efecto, las páginas escritas por Roberto Durán son muchas, como muchas fueron las lágrimas derramadas por sus seguidores cuando cayó dramáticamente frente a Tommy Hearns o cuando fue prácticamente vapuleado por el mediocre William Joppy.

Pero ya todo esto quedó atrás. El indetenible tiempo se unió a una circunstancia inesperada, para decirle “hasta aquí” al ex cuatro veces o cinco veces (como usted prefiera) campeón mundial de boxeo.

Para un hombre que ha respirado boxeo toda su vida, para quien entrar al desaparecido gimnasio de El Marañón y luego al Rodrigo Colón Sánchez era como hacerlo a la sala de su casa, las cosas a partir de ahora no serán fáciles.

Acostumbrado a los aplausos del público, al mimo de los medios de comunicación, Roberto Durán abrirá una nueva faceta en su vida, en la que espera “cuajar” como lo hiciera en el negocio de las narices chatas y oreja de coliflor.

Roberto Durán no puede quejarse, ya que a pesar de todas las peripecias que ha tenido que pasar en una actividad tan dura como la del boxeo, está sano y en sus cinco sentidos para poder contarlo.




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