Ring
Side
El adiós definitivo
Nicolás Espinosa s.
nespinos@prensa.com
Y llegó la hora del adiós definitivo.
El ex campeón mundial Roberto Mano de Piedra Durán
dio a conocer sus intenciones de colgar para siempre los guantes,
y por ello hará una actividad apoteósica en el estadio
Rommel Fernández en junio próximo, mes de su onomástico.
Ya son 50 años y pronto serán 51 los que marca su
andar por el mundo, muchos más de los adecuados para seguir
en la refriega, y tal vez hubiera seguido empecinado en continuar
si no es por el accidente de tránsito que le ocurrió
el año pasado en Buenos Aires, Argentina.
"Yo dije que quería morir arriba del ring, pero Dios
me mandó un aviso'', dijo Durán la tarde del lunes.
"Fue un aviso de Dios... no te quiero muerto te quiero vivo.
Tú vivo vas a hacer muchas cosas más'', aseveró.
Los fanáticos acérrimos del cholo panameño
han tenido que esperar 20 años completos para escucharlo
decir que se retira definitivamente. Y decimos que 20 años
porque desde el 25 de noviembre de 1980, cuando Durán decidió
no seguir peleando con Sugar Ray Leonard en New Orleans, sus fieles
seguidores han esperado ese pronunciamiento.
Pero después de ello ocurrieron muchas cosas más
en la vida pugilística del boxeador más grande que
haya dado Panamá. Algunas que lo engrandecieron más
y lo pusieron en el sitial de los inmortales, y otras que lo ubicaron
en su justa dimensión, como otro ser humano cualquiera.
Después de esa primera vez que por su mente cruzara la intención
de retirarse, aquella amarga noche de noviembre del 80, hubo muchas
noches de fiestas como la que se dio después de la victoria
ante Davey Moore, y alcanzó la faja superwelter de la AMB
en 1983, o la que se hiciera una vez concluyó la refriega
con Iran Barkley, a quien le arrebató la corona mediana del
Consejo en 1989.
En efecto, las páginas escritas por Roberto Durán
son muchas, como muchas fueron las lágrimas derramadas por
sus seguidores cuando cayó dramáticamente frente a
Tommy Hearns o cuando fue prácticamente vapuleado por el
mediocre William Joppy.
Pero ya todo esto quedó atrás. El indetenible tiempo
se unió a una circunstancia inesperada, para decirle hasta
aquí al ex cuatro veces o cinco veces (como usted prefiera)
campeón mundial de boxeo.
Para un hombre que ha respirado boxeo toda su vida, para quien
entrar al desaparecido gimnasio de El Marañón y luego
al Rodrigo Colón Sánchez era como hacerlo a la sala
de su casa, las cosas a partir de ahora no serán fáciles.
Acostumbrado a los aplausos del público, al mimo de los
medios de comunicación, Roberto Durán abrirá
una nueva faceta en su vida, en la que espera cuajar
como lo hiciera en el negocio de las narices chatas y oreja de coliflor.
Roberto Durán no puede quejarse, ya que a pesar de todas
las peripecias que ha tenido que pasar en una actividad tan dura
como la del boxeo, está sano y en sus cinco sentidos para
poder contarlo.
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