Ciudadanos centinelas
El momento de corregir el rumbo institucional es ahora. Podemos estar hoy en uno de los últimos momentos racionales
I. Roberto Eisenmann, Jr.
La cadena humana que se dio hace unos días en la Avenida Balboa fue un magnífico inicio de actividades de los ciudadanos centinelas comprometidos en presionar para lograr la moralidad en nuestra Nación.
En el campo negativo: Partidos que aprovechando, con su acostumbrado enanismo, la aglomeración de gente, repartían hojas proselitistas (Partido Popular y Partido del Pueblo), creando el rechazo de la ciudadanía que estaba allí con un objetivo grande.
Pero lo positivo fue ver cómo ciudadanos de todos los sectores sociales se volvían a ver en la calle con un objetivo superior, con vigor, con entusiasmo y compromiso. Además, pasaban carros, buses –y muchos taxis– que decían “presente” pitando y saludando en señal de apoyo.
Los mensajes que enviaban los ciudadanos eran claros:
1. “En esta ocasión no vamos a olvidar. Ni los carnavales ni las visitas de presidentes ni la próxima Semana Santa harán que regresemos con amnesia a nuestra vida cotidiana”.
2. “En esta vuelta, señores de la Procuraduría, no toleraremos la impunidad frente a hechos corruptos claramente comprobados. Para la ciudadanía no valdrán las leguleyadas. Hay corruptores y corruptos claramente establecidos, que tendrán que pagar por sus actos. El ‘aquí no pasará nada’ ya no es aceptable ni tolerable”.
“La Nación… el Estado… están por encima de los partidismos. Aun cuando unos puedan pensar que el problema corresponde mayormente a un partido, se equivocan. Nadie en su sano juicio cree que los corruptores repartieron billetes a diestro y siniestro –a oposición, grupos sindicales y populares– dejando limpiecitos a los de Gobierno”. “Por eso es que está tan deteriorada la credibilidad de los tres órganos del Estado y de todos los partidos políticos”.
4. “Estamos, como Nación, enfrentando una situación muy peligrosa. Si bien es cierto que Panamá no es Perú ni Venezuela ni Argentina, hay ingredientes de todas aquellas crisis que sí son comparables a lo que vivimos en Panamá. Las lecciones son muchas, y algunas claras son:
a. No se puede ignorar el problema de la corrupción pensando que se irá solo, o que la ciudadanía lo olvidará en la próxima fiesta.
b. Hay un vacío político. Los vacíos se llenan… y cualquier charlatán novedoso se puede levantar con el país, llevándonos a situaciones mucho peores (ejemplos: Fujimori, Chávez).
c. Los partidos que no afrontan con valiente autocrítica y acción purificadora real la crisis de hoy, están destinados a desaparecer muy pronto (¿dónde –por ejemplo– están hoy los partidos tradicionales de Venezuela y Perú?).
d. Hay que iniciar una reinstitucionalización del Estado que produzca a tiempo los cambios verdaderos que exige la ciudadanía. Debido a la credibilidad deteriorada de los tres órganos del Estado, la iniciativa tendrá que provenir de la ciudadanía independiente y contar con el apoyo de los partidos para bien de todo el sistema político democrático”.
Así es que a los políticos que demeritan la seriedad del problema, basándose en la participación física en esta primera actividad ciudadana, les sugiero que no se equivoquen. Si en la calle se llegara a las proporciones que se dieron en Argentina, ya sería muy tarde.
El momento de corregir el rumbo institucional es ahora. Podemos estar hoy en uno de los últimos momentos racionales.
Los ciudadanos centinelas no aflojarán y continuarán tomando las debidas iniciativas.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• Ciudadanos centinelas:
I. Roberto Eisenmann, Jr.
• El otro
lado de la historia: Carlos M . Arango Jr.
• Hablando de percepciones:
José Blandón Figueroa
• Gran cruzada por
el adecentamiento: Jorge Gamboa Arosemena
|