Panamá, 19 de marzo de 2002
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El buen docente

Wendy Tribaldos
wtribaldos@prensa.com

La semana pasada iniciamos un perfil del buen maestro, que concluimos con esta edición de Edutips:

El buen maestro:

Emplea una combinación de métodos de enseñanza para acomodar los estilos de aprendizaje de sus estudiantes. Implica presentar el material en diversos ángulos para facilitar conexiones y aplicaciones de lo que se aprende. Un buen maestro conoce y aplica combinaciones como, oratoria-discusión, simulaciones, aprendizaje cooperativo, medios visuales/auditivos/prácticos, invitados especiales, dramatizaciones, debates, y similares. Jamás usa sólo uno o dos métodos únicamente.

Es un buen actor. Uno de mis mejores maestros de universidad me dijo una vez que enseñar consistía en 1/3 conocer el material, y 2/3 saberlo presentar de forma entretenida. El buen maestro tiene vena de actor; entre otras cosas, debe modular con voz clara y a buen volumen y saber dramatizar las cosas en su momento.

Tiene un gran sentido de humor. Un docente efectivo sabe reír con sus estudiantes y utiliza el humor para fomentar el aprendizaje, nunca para alejarse de él o peor aún, para burlarse o ser cínico de sus estudiantes y del mundo en general. El maestro sombrío, que apenas sonríe y tiene expresión de pesadilla andante no pertenece a la categoría de buen maestro.

Sirve de guía para sus estudiantes. No los deja fracasar (no hablo de notas, sino en empeño) ni les ofrece ayuda prematura, sino más bien les permite a sus estudiantes aprender de sus errores y también ser dueños de su propio éxito. Un buen docente-guía regresa el trabajo de sus estudiantes con rapidez y con comentarios constructivos y está dispuesto a ofrecer su asistencia cuando se le necesita.

Mantiene un clima de seguridad intelectual. Esto es, permite que se aireen ideas opuestas sin miedo a la censura o a la retribución, tanto del propio maestro como de los demás estudiantes. Este maestro permite las opiniones sin olvidar distinguirlas con claridad de lo que es un hecho real.

Es un colaborador. No sólo de sus estudiantes, sino también de sus propios compañeros de trabajo. Comparte ideas y materiales con otros docentes, pide a los padres que se involucren y pide ayuda a sus compañeros cuando tiene un problema.

Enseña con el ejemplo. ¿Quiere que sus estudiantes muestren curiosidad por su materia? ¿Qué sean honestos? El buen maestro sabe que, de aceptar y modelar actitudes negativas, sus estudiantes tendrán la mejor excusa para aplicarlas ellos mismos.

Enseña el valor de preguntar. Preguntar no la típica pregunta memorística, sino la que provoca el pensamiento y la creatividad. Y permite que sus estudiantes pregunten a su vez, sin miedo a escuchar un “qué pregunta más tonta”, o “esto debías haberlo aprendido antes”.

Motiva a sus estudiantes positivamente, incorporando la mayor cantidad de motivadores que le sean posibles en el aula. Eso sí, motivadores positivos y no la motivación provocada por miedo al ridículo, al sacar notas bajas y otras similares tipo castigo.

Dice y aplica. Hasta las cosas tan concretas como enseñar que 1 + 1 es 2 se hacen abstractamente en demasiadas escuelas panameñas. Por otro lado, el buen maestro enseña un lápiz, lo coloca al lado de otro, y le dice a los niños “un lápiz más otro lápiz hacen dos lápices”. Las demostraciones prácticas relacionan los conceptos abstractos con situaciones concretas que ayudan a cimentar el conocimento firmemente en las mentes de los estudiantes.

Hace ejercicios válidos. El buen maestro hace exámenes y ejercicios pensando en el material básico, lo más importante, lo que quiere que sus estudiantes recuerden a largo plazo. No los hace pensando en ponérselas difíciles a los estudiantes, con trabas y preguntas eternas de contestar. Tampoco hace ejercicios tontos, demasiado fáciles para la mayoría de sus alumnos.

El maestro eficiente busca un punto medio, un balance; trata de incluir además, por lo menos una pregunta que diferencie a los estudiantes que piensan de verdad, del resto del grupo. ¡Esta es la verdadera diferencia entre un 5.0 y un 4.5! Por cierto, el buen maestro usa las notas como una herramienta para medir cuánto han aprendido sus estudiantes, y no como un instrumento de reconocimiento y/o castigo.

No duda en disciplinar cuando la ocasión lo amerita, pero lo hace callada y dignamente. No ridiculiza a los estudiantes o es cruel con ellos. Además, no pierde su autocontrol.


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