Panamá, 19 de marzo de 2002
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Insensibilidad política en el país

Los políticos y la sociedad civil tienen el reto de luchar tenazmente para contener la contaminación moral que seha filtrado corrosivamente en nuestras estructuras gubernamentales

Clarence C. King

Los actos de corrupción que se reflejan en nuestra sociedad son un insulto a los pobres de este país y dice mucho de la ética, la moral y la sensibilidad de nuestros líderes.

Creo que la presidenta del país, los legisladores, magistrados, políticos y empresarios, deben reflexionar sobre la situación crítica, tanto política y económica, como social y de valores por la que atraviesa el país, y sobre el dolor y sufrimiento que las acciones de políticos insensibles pueden infligir a la nación. Estoy preocupado por la corrupción, el cinismo, la deshonestidad, el abuso de poder e incompetencia en los altos niveles de nuestra sociedad, y la falta de rectitud para asumir posiciones morales y éticas.

Cuando vemos esos actos corruptos en los distintos órganos del país, el estancamiento económico y político, y el continuo menosprecio de los políticos por la dignidad de los panameños, es a Panamá a la que reflejamos; es el olor de nuestra democracia y de nuestras instituciones el que sentimos.

De tal forma, los políticos y la sociedad civil tienen el reto de luchar tenazmente para contener la contaminación moral que se ha filtrado corrosivamente en nuestras estructuras gubernamentales y ha infectado todo el cuerpo nacional.

Mantenemos la esperanza de que nuestra juventud, junto con nuestra iglesia, a falta de fe en nuestros políticos, sea el antídoto a esa contaminación moral; y que a través de su despertar, su activismo político y el gran potencial moral que representan, puedan traer nuevamente a este país, políticamente trastornado, a sus sentidos.

Pero da tristeza advertir que mientras vemos naufragar la nave del Estado, inexplicablemente los legisladores y los partidos políticos, a quienes cobija, no han podido poner a un lado sus diferencias, sus peleas y ambiciones electoreras para ayudar a enderezar y reflotar la nave.

No han podido ver los signos de perturbación social y la urgencia de los cambios que reclama el país para su sobrevivencia. ¿Cómo es posible que mientras el país y sus habitantes agonizan, lo único que encuentran digno de hacer los legisladores para su provecho personal es desprestigiar el nombre del país y destruir con sus actos de corrupción lo poco de democracia que tenemos?

La mayoría de los legisladores han perdido su razón de ser y su perspectiva nacional para convertirse en meros predicadores de la discordia y la desunión.

Desafortunadamente la reacción de los políticos a la crítica constructiva usualmente es de forma personal y pasa por encima la posible validez de la crítica, y reduce luego un problema público a uno personal. Mientras la condición de los pobres en este país siga supeditada al ego de unos cuantos hombres y mujeres inseguros, no puede haber progreso ni desarrollo.

El autor es planificador jubilado


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