Panamá, 19 de marzo de 2002
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Mantengamos un pacto por la CSS

Que el Estado aporte más a la Caja de Seguro Social es necesario, pero que los empresarios y trabajadores no sigamos con la carga

Roberto Lombana

Recién comenzaba el Diálogo por la Caja de Seguro Social, hace unos seis meses, escribí un artículo que llevaba una propuesta en el sentido de que las partes sentadas a la mesa evitarían hasta donde fuera posible –antes y durante este proceso– emitir opiniones que los desviaran del sano propósito de conversar y construir.

Proponía en aquella ocasión, y ahora con más relevancia, se hiciera un pacto de solidaridad por la Caja de Seguro Social, un pacto que procure un periodo de gracia sin declaraciones de los actores y así impedir que, por algo mal dicho en el momento equivocado, se pueda echar al traste lo que mucho nos ha costado. Eso sí, sin desconocer los avances hechos en la mesa del diálogo bajo la conducción del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo–PNUD y como referencia técnica los estudios de la Organización Internacional del Trabajo–OIT, en cuya discusión participamos trabajadores, empresarios y Gobierno en el año 1998. Sobre todo ahora que ha sido presentada al pleno una revisión actualizada de aquel estudio.

La espera por este fue demorada desde diciembre y nadie lo conocía por no haber sido entregado, aun menos porque estaba en inglés, pero la administración hizo lo indecible por anularlo, no dio la oportunidad que los demás se enteraran de su contenido, partieron por delante. Tal fue la reacción, que hasta los políticos la usaron en función de su propia supervivencia, ya fuera con el pánico de un costo político o logrando una ganancia política. Parece que algunas tierras de las revertidas pasarán al patrimonio de la Caja de Seguro Social; bienvenidas sean porque ayudan, pero no son la solución, hay que dar un poco más.

No obstante, los intereses en juego son tantos, que es una mezcla amorfa de lo económico, lo político, lo financiero, lo laboral, el criterio personal y hasta de ideologías, aspectos que han logrado crear en la comunidad tal grado de confusión que no nos merecemos. Aclaraciones importantes deben ser hechas por voceros autorizados del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD, para que no se desvíen los informes sobre los avances que hasta este momento se tienen y que han sido muchos. Hay otros diálogos sobre temas económicos y educativos. Uno habla de pagar la deuda externa nacional con el Fondo Fiduciario, pero no veo que nadie proponga hasta el momento usar el Fondo Fiduciario para pagar la deuda que tiene el Estado con la Caja de Seguro Social. Créanme que es bastante dinero, sería lo más responsable y quedaría todo en el país para generar el deseado crecimiento económico que tanto pregonamos. El otro diálogo refuerza a los otros dos, en un excelente complemento para la inversión en capital humano, tema nuevo para muchos.

Recién se instaló la administración actual de la CSS, la Contraloría General de la República comenzó una auditoría completa a los estados financieros de la institución; mes a mes los gremios representados los recibimos. Desconozco si ya terminó la auditoría y si se ha cumplido con la ley que obliga presentarlos todos los años a la Asamblea Legislativa. Sin embargo, auditados o no, la ciudadanía merece conocerlos, para lo que propongo, como parte de ese pacto, que la administración los publique como hacen los bancos, con sus respectivos anexos y notas. De esa forma, muchas interrogantes quedarán claras para todos y la revelación será igual para todos. Se compartirá información sobre los ingresos, el nivel de inventarios, las cuentas por pagar, las cuentas por cobrar, la morosidad, los bienes que se poseen, los gastos de operación, los superávit o déficit de programas, así como el daño de los programas colectivos de vivienda y otros más. También, qué se ha hecho en materia del modelo de atención de salud, el control de costos, los procedimientos de evaluación de incapacidades, la no-recuperación de gastos hechos por cuenta de terceros, etc. Todos sabremos la gravedad del problema. Mantengamos el pacto por la CSS.

En otro aspecto, la comunidad necesita información estadística y no solo escuchar la propuesta de tal o cual sector. Se debe dar a conocer con meridiana claridad qué significa el concepto de solidaridad que tanto defendemos, explicando también cómo aquella integración de los servicios de salud nacionales y de la Caja de Seguro Social fue herida mortal que hoy reclama su presa. Que el consenso que hay en la mesa del diálogo, por lo menos es lo que hemos escuchado todos, es que hay que limitar el número de beneficiarios, que hay que hacer una especie de escala en cuanto al uso de los servicios médicos y que los que no están asegurados, el Gobierno nacional deberá atenderlos en los hospitales nacionales y no como se propone, mediante un subsidio. Que el Estado aporte más a la Caja de Seguro Social es necesario, pero que los empresarios y trabajadores no sigamos con la carga. También es necesario, ya que tributamos para que se le brinde salud a quien no tiene un trabajo. No se trata de ampliar el número de personas, sino de reducirlo al tamaño de los recursos del sistema y de la familia cercana al cotizante, así se nos ha explicado. Sobre lo actuarial, todos los meses los jubilados cobran, los rendimientos de las inversiones son bajos y entran nuevos jubilados y beneficiarios al sistema; es una falla que tiene a la institución colapsando en un corto tiempo. La fiebre no está en las sábanas. Es un problema complejo que requiere de medidas integrales para salvar al enfermo.

Finalmente, no debe permitirse seguir dilatando la discusión en la mesa con temas como la insistencia en el crecimiento demográfico, la clase de sociedad, modelo económico y sobre la deuda social; el tiempo avanza y no se trata de borrar un tablero y escribir una nueva fórmula. En su momento podremos hacer aquellos ajustes. Hoy día, la gerencia debe saber y tener la capacidad de poder administrar e implementar al mismo tiempo. No se trata de probar quién tiene la razón, sencillamente, el mandato es darle respuesta al asegurado que hace filas desde la madrugada para sacar una cita médica, al que no encuentra el medicamento recetado, al que no recibe su cirugía a tiempo, aquel que no encuentra que con las cuotas pagadas tendrá una vejez holgada, o del jubilado que siente temor por lo que seguirá recibiendo. Y todos los demás que solo miran y escuchan lo que más adelante caerá en los vaivenes de la política criolla, porque el presupuesto nacional que se apruebe para el 2003 ya será pre-electoral. Pero al estar escuchando que la privatización acecha a la Caja de Seguro Social, me atrevo a decir, sin ser abogado, que habría que privatizar la Constitución Política y la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. El Estado es el responsable de la preservación de la salud y de la seguridad social de los panameños.

Hagamos el pacto, dejemos que los conductores y facilitadores sean los que informen a la sociedad, porque si una parte habla, la otra tendrá que hacerlo y así sucesivamente.

El autor es industrial y ex directivo de la CSS


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