Panamá, 19 de marzo de 2002
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Un negocio multifamiliar

Lo que se inició como un simple ”puesto de frituras” da sustento hoy día a quince familias en el popular barrio de El Chorrillo

INES DE DELGADO
negocios@prensa.com

La mayoría de sus clientes son extranjeros o panameños que viven fuera del país

Lo que comenzó como un negocio improvisado para “buscar el sustento diario”, ha llegado a convertirse con los años en una empresa multifamiliar en la cual cada miembro de la organización desempeña su función de una manera ejemplar. El lugar: El Chorrillo, uno de los barrios más golpeados por el grave problema del desempleo.

La historia de este novedoso experimento comenzó hace nueve años cuando Luz María de Singh, conocida como “La Fula del Ñato Fish”, y su cuñada Yadira Camargo, decidieron establecer un puesto de venta de pescado frito en la calle 27 final de El Chorrillo, muy cerca de la Cooperativa de Pescadores.

El modesto puesto de preparación y venta de frituras, ha evolucionado de tal manera que se ha llegado a constituir en una empresa que da el sustento diario a sus 15 integrantes y a sus familiares. Lo curioso es que sin que medie un pacto social o un reglamento escrito, todos cumplen sus funciones con ejemplar responsabilidad.

La original empresa solo funciona los fines de semana (de viernes a domingo), pero su éxito es tal que da suficiente como para financiar las necesidades de sus miembros durante el resto de la semana.

Cada cabeza de familia tiene su función o empleo: el proveedor es Gustavo González, quien es definido como “el jefe del grupo”. González realiza la delicada labor de escoger los diferentes tipos de pescado que emplean: corvina picúa, sierra, cojinúa, salema, jurel y filete de cazón (baby shark). Además, está el que procesa el pescado y hace los cortes; el que lo prepara; la propia Singh, quien se encarga de freír; Yadira Camargo, quien cobra las ventas; el que friega; un ayudante; el que limpia, y así, una multiplicidad de oficios que constituyen el trabajo de estos jefes de familia.

Luz María comenta que con las ganancias se pagan todos los gastos familiares. Incluso, el negocio da para permitirse algunos “lujos” como el de mantener a los hijos en buenos planteles escolares o estudiando en el exterior. Tal es el caso de Yadira, quien mantiene a su hijo en la Academia Militar de Chorrillos, Perú, gracias a su trabajo en el quiosco.

Beneficios colaterales

Pero el negocio no solo beneficia a estas familias, sino que aporta a la economía de sus proveedores: por semana se compran 20 sacos de carbón, mil quinientos limones, 5 ó 6 galones de aceite, 25 libras de bacalao, 500 bolsas de papel, platos, servilletas, material de aseo y muchas libras de pescado. Los volúmenes de estas compras varían dependiendo de que sea un fin de semana que coincida con día de pago o con una fiesta, como Navidad, Año Nuevo, Carnaval, Semana Santa o días patrios.

En realidad, “La Fula de Ñato Fish” y la organización en la que trabaja son solo un grupo que ocupa el quiosco durante el fin de semana, ya que otros grupos lo usan desde el lunes hasta el viernes en la tarde; el bullicioso lugar no cierra jamás.

Por otro lado, solamente en el turno de “La Fula”, hay aproximadamente ocho puestos de venta de pescado en otras áreas cercanas; pero no se compite por la clientela, porque cada puesto tiene sus fieles seguidores.

Variada clientela

¿Y quiénes compran el delicioso pescado frito de El Chorrillo? Pues buena parte de sus clientes son extranjeros o panameños que viven fuera del país. El resto lo componen clientes de fuera del barrio.

La calidad del pescado que vende el puesto de “La Fula” es tan buena, que en ocasiones han llegado autobuses de turismo a degustar las crujientes presas.

La promotora del negocio atribuye el éxito al cuidadoso preparado del pescado aprendido de su suegra, Yolanda de Singh. En este preparado forman parte importante el relleno de perejil, el ajo y la cebollina, todo aderezado con un toque de curry a la medida.

No hay que temer

¿Y la seguridad? Con tanto turista y cliente foráneo, sobran razones para preguntarse si no es demasiado arriesgado introducirse en un área catalogada como de alta peligrosidad, a veces testigo de balaceras y de hechos de sangre.

Los socios de la empresa responden que ellos son la garantía de seguridad de sus clientes. “El que le roba a un cliente mío me roba a mí. Nosotros protegemos a nuestros clientes”. Además afirman contar con el apoyo de la Policía Nacional, cuyos miembros rondan regularmente el lugar.

No obstante, Gustavo González afirma que, a veces, cuando hay problemas, los policías acordonan el área de venta, lo cual les afecta muchísimo. González considera que, dada la cantidad de trabajo y sustento que se genera, y el impacto que tiene la actividad hasta en el turismo, deberían recibir un mejor apoyo.

¿Y los precios? Bueno, eso depende del tamaño de la presa. Generalmente se gasta de B/.1.50 a B/.2.25 por un buen plato de pescado con patacones.

El éxito ha sido tal que no pocos de sus clientes alegan que allí se vende “el más delicioso pescado frito al estilo 'chombo' de Panamá”. Tengan razón o no, lo cierto es que en el puesto de “La Fula” se vende un pescado de sabor delicado, siempre fresquísimo, de sazón perfecta, exquisitamente preparado, bien escurrido de su aceite, con un buen punto de picante y con una generosa guarnición de plátano verde o, si prefiere, torrejitas de bacalao.

Lo ideal es comerlo allí, recién salido de la paila, con mucho limón y un toque final de picante, especialmente presentado en una botella ketchup. El acompañamiento ideal: una cerveza muy fría de una de las cantinas o bodegas que hay en el área o de un vendedor ambulante.


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