Perico (vuelta y vuelta)
Esta crisis no será correteada por los carnavales, ni por los espectáculos de circo sin pan que nos ofrecen
Guillermo Sánchez Borbón
El único comentario de la presidenta al informe de la comisión que ella misma nombró, fue una vigorosa defensa del nepotismo, con argumentos ya gastados por el uso y el abuso. El nombramiento de la comisión, cuyas recomendaciones jamás le pasó por la cabeza poner en práctica, fue un gesto vacío para quitarse de encima la presión de la ira pública. Para decirlo en el lenguaje hermético que ya ha reemplazado al español: fue un acto de PR.
Segundo, pidió a los medios que no sigan hablando de la corrupción. If you don’t look maybe it will go away. Tal vez si el personaje del famoso cuento de Thurber no se hubiera asomado por la ventana, no habría visto al unicornio pastando plácidamente en el jardín de su mujer y devorando las rosas como si fueran concentrados de ambrosía. En la década del 80, un ministro de Hacienda hizo unas declaraciones de las que todavía no me he repuesto (aunque estoy muy mejorcito): “las crisis económicas comienzan cuando uno se pone a hablar de ellas”. De manera que ¡chitón!, ni una sola palabra sobre el asunto, porque podría despertarse el monstruo –que duerme sus inviernos en cuevas tan inaccesibles como las de ben Laden– y devorar a todos los hablantines.
****Si los políticos panameños tuvieran una pizca de inteligencia, estarían aterrados por el último sondeo de Dichter & Neira, que refleja imparcialmente la gravedad del desprestigio en que han caído ellos y los tres órganos del Estado. Esta crisis no será correteada por los carnavales, ni por los espectáculos de circo sin pan que nos ofrecen periódicamente. Pero no hay un solo político con suficiente coraje para encararse al unicornio o ahuyentarlo a palos. En vez de aferrarse a la única tabla de salvación que les queda (una Constituyente), prefieren ahogarse en las aguas arremolinadas por su propia estupidez y codicia.
De acuerdo con uno de los resultados más esperanzadores de la encuesta, el pueblo está harto de los dos grandes partidos que se alternan en el poder. Ha surgido la posibilidad real de que una nueva fuerza pueda romper el funesto ciclo actual: cada cinco años los jefes del partido perdedor entregan a los del ganador la ganzúa (¡manes de Unamuno!) con que ellos desvalijaron al Gobierno.
****Como dice el personaje central de una novela mía, “el 9 de enero es una efemérides que la historia parece empeñada en henchir de sentido. El 9 de enero de 1964 es una fecha gloriosa. 1969 le añadió, gracias a los guerrilleros chiricanos, una nueva dimensión, enriqueciendo y profundizando la lucha por la soberanía nacional con la lucha por la soberanía popular. A Diógenes de la Rosa le oí citar esta memorable frase de Justo Arosemena: la independencia nacional sin los derechos del ciudadano es un escarnio. Aquellos campesinos, que derrotaron a la Guardia en Piedra de Candela el 9 de enero de 1969, peleaban por los derechos del ciudadano.
Tuvimos que llegar al año 2002 para que los miserables políticos panameños de hoy llenaran la fecha de ignominia, y escupieran sobre las tumbas de quienes dieron la vida para que nosotros fuéramos independientes y libres.
****In illo Témpore, llegó a mi pueblo un mago. Para que un mago fuera al Bocas del Toro de 1934, tenía que ser o muy mediocre o estar en el arrebato. Sea lo que fuere, me dejó atónito aquel tipo que ponían en libertad conejos presos, quién sabe desde cuándo, en el fondo insondable de chisteras relucientes. Lo que más me entusiasmó fue su capacidad, prácticamente ilimitada, de sacarse de los bolsillos, propios o ajenos, cadenas de pañuelos a colores. Este mago, como tantos seres que pasaron por mi vida, aprovechó la primera distracción para perderse en el olvido. Lo cierto es que yo no lo recordaba. Hasta que, buscando el Cartoon Network en mi televisor, tropecé accidentalmente con la conferencia de prensa de Tito Afú, en el preciso momento en que se sacaba fajos de billetes de bolsillos cuya existencia nadie había sospechado. Encontraba un fajo y lo estrellaba contra la mesa, pero sin soltarlo. Era como si tuviese los dedos llenos de cola. Y en ese preciso instante recuperé de golpe al mago de mi infancia, arrojado a nuestras playas por su falta de habilidad o por la depresión mundial. Me agradó que emergiera del olvido como un gran prestidigitador, como uno de esos seres privilegiados que todavía hoy nos dejan boquiabiertos con sus trucos maravillosos.
Además en opinión
• Perico (vuelta y
vuelta): Guillermo Sánchez Borbón •
Las 14 señales del mal pastor: Rómulo
Emiliani •
Colón: la cenicienta del cuento: Alan Mc Lellan, C.M.
• Bush en Latinoamérica:
una pugna sobre la pobreza: Betty Brannan Jaén •
¿Constituyente o reformas?: Rafael Pérez Ferrari
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