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El
turismo interno también es rentable
Si seguimos actuando de esta forma
tan egoísta, ni ayudamos al turista ni al pequeño
empresario, ni reactivamos la economía, ni acabaremos con
el desempleo reinante en el país
Vielka
Franceschi
vfranceschi@prensa.com
Siempre hemos sostenido que Panamá tiene una naturaleza
envidiable. Recientemente disfruté de una larga caminata
por la Calzada de Amador, específicamente por el área
donde está construido el hotel Country Inn & Suites.
Era de noche y la vista hacia el Puente de las Américas era
maravillosa; qué lindos se veían los yates atracados
en el muelle; el cielo estaba plagado de estrellas y una deliciosa
brisa se sentía en el lugar.
La verdad es que daba la sensación de estar en otro país.
Algunas personas paseaban a sus mascotas, los niños jugaban
con sus padres, otros saboreaban ricos platos y uno que otro turista
escribía sus cartas sobre el césped. Al fondo se podía
escuchar una suave melodía proveniente de una pequeña
orquesta que amenizaba en el restaurante al aire libre que está
cerca del hotel Country Inn. En aquel momento pensé en lo
positivo que era para el país que los cruceros estén
atracando en Amador. Sin embargo, estando en ese ambiente tan agradable
nos hicimos muchas preguntas. Entre ellas, ¿qué le
podemos brindar a ese turista que se baja de estos enormes hoteles
flotantes que lo tienen casi todo? Entonces, pensé que estamos
desperdiciando una gran oportunidad. ¿Por qué? Porque
aun cuando las comparaciones no son buenas, el ser humano tiende
a hacerlas. En ese momento comparé a Panamá con otros
países que tienen tan buenos sitios como los nuestros, pero
a los que se les ha dotado de todas las infraestructuras y facilidades
para que sean lugares atractivos.
El área de Amador me recordó mucho un lugar que visitamos
hace algunos años en Nueva Orleans donde toda una costa,
como la Calzada de Amador, está repleta de restaurantes levantados
sobre el mar. Allí se podía, entre otras cosas, comer
una variedad increíble de mariscos, escuchar jazz y sobre
todo disfrutar del refrescante ambiente marino.
También había tiendas, heladerías, refresquerías
donde el turista puede adquirir desde una botella de agua, hasta
el más exótico souvenir.
Entonces, ¿por qué nosotros no podemos hacer algo
similar en Amador? ¿Se imaginan tener varios restaurantes
donde se pueda comer mariscos, tiendas donde poder adquirir vestidos
de baño, gorras, bronceadores, souvenirs del Canal de Panamá,
fotos y puestos de artesanías? Sería estupendo, ya
que aparte de ofrecerle al turista la oportunidad de que se lleve
un bello recuerdo del país y lo más importante
que ese turista sienta deseos de regresar, estaríamos
dando trabajo a mucha gente. Actualmente, el desempleo es uno de
los mayores problemas que tiene el país y esta sería
una tremenda oportunidad para ayudar a resolverlo.
Además, debemos recordar que no solo el turista foráneo
es una fuente de ingresos. El nacional también lo es. Con
la desaceleración de la economía mundial y tras los
atentados terroristas del 11 de setiembre, el turismo proveniente
del exterior ha decaído, por lo cual una solución
es promover el turismo interno. El problema es que nosotros mismos
no ofrecemos nada atractivo.
Si bien es cierto que el área de Amador es preciosa, que
los fines de semana acuden cientos de familias a hacer ejercicios
y a disfrutar de la naturaleza, también es cierto que aparte
de unos cuantos restaurantes no hay nada más que ofrecer
y visitar.
Por otro lado, el problema también radica en nuestras autoridades.
Entendemos que la Autoridad de la Región Interoceánica
ha invertido sumas millonarias en infraestructuras en el área
de Amador, pero no es posible que piensen que esos millones los
van a recuperar en dos o cinco años. Creo que esa misma Autoridad
debe abrir un abanico de oportunidades para la gente que tiene un
pequeño capital y muchas ganas de trabajar, pero no tiene
los contactos y los recursos suficientes para abrir un negocio en
dicha área.
Vemos que solo a los grandes empresarios se les da la oportunidad
de invertir en las áreas revertidas. Hay que promover la
inversión del micro y pequeño empresario. Son ellos
los que generan la mayor cantidad de empleos en el país.
Sin embargo, ellos no tienen oportunidad en Amador. Si seguimos
actuando de esta forma tan egoísta, ni ayudamos al turista
ni al pequeño empresario, ni reactivamos la economía,
ni acabaremos con el desempleo reinante en el país.
Hace poco escuchamos en la radio una campaña de promoción
turística que tiene el Instituto Panameño de Turismo.
En ella se invita a tratar bien y a no abusar del turista; se nos
llama a ser honestos, todo lo cual me parece muy bien sobre todo
en esta época del año en que nos abocamos a disfrutar
de nuestras playas, ir a ferias y visitar el interior del país.
Lo preocupante es qué podemos brindarle de novedoso a esa
persona que va a las playas y al interior del país. Los hoteles
y los restaurantes, en general, no ofrecen tarifas que resulten
accesibles a la mayoría de los panameños. Pareciera
que prefieren tener las habitaciones vacías antes que ocupadas.
En materia turística reinan otros problemas. Por ejemplo,
cuando vamos a las playas nos encontramos con lugares totalmente
desolados y sucios donde no hay ni siquiera un paraguas o un lugar
donde guarecerse; no hay sanitarios, y si los hay se encuentran
en condiciones deplorables y, mucho menos hay agua para tomar o
quitarnos la sal del mar.
A todos estos problemas hay que buscarles solución si queremos
atraer a los turistas y si se desea que los mismos panameños
visiten nuestras hermosas playas, y otros sitios de interés
cultural y natural.
Esta sería una buena oportunidad para que nuestra gente
conozca el interior de la República, y no solo que lo conozca,
sino que lo disfrute y aprenda a amar a su país. De esa manera
podrá ofrecérselo y mostrárselo con orgullo
al turista que nos visita.
La autora es periodista
Un diálogosin fondo
Hasta el tercer trimestre del 2001, Panamá
debía 8 mil 182 millones de dólares, es decir, el
80% de su producción
Vianey
Castrellón
vcastrellon@prensa.com
Consenso es la palabra que más se escucha en la mesa del
Diálogo Nacional para la Reactivación Económica.
Desde que se reiniciaron las negociaciones en enero pasado, cada
reunión era al menos para los participantes un
avance para lograr el consenso de los tres anteproyectos que se
discutían.
Eso era hasta esta semana, cuando el Ejecutivo y el sector laboral
han intercambiado advertencias.
La presidenta Mireya Moscoso ha declarado su impaciencia: Vamos
a llevarlo a la Asamblea; no voy a esperar más y que sea
la Asamblea la que decida. La jefa del Ejecutivo se refiere
al anteproyecto de ley que reglamentaría el uso del Fondo
Fiduciario para el Desarrollo (FFD).
Los trabajadores, por su parte, han amenazado con romper el diálogo
si la mesa continúa con el propósito de destinar 600
de los mil 200 millones del FFD para el pago de la deuda pública.
La primera propuesta que se barajeó en la mesa fue dividir
el fondo en 600 millones de dólares para la reducción
de la deuda pública, 500 millones para la compra de bonos
globales con un rendimiento del 9% y 100 millones para inversión
social. Eventualmente se aumentaría a 200 millones de dólares
el fondo para inversión social.
La actual ley que rige el uso del FFD especifica que sus activos
líquidos serán invertidos únicamente en valores
calificados con grado de inversión, según las calificadoras
Moodys y Standard & Poors, como por ejemplo depósitos
a plazo en bancos nacionales y extranjeros, y bonos y/o títulos
de deuda emitidos por la Autoridad del Canal de Panamá (ACP).
Los buenos deseos del ministro de Economía y Finanzas, Norberto
Delgado, vaticinaban que el anteproyecto de ley del FFD, junto con
el de tope de endeudamiento y el de gasto público, y el que
regula el uso de los bienes revertidos de la ARI, estarían
listos para ser presentados ante la Asamblea Legislativa al comienzo
de sus sesiones. Eso fue hace dos semanas.
Para el dirigente laboral Gabriel Castillo, las últimas
encuestas de opinión apoyan su reticencia en entregar el
FFD a manos de las tan odiadas Instituciones Financieras
Internacionales (IFI).
De hecho, según el último Pulso de la Nación
publicado en La Prensa esta semana, un 48.8% de los mil 205 encuestados
opina que el FFD debe ser utilizado en proyectos para erradicar
la pobreza y solo un 6.7% estuvo de acuerdo en que se utilice para
el pago de la deuda pública.
Tras su regreso de Brasil esta semana, el ministro Delgado dijo
que las tres calificadores de riesgo con las cuales Panamá
mantiene compromisos Standard & Poors, Moodys y
Fitch Ibca declararon su interés en que los tres anteproyectos
de ley que se manejan en la mesa sean definidos.
Fitch Ibca recomendó que el uso del FFD para el pago de
deuda pública sería una decisión favorable
para mejorar el perfil financiero de Panamá.
Según el ministro Delgado hay un problema: la deuda pública;
y una solución: pagarla con el FFD.
Hasta el tercer trimestre del 2001, Panamá debía
8 mil 182 millones de dólares, es decir, el 80% de su producción.
En el presupuesto de este año se contempla un aumento del
34% en los compromisos de deuda, comparado con el 2001.
De los mil 476 millones de dólares que se adeudan, el 54%
corresponde a amortización y el 46% restante a intereses.
La propuesta del Diálogo Nacional para el uso del FFD guarda
similitudes con el tristemente célebre Plan Juliao,
propuesto por el ex ministro de Economía y Finanzas Víctor
Juliao, para utilizar los mil 300 millones en compra de bonos Brady,
que disminuyeran la deuda externa.
El plan murió al llegar a la Comisión de Hacienda
de la Asamblea Legislativa para su discusión.
La autora es periodista
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