“Por favor, no llame a mi madre”
El establecimiento de lugares de expendio de bebidas alcohólicas ha hecho posible que se pueda tener acceso al alcohol, casi en todo lugar, casi a cualquier hora
Luis Antonio Solís I.
María, joven panameña de 13 años, pudo haber terminado su año escolar asistiendo normalmente a clases. No fue así, lo terminó a 150 kilómetros de su hogar, recluida en un centro para adolescentes con problemas de abuso de alcohol.
Juan, otro adolescente de séptimo grado de la misma escuela, de nuestra escuela, no tuvo la misma “suerte”. Empezó escapándose de clases. Sus padres no sabían dónde estaba, nosotros tampoco. Un envase de cristal lleno de licor fue encontrado en su maletín días antes de convertirse en un desertor más de nuestro sistema educativo.
“Por favor, no llame a mi madre, profesor”, me suplicaba llorando, completamente ebria y empapada, Ester, una joven de 14 años, mientras trataba de levantarla del piso, frente a algunos compañeros que la miraban consternados. El alcohol lo compraban sin problema, en un “mini super” de la comunidad.
Una desenfrenada publicidad en los medios de comunicación, que impele día con día a nuestros jóvenes a consumir alcohol, orquestada por los intereses de las compañías cerveceras y licoreras, y por los de los dueños de los medios de comunicación en lucrar a través de este “comercio”, podría ser considerada una de las principales causas de este problema.
Sumado a esto, el desmedido otorgamiento de licencias para el establecimiento de lugares de expendio de bebidas alcohólicas ha hecho posible que se pueda tener acceso al alcohol, casi en todo lugar, casi a cualquier hora.
Una de la mano de la otra están sumiendo a nuestra juventud, huérfana de lugares de esparcimiento y recreación, en el abismo inalienable del alcoholismo y la drogadicción.
¿Pero es ésta sólo la percepción de un educador cansado de ver cómo se promueve en los medios de comunicación el consumo de alcohol vestido de mujeres hermosas de abundantes carnes y ligera ropa, de acordeón y reggae, de deporte y sexo? Confrontemos algunos hechos.
1. El problema de la proliferación indiscriminada de lugares de expendio de bebidas alcohólicas es tan alarmante que, al respecto, la Conferencia Episcopal Panameña se refirió a él en los siguientes términos: “La proliferación de bodegas, cantinas, discotecas, parrilladas y centros de expendio clandestino de licor, parece no tener más límite que el interés económico de los dueños de estos negocios y de las autoridades locales que sin ningún criterio moral pretenden recoger fondos”.
2. De acuerdo con un estudio en el que trabajamos actualmente sobre el incremento de lugares de expendio de bebidas alcohólicas en la provincia de Coclé, la población del corregimiento donde está ubicada la escuela a la cual asisten María y Ester, y solía hacerlo Juan, ha tenido un incremento de 3 mil 774 habitantes en los últimos 10 años. En ese mismo tiempo han surgido allí 17 cantinas y 16 bodegas (ahora enquistadas en “mini super”), un promedio de una por cada 86 habitantes. En Aguadulce, corregimiento cabecera, la situación es aun peor. El promedio de acuerdo al incremento de la población en los últimos 10 años, alcanza a una por cada 39 personas.
3. Mientras en otros países hay leyes que impiden la publicidad de alcohol y tabaco en los medios de comunicación y en las calles, en Panamá se promueve el deporte a través del alcohol y el tabaco. Todo esto facilita el inicio de la adicción a temprana edad. Está demostrado que el consumo desmedido de bebidas alcohólicas tiene una incidencia directa en la violencia social y familiar, y en los accidentes de tránsito (Conferencia Episcopal).
4. Un estudio auspiciado por la Embajada de Estados Unidos revela que el 67% de adolescentes varones de entre 12 y 18 años consume alcohol, y en el caso de las niñas, la prevalencia es de 63%. La población estudiada fue una muestra de adolescentes de escuelas públicas y privadas de las provincias de Panamá, Colón, Bocas del Toro y Chiriquí, (diario La Crítica, 22 de noviembre de 2001). Pero sus hallazgos van aún más lejos, al demostrar que el inicio del consumo de drogas como el alcohol y el cigarrillo se da a los 12 años.
5. Otro estudio sobre el mercado cervecero coloca a los panameños como los mayores consumidores de cerveza en Centroamérica. (La Prensa, 6 de febrero de 2002). Este reveló que cada panameño consume un promedio de 47 litros de cerveza anualmente, mientras que el promedio en Centroamérica es de sólo 18.5 litros anuales por persona.
Pecaría de iluso, ni mi profesión ni mi edad me lo permiten ya, si no reconociera que es en la familia donde recae primeramente la formación de valores morales que fortalecen la personalidad de los hijos. Pero, ¿cuando falla la familia? Recordemos que en el último lustro un promedio de 9 mil niños nacieron anualmente “sin padre” en Panamá. ¿Qué hay de la responsabilidad de los municipios en fomentar un mejor desarrollo social en las comunidades? ¿Qué hay del cumplimiento de la Ley 55 de julio de 1973 que regula, entre otras cosas, el crecimiento de lugares de expendio de bebidas alcohólicas en relación al crecimiento poblacional? ¿Qué hay de la función de los medios de comunicación contemplada en el artículo 85 de nuestra Constitución? El pasado noviembre presentamos ante el pleno de la Comisión de la Mujer, la Niñez, la Juventud y la Familia de la Asamblea Legislativa y ante la Oficina de Participación Ciudadana de dicha Asamblea, dos iniciativas legislativas. La primera, tendiente a incrementar un 5% el impuesto sobre las bebidas alcohólicas para destinarlo a centros de rehabilitación de jóvenes con problemas de alcohol y drogas, y de mujeres maltratadas. Esta encuentra un reciente precedente legal en la Ley 28, de junio de 2001, que estableció un impuesto adicional del 5% al cigarrillo para destinarlo al Instituto Oncológico Nacional. La segunda, a restringir la publicidad del alcohol hasta después de las 9:00 de la noche.
Es tiempo ya de que los intereses de los grupos de poder, dentro y fuera de la Asamblea Legislativa, dejen de prevalecer sobre los intereses del pueblo, menos aun sobre los intereses de nuestra juventud, por lo que esperamos que estas propuestas cimentadas en una honda preocupación por el futuro de nuestros jóvenes, encuentren en su seno la acogida y la aprobación que realmente merecen.
Espero en Dios que así sea.
El autor es profesor del Centro de Educación Básica General Clelia F. de Martínez
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