Panamá, 8 de marzo de 2002
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El informe de la comisión... y oportunidades perdidas

Los ciudadanos tenemos que ejercer nuestro poder para reencausar el debate nacional hacia lo esencial, lo permanente, la reinstitucionalización de nuestra nación

I. Roberto Eisenmann, Jr.

Y salió el informe de la comisión presidencial para combatir la corrupción.

Para comenzar, los comisionados prometieron un informe preliminar en 30 días... y cumplieron con exactitud. Segundo, han producido una lista de 50 recomendaciones concretas, evitando las normales frases líricas.

Es obvio que con 50 recomendaciones todos podremos encontrar alguna o algunas con las que no estamos de acuerdo, pero hay que concentrarse en la mayoría, en las que estoy seguro todos estamos de acuerdo.

La presidenta, que tomó la feliz iniciativa de nombrar la comisión, ha vuelto a desaprovechar la oportunidad que ella misma se dio de liderar al país en el tema que amenaza la institucionalidad de la Nación. Para comenzar –en la época de la transparencia– al entregarle los comisionados el informe, les solicitó no hacerlo público, sometiéndolos a hacer frente a una conferencia de prensa solos, sin la posibilidad de decir nada noticioso, produciendo otra desilusión.

El momento era para que el informe lo recibiera la presidenta y su Gabinete, y que ella anunciara de inmediato, con vigor y firmeza, el cumplimiento de algunas importantes recomendaciones, mostrándole al país el liderazgo que se desea ver en palacio. En el caso de las recomendaciones que exigen cambio legislativo, podría haberse comprometido a presentarlas a la Asamblea durante este período legislativo. Hubiera podido listar las recomendaciones que requieren de cambios constitucionales para que el país vaya viendo la necesidad de la reinstitucionalización del Estado, indicando que si existiera una petición popular generalizada pasaría a nombrar los comisionados (lo cual ya está en su plan de acción) para ir armando un anteproyecto de nueva Constitución.

En conclusión, era momento para liderar. No solo se perdió ese momento, sino que al presentarse una segunda gran oportunidad, cual era su discurso al abrirse el período de sesiones de la Asamblea, con el país entero escuchando, el discurso produjo otra gran desilusión al no presentar un plan vigoroso de acción anticorrupción. Fue Rubén Arosemena quien planteó con valentía y vigor la enfermedad institucional de la República, en una autocrítica al poder del Estado que representa, lo cual le merecerá el debido reconocimiento público.

Al nombrar la comisión para combatir la corrupción, la presidenta prometió a los comisionados que cumpliría con sus recomendaciones, pero los ha dejado esperando a ellos y al país, en un manejo muy desafortunado que deja muy vulnerable la institucionalidad democrática que mucho nos costó lograr, y que juró defender.

Los seres humanos somos todos buscadores de respuestas. Según Boorstin, “somos el animal buscador por naturaleza”. Las respuestas siempre nos eluden y es la búsqueda perpetua la que nos permite nuestra humanidad. Siempre queremos saber ¿por qué?... ¿cómo es posible?... ¿cómo podemos –nos preguntamos– recapturar y enriquecer nuestro sentido de integridad y de propósito? Panamá –usando palabras de Ortega y Gasset– hoy vive deshonrada. Los ciudadanos tenemos que ejercer nuestro poder para reencausar el debate nacional hacia lo esencial, lo permanente, la reinstitucionalización de nuestra nación.

El momento es para peticionar, en forma individual y colectiva, el inicio de un proceso Constituyente poco traumático en el que –el pueblo, el soberano– presione para lograr una comisión de notables que produzca un proyecto de nueva ley fundamental que contemple las cosas que hay que cambiar de raíz –incluidas muchas de las recomendaciones de la comisión presidencial para combatir la corrupción– para luego hacerla viable con su voto directo, en un plebiscito. Mañana es tarde.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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