Los rebeldes de Colombia intensifican
sus ataques
La administración de
Bush ha decidido, por el momento, limitar el involucramientoestadounidense
más que nada a la guerra contra las drogas
Juan Forero
BOGOTA, Colombia. –Las pláticas de paz entre
el Gobierno y los rebeldes marxistas se desplomaron hace 11 días,
y casi de inmediato toda Colombia se sumió en una nueva y ominosa
fase de este prolongado conflicto armado. Casi inmediatamente después
de que se interrumpieron las pláticas, los rebeldes lanzaron una
serie de ataques coordinados enfocados a sembrar la desgracia en
este país, al tiempo que demostraban la incapacidad del Gobierno
para impedirlos.
En ataques que han hecho surgir la inquietud
en Washington y que los analistas pronostican son un heraldo de
lo que podría ser una guerra en mayor escala, los guerrilleros han
dinamitado torres eléctricas, puentes y depósitos municipales de
agua, al mismo tiempo que siembran minas en las carreteras e incrementan
sus retenes en las carreteras.
Este tipo de ataques no es nuevo en el conflicto
colombiano, iniciado hace 38 años, pero los rebeldes han intensificado
radicalmente el ritmo de la agresión, y su selección de blancos
al parecer es más audaz. Han dinamitado dos acueductos, así como
la infraestructura de los depósitos de agua que abastecen de líquido
a esta vasta capital, causando escasos daños pero una alarma creciente.
Desde que las negociaciones concluyeron,
más de 110 municipios en cinco de las 32 provincias, que abarcan
10% de los centros urbanos del país, han quedado en la oscuridad
total o están obligados a racionar la electricidad como consecuencia
de atentados dinamiteros de los rebeldes, Mientras tanto, el sabotaje
de las torres de transmisión ha interrumpido el servicio telefónico
en 76 ciudades y pueblos en seis provincias.
“Debemos estar preparados para la posibilidad
de que suframos mayores ataques terroristas”, dijo el presidente
Andrés Pastrana a la nación en un discurso televisado la semana
pasada.
La ofensiva rebelde se inició horas después
de que Pastrana interrumpió las negociaciones con los rebeldes el
20 de febrero, poniendo fin a un esfuerzo de tres años para llegar
a un acuerdo. Ha obligado al Gobierno a declarar zona de guerra
a una amplia región del sur y centro de Colombia, sobre la cual
el ejército tiene la autoridad para imponer el orden.
En seis provincias, o sea cerca de una tercera
parte del país, los militares pueden imponer toque de queda, regular
las operaciones de los negocios, registrar a los civiles y prohibir
las armas o el consumo de bebidas alcohólicas. El Gobierno también
está ofreciendo hasta 430 mil dólares por información que lleve
al arresto de los líderes rebeldes.
El deterioro de la situación en Colombia
está siendo observado estrechamente en Washington, donde algunos
legisladores y funcionarios del Pentágono están presionando para
que se levanten las restricciones para permitir que se otorgue ayuda
estadounidense contra la insurgencia al Ejército colombiano. Entre
otras cosas, esto permitiría que los colombianos utilicen los helicópteros
entregados a ellos por Estados Unidos para atacar a los rebeldes.
En la actualidad, esos helicópteros tienen su uso restringido a
controlar y destruir los sembradíos de coca, fuente de la cocaína.
La administración de Bush ha decidido, por
el momento, limitar el involucramiento estadounidense más que nada
a la guerra contra las drogas, que afecta severamente la principal
fuente de financiamiento de los rebeldes.
Muchos, si no es que todos los legisladores
estadounidenses se han opuesto a la ayuda contra la insurgencia
colombiana debido al pésimo historial de derechos humanos del Ejército
de Colombia; pero la creciente agresión y brutalidad por parte del
grupo rebelde –que Washington ha clasificado como organización terrorista–,
podría cambiar el criterio de los legisladores, dicen algunos funcionarios
en el Capitolio.
“Algunos dicen que no es Al-Qaeda”, dijo
un alto colaborador republicano en el Congreso que trabaja en asuntos
relacionados con Colombia. “La gente que sigue de cerca lo que sucede
en Colombia sabe que tenemos que llevar a cabo un cambio de política”.
Hasta ahora, la administración Bush ha accedido
a proporcionar alguna información de inteligencia al Gobierno colombiano,
mientras prepara el camino para proporcionar partes de repuesto
para los helicópteros usados en las operaciones antidrogas. Pero
analistas como el coronel Joseph R. Núñez, profesor de Colegio de
Guerra del Ejército de Estados Unidos, que ha escrito acerca de
este conflicto, dice que estas medidas no son suficientes.
“Existen estas fuerzas que crean el caos,
y va a ser preciso enfrentarlas”, dijo Núñez. “Si esperamos demasiado
tiempo, vamos a lamentarlo”.
El autor es periodista del New York Times
New Service
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