Panamá, 6 de marzo de 2002
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Los rebeldes de Colombia intensifican sus ataques

La administración de Bush ha decidido, por el momento, limitar el involucramientoestadounidense más que nada a la guerra contra las drogas

Juan Forero

BOGOTA, Colombia. –Las pláticas de paz entre el Gobierno y los rebeldes marxistas se desplomaron hace 11 días, y casi de inmediato toda Colombia se sumió en una nueva y ominosa fase de este prolongado conflicto armado. Casi inmediatamente después de que se interrumpieron las pláticas, los rebeldes lanzaron una serie de ataques coordinados enfocados a sembrar la desgracia en este país, al tiempo que demostraban la incapacidad del Gobierno para impedirlos.

En ataques que han hecho surgir la inquietud en Washington y que los analistas pronostican son un heraldo de lo que podría ser una guerra en mayor escala, los guerrilleros han dinamitado torres eléctricas, puentes y depósitos municipales de agua, al mismo tiempo que siembran minas en las carreteras e incrementan sus retenes en las carreteras.

Este tipo de ataques no es nuevo en el conflicto colombiano, iniciado hace 38 años, pero los rebeldes han intensificado radicalmente el ritmo de la agresión, y su selección de blancos al parecer es más audaz. Han dinamitado dos acueductos, así como la infraestructura de los depósitos de agua que abastecen de líquido a esta vasta capital, causando escasos daños pero una alarma creciente.

Desde que las negociaciones concluyeron, más de 110 municipios en cinco de las 32 provincias, que abarcan 10% de los centros urbanos del país, han quedado en la oscuridad total o están obligados a racionar la electricidad como consecuencia de atentados dinamiteros de los rebeldes, Mientras tanto, el sabotaje de las torres de transmisión ha interrumpido el servicio telefónico en 76 ciudades y pueblos en seis provincias.

“Debemos estar preparados para la posibilidad de que suframos mayores ataques terroristas”, dijo el presidente Andrés Pastrana a la nación en un discurso televisado la semana pasada.

La ofensiva rebelde se inició horas después de que Pastrana interrumpió las negociaciones con los rebeldes el 20 de febrero, poniendo fin a un esfuerzo de tres años para llegar a un acuerdo. Ha obligado al Gobierno a declarar zona de guerra a una amplia región del sur y centro de Colombia, sobre la cual el ejército tiene la autoridad para imponer el orden.

En seis provincias, o sea cerca de una tercera parte del país, los militares pueden imponer toque de queda, regular las operaciones de los negocios, registrar a los civiles y prohibir las armas o el consumo de bebidas alcohólicas. El Gobierno también está ofreciendo hasta 430 mil dólares por información que lleve al arresto de los líderes rebeldes.

El deterioro de la situación en Colombia está siendo observado estrechamente en Washington, donde algunos legisladores y funcionarios del Pentágono están presionando para que se levanten las restricciones para permitir que se otorgue ayuda estadounidense contra la insurgencia al Ejército colombiano. Entre otras cosas, esto permitiría que los colombianos utilicen los helicópteros entregados a ellos por Estados Unidos para atacar a los rebeldes. En la actualidad, esos helicópteros tienen su uso restringido a controlar y destruir los sembradíos de coca, fuente de la cocaína.

La administración de Bush ha decidido, por el momento, limitar el involucramiento estadounidense más que nada a la guerra contra las drogas, que afecta severamente la principal fuente de financiamiento de los rebeldes.

Muchos, si no es que todos los legisladores estadounidenses se han opuesto a la ayuda contra la insurgencia colombiana debido al pésimo historial de derechos humanos del Ejército de Colombia; pero la creciente agresión y brutalidad por parte del grupo rebelde –que Washington ha clasificado como organización terrorista–, podría cambiar el criterio de los legisladores, dicen algunos funcionarios en el Capitolio.

“Algunos dicen que no es Al-Qaeda”, dijo un alto colaborador republicano en el Congreso que trabaja en asuntos relacionados con Colombia. “La gente que sigue de cerca lo que sucede en Colombia sabe que tenemos que llevar a cabo un cambio de política”.

Hasta ahora, la administración Bush ha accedido a proporcionar alguna información de inteligencia al Gobierno colombiano, mientras prepara el camino para proporcionar partes de repuesto para los helicópteros usados en las operaciones antidrogas. Pero analistas como el coronel Joseph R. Núñez, profesor de Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos, que ha escrito acerca de este conflicto, dice que estas medidas no son suficientes.

“Existen estas fuerzas que crean el caos, y va a ser preciso enfrentarlas”, dijo Núñez. “Si esperamos demasiado tiempo, vamos a lamentarlo”.

El autor es periodista del New York Times New Service

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