Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
No me agrada la idea de una fusión entre los equipos
Plaza Amador y Panamá Viejo, aunque respeto la iniciativa
que tuvieron las dos directivas para tratar de hacer cosas que
una sola no puede hacer, como me dijo el martes Tito Mock.
No me agrada la fusión, porque pienso que se le está
quitando la misma esencia al fútbol. La despojan de ese
sentimiento de hincha, que es el alma del fútbol y es
el que le da vida a un equipo y, por ende, a un campeonato,
más tratándose de un equipo con tradición
en el fútbol nacional como el Plaza Amador, fundado en
1955 y que cuenta con una de las mejores aficiones, sin dejar
a un lado al Panamá Viejo, que también tiene sus
años.
Si se hubiera dado entre equipos menos representativos ni le
diera importancia. Entiendo las razones por las cuales las dos
directivas quieren fusionar a sus equipos. Uno, por el mismo
sistema de vida que se da por estos últimos años
en la ANAPROF y, otra, la actual situación económica
del país que obligó a tomar este tipo de posturas.
A mí en lo particular me llegó a agradar el Panamá
Viejo de los últimos años (sin ser un hincha)
y sé de mucha otra gente que piensa lo mismo, por todo
lo que había hecho su junta directiva junto a Gary Stempel,
cuando se limpió la casa y se le dio paso a un grupo
de jóvenes que se metieron en los corazones de muchos
aficionados. Fue un trabajo planificado que brindó sus
frutos antes de tiempo con el título en la XIII temporada.
Por eso me sorprendí cuando comenzaron los rumores sobre
una posible fusión, que según Mock es casi un
hecho. Pensé que se debió de haber mantenido este
proceso, independientemente que la temporada última no
les fuera bien deportivamente, por el precedente que dejaron.
Aparte de que se van a fusionar con un equipo grande en el
fútbol panameño, pero con una directiva envuelta
en muchos problemas. Amén de que fueron subcampeones
en el pasado torneo Clausura.
No sé si vaya a dar resultados esta fusión, de
mi parte me gustaría que fuera todo un éxito y
que no se quedara en un simple experimento o que en el futuro
se dieran malos entendidos. De momento, habrá que esperar
lo que piensa el aficionado, si se siente a gusto con el cambio.
Tengamos presente que como en la religión, cuando se
es pequeño los padres enseñan a sus hijos a profesar
una fe por determinada doctrina. En el fútbol pasa lo
mismo, no del todo en Panamá, pero en otros países,
los padres te inculcan el amor por un equipo de fútbol.
Es una manera de hacer crecer este deporte.
Sin ser Panamá un país futbolizado sé
de mucha gente que quiere la camiseta azul del Plaza Amador
o la amarilla del Panamá Viejo. Se sienten representados
y van al estadio a hacerle barra a su equipo. Con esta fusión,
más bien le están ahogando el grito a muchos hinchas
que ahora tendrán que hacer bulla en dos direcciones,
pensar en dos colores y festejar por separado.
Si esta fusión se gesta a largo plazo le tocará
a los aficionados adaptarse al cambio, por ahora espero verles
las caras en el momento cuando ingresen al estadio. Lo interesante
de todo es observar el comportamiento de las dos barras unidas
por una camiseta.
No se si le esté dando una dimensión enorme a
esta fusión, pero por experiencia propia, en el caso
de mi equipo, el Deportivo Cali de Colombia, me sentiría
amordazado por ejemplo, que mi equipo amado se uniera a un América.
¡Sería una barbaridad!