Panamá, 1 de marzo de 2002
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Oasis submarino

En nuestro viaje al paraíso submarino nos encontramos con cuatro enormes barracudas, que parecen las guardianas de este naufragio

Ricardo de la Espriella
Especial para La Prensa
revista@prensa.com

Al observar hacia abajo vemos cómo en el fondo del Caribe hay una diversa vida marina.

En nuestra última entrega relatamos los secretos que guardan los jardines submarinos del sur de la Florida. El programa de arrecifes artificiales ha tenido un gran éxito en atraer corales y peces.

Naufragios de enormes embarcaciones son hoy una atracción turística sin igual. El descender grandes profundidades para explorar el interior de estas gigantescas embarcaciones es en sí una experiencia única en su clase y una de las más arriesgadas aventuras.

En esta ocasión descendimos al naufragio del Sherry Lynn, un carguero gigante de contenedores de más de 200 metros de largo.

El dive master fija el ancla a una de las ventanas del naufragio y asciende lentamente por la línea del ancla de nuestra embarcación.

Estamos ya literalmente anclados al naufragio. Los buzos descienden por las escaleras del bote y nadan hasta la proa.

Uno a uno los buzos toman la soga del ancla e inician el descenso.

Este trayecto es semejante a una caminata espacial que a un cálido día en el Caribe. Las burbujas ascendentes del aire de los primeros buzos se mezclan en una nube de millones de burbujas.

El paraíso

Al mirar hacia arriba podemos ver diminutas figuras de los buzos que empiezan su descenso muy cerca a la superficie. Más arriba aún podemos ver el barco que nos trajo a este paraíso submarino.

Al observar hacia abajo nuevamente vemos cómo en el fondo posado sobre la arena un enorme barco de carga aparece claramente debajo de nosotros.

La cuerda del ancla se encuentra ahora pesada con doce diminutas figuras de buzos que lentamente bajan hacia el gigantesco naufragio del Sherry Lynn en las profundidades caribeñas.

El carguero ligeramente inclinado en su lomo tiene la súper estructura indicada. A 30 metros de la superficie se encuentran los restos de la cabina de mando.

Dentro de ella cuatro enormes barracudas nadan contra la corriente. Inclusive el timón se encuentra intacto, dando la impresión de que las barracudas dirigen el barco fantasma contra la corriente Azul del Golfo de México.

Al tocar el metal de la parte superior del naufragio notamos que cientos de corales se encuentran ya adheridos a su superficie, a pesar de ser este un naufragio reciente.

El fondo de arena y la parte inferior del gigantesco carguero se encuentran a unos 20 metros más abajo. Nos acercamos al borde de la cabina de mando y nos lanzamos al vacío.

La experiencia

Verdaderamente es una experiencia inolvidable. Este descenso libre hacia el fondo del carguero. Lentamente flotábamos entre cientos de peces que acompañaban nuestro sendero a las bodegas del naufragio.

En lo que pareció un descenso interminable tocamos el fondo cubierto de arena y corales del naufragio.

Muchos de los presentes dicen que nuestros alrededor ciertamente se asemeja más a una aventura en el espacio que en el Caribe. Recorrimos por mas de veinte minutos el interior del naufragio en una aventura memorable.

Diversas especies de morenas, peces tropicales, pargos y corales de diferentes especies adornaron nuestro viaje en estos arrecifes artificiales.

Luego iniciamos el feliz ascenso. Primero por las escaleras y pasillos del naufragio hasta la cabina de mando donde las enormes barracudas vigilaban recelosas nuestro ascenso. Diversas paradas de descompresión fueron necesarias.

Esa noche en las aceras de Miami Beach era difícil creer que un mundo tan diferente existiera a unos cuantos metros de la ciudad. Más en nuestra próxima entrega desde esta tierra de grandes aventuras.


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