La izquierda no tiene idea del mundo
Ya lo decía Séneca: “La corrupción es un vicio de los hombres, no de los tiempos”…
Eloy A. Fisher Hogan
eloyfisher@hotmail.com
Paráfrasis cortés y crítica que el notorio comunista y premio Nobel de literatura, José Saramago, le hizo a la izquierda mundial. Al señalar que esta tiene que adaptarse a los tiempos, rebate la retórica desgastada de hace casi medio siglo, una que no se deja guiar por caminos alternativos.
El 8 de febrero, la Federación de Estudiantes Revolucionarios FER-29, junto con otros movimientos populares y sindicales, estaba protestando frente a la Embajada de Estados Unidos de América por la corrupción en Panamá y por la imposición del esquema neoliberal en nuestro suelo.
Esa demostración llamó mi atención. Si bien es cierto que la corrupción, a través de deliberados métodos, es abanicada por las Instituciones Financieras Internacionales –IFI– ¿acaso alguien coaccionó a nuestros servidores públicos para que tomaran el dinero? No fue el neoliberalismo, fueron sus compatriotas. Ya lo decía Séneca: “La corrupción es un vicio de los hombres, no de los tiempos”…
Quizá por eso la izquierda ha perdido legitimidad frente al panorama político actual. Antes heredera de un sentido crítico, ahora parece ahogarse en la misma retórica antiimperialista que –aunque no totalmente desfasada– no logra ofrecer un paradigma para desentrañar el mundo contemporáneo.
Esa terquedad mató a la inquietud contestataria defendiendo lo indefendible; justificando ilusamente lo que está haciendo Castro con Cuba y Chávez con Venezuela, con la salvedad de que la Unión Soviética sólo fue el primer peldaño de un hipotético sueño, mientras que se admite la supuesta ingenuidad administrativa de los sandinistas en Nicaragua. Estos son mitos; mitos diseñados para mantener vivo un fuego que nació muerto por la humedad egotista y avariciosa de sus maderos.
Encasillarse en la caja de la dialéctica materialista no permite ver los avances tecnológicos que han cambiado al mundo. Además, el fundamentalismo es enemigo de toda causa; por eventos de triste recordación es más que evidente. La izquierda necesita revitalizarse y divulgar causas verdaderamente justas, a todas luces justas, sin espejismos ni cortes; sin dinosaurios de una guerra fría e inexcusable en ambos lados por igual.
Allí tenemos a un Marcos en Chiapas y a una Argentina en llamas, a un Nader en Estados Unidos y a los héroes de las protestas en contra del Foro Económico Mundial. Porque luchar por la igualdad sin perjudicar a su hermana –la libertad– no es cosa de los tiempos, sino de la voluntad de quienes estén dispuestos a luchar por la fraternidad de todos los pueblos.
El autor es estudiante de derecho en la USMA
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