Abraham: la fe y sus claves (2)
Jorge De Las Casas
jdelascasas@prensa.com
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El cuadro de Rembrandt nos muestra el intenso momento del sacrificio de Isaac por Abraham.
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(La semana pasada transmitimos ocho claves de la fe en la experiencia de Abraham. Hoy concluimos.)
Cuando Abram tenía 99 años, se le apareció Yaveh
y le dijo: Yo soy el Dios todopoderoso, anda en mi presencia y trata
de ser perfecto. Y yo confirmaré mi alianza entre tú y yo y te multiplicaré
más y más.
Cayó Abram con la cara en tierra, y Dios le habló así: Yo establezco mi pacto contigo de tal manera que vendrás a ser padre de muchas naciones. No te llamarás más Abram sino Abraham: porque te tengo destinado a ser padre de muchas naciones. Yo te haré crecer hasta lo sumo; pueblos y reyes saldrán de ti. Reafirmaré mi alianza contigo y con tu descendencia después de ti, de generación en generación. Será una alianza eterna, yo seré el Dios tuyo y después de ti, de tu descendencia.
Yo te daré a ti y a tu posteridad la tierra en
que andas como peregrino, toda la tierra de Canaán en posesión perpetua
y seré el Dios de los tuyos.
Novena clave: Dios siempre da más de lo que recibe, la alianza que le ofrece a Abraham es perpetua y para todas las generaciones descendientes de él.
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Poco después Yavé visitó nuevamente a Abraham y le dijo: “Dentro de un año volveré aquí. Para entonces, Sara, tu mujer, tendrá un hijo”. Sara ya no menstruaba. Sara se rió, mientras pensaba: “Después de haber envejecido ¿conoceré el placer con mi marido que es tan viejo? Pero Yaveh dijo a Abraham: ¿Hay algo imposible para Dios? Pues bien, volveré a visitarte dentro de un año y Sara tendrá un hijo”.
Décima clave: Para Dios no hay imposible y Dios da señales temporales también (un año a Abraham y Sara).
Dice la Escritura: Yaveh visitó a Sara como lo había anunciado y cumplió con ello su promesa. Sara quedó embarazada, dio a luz un hijo de Abraham, siendo ya vieja y en la fecha que Dios había señalado.
Recordemos que Abraham tenía 24 años de estar
esperando el cumplimiento de la promesa de Dios, desde que salió
de Jarán. Y Dios viene y todavía le anuncia el cumplimiento no para
enseguida, sino para dentro de un año. Abraham siguió creyendo.Y
Dios cumplió. Difícilmente Dios nos hace esperar tanto, pero siempre
es la fe en su palabra lo que nos salva.
El doble movimiento en la fe:
Cuando sufrimos una contradicción en la vida, o perdemos algo, la fe nos brinda un doble movimiento: Cada día que pasa es un día más que nos aleja de un ser querido, que se enfría un afecto, que “parecen” alejarse las posibilidades de obtener algo. Ese es el movimiento visible. Pero hay otro movimiento místico, oculto: porque cada día nos acerca a fecha de realización de una promesa o a la obtención de aquello que aparentaba estar perdido. Para Abraham, cada día limitaba su vida y sus movimientos, cada día que pasaba parecía hacer más lejanas las posibilidades de engendrar él, y de concebir Sara. Pero cada día lo acercó a la fecha determinada por Dios.
El sacrificio de Isaac
Sabemos que, tiempo después, Dios quiso probar a Abraham y le ordenó el sacrificio de su hijo Isaac. Esto escandaliza a algunas personas. Para los que hacen aquí una interpretación literal del texto bíblico, la orden de Dios se ajusta al hecho de la soberanía de Dios, que debemos tener presente; nada está por encima de él; el amor exige, ciertamente, preferirlo. Y Abraham estaba a prueba (Dios, en verdad, no pensaba permitirle la ejecución de tal acto).
Para los que preferimos una interpretación alegórica del pasaje, Abraham creía, debido a las costumbres de su tiempo, que era su deber religioso sacrificar su hijo primogénito a la Divinidad. (Los pueblos cananeos que lo rodeaban, lo hacían.) Decir que el ángel le dijo eso, es una manera de representarlo a la conciencia: Abraham lo creía un mandato divino. Como era fiel a Dios se dispuso a cumplirlo, a pesar de lo mucho que amaba a su hijo y que era el hijo que había deseado y esperado tanto tiempo. En el momento de consumar el holocausto, la mente de Abraham se iluminó con la comprensión de la noble verdad de que el Dios vivo (tan distinto a los baales de piedra) no deseaba el sacrificio de un niño inocente (ni de su niño ni de ningún otro). Que esta verdad que lo colmó de felicidad, salvó la vida de su hijo y le reveló la bondadosa naturaleza del verdadero Dios le fuera iluminada directamente por Este o por ministerio del ángel es secundario. Lo importante es que Abraham descubre una nota ética del verdadero Dios que lo distingue de los ídolos de piedra. Y esta forma de interpretarlo me parece más exigente con la fe de Abraham.
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