Panamá, 23 de febrero de 2002
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La hora de un tipo de cambio religioso

El fin de la convertibilidad dejó en claro que en nuestro país nada es para siempre, especialmente si se encuentra a merced de la voracidad estatal

Gustavo Lazzari y Martín Simonetta

¿Dejaría usted a su canario al cuidado de un gato hambriento? Esta es la pregunta que se hace el economista norteamericano Hans Sennholz cuando se refiere al riesgo que corren los ciudadanos al confiar el manejo de la política monetaria al Gobierno. Hoy esa pregunta es de crucial actualidad en la Argentina, ya que, tras casi 11 años, el Estado se ha liberado del cepo que representaba la ley de convertibilidad en términos de emisión monetaria y ha retornado a una política de tipo de cambio flotante con una marcada intervención del Banco Central.

La salida del régimen de convertibilidad le permite nuevamente al Gobierno cubrir sus gastos a través de la emisión de pesos sin respaldo del dólar. En el marco de estas nuevas reglas de juego, el Gobierno ya anunció una emisión inicial de 3 mil 500 millones de pesos, lo que representa cerca de un 35% de la base monetaria, con un predecible impacto sobre el nivel de precios. Las primeras consecuencias se manifiestan en el índice inflacionario de enero del 2.3%, que marcó la cifra récord desde 1994.

Si asumimos que los tipos de cambio resultan de la oferta y la demanda de las monedas respectivas, podemos decir que la Argentina ha adoptado un “tipo de cambio religioso”, ya que, ante un voraz Estado sin restricciones institucionales a la emisión monetaria, carente de crédito voluntario, con recaudación dramáticamente decreciente y sin voluntad de reducir su nivel de gasto, a los ciudadanos argentinos sólo nos resta elevar plegarias al cielo para evitar la dramática caída del peso frente al dólar, los bienes y servicios, y evitar la consiguiente espiral inflacionaria. Esto se refleja en la cotización del dólar futuro –a tres meses– que actualmente se encuentra por encima de los cuatro pesos.

El fin de la convertibilidad dejó en claro que en nuestro país nada es para siempre, especialmente si se encuentra a merced de la voracidad estatal. En la encrucijada planteada por la insolvencia fiscal de la Argentina y el dilema entre bajar el gasto público o liberar las manos del Leviatán permitiéndole imprimir papel moneda, triunfó la segunda opción. Y el gato, una vez más, se comió al canario.

¿Es posible evitar esto en países institucionalmente subdesarrollados, como está demostrando ser la Argentina? Según el experto del Cato Institute, Steve Hanke, las cajas de conversión han provisto monedas sanas desde su debut, en 1849, performance que se destaca en los casos de Estonia, Lituania, Bulgaria y Bosnia en la década del 90. Asimismo, el otorgamiento a monedas extranjeras del status de curso legal ha funcionado con éxito en países tales como Kosovo, Timor del Este y Montenegro. En el caso de este último, el 2 de noviembre de 2000, después de soportar los estragos del dinar yugoslavo –una de las monedas más envilecidas del mundo– se introdujo un sistema monetario paralelo, en el que el marco alemán se convirtió en moneda de curso legal y se le permitió una libre flotación con el dinar, lo cual se adoptó rápidamente sin el apoyo y guía del Fondo Monetario Internacional. De hecho, Montenegro ni siquiera es miembro del FMI.

En el caso argentino, la convertibilidad como régimen monetario y cambiario no ha sido la causa de la profunda depresión de su economía, sino que ha desnudado las inconsistencias de un gasto público creciente, que para subsistir mató la gallina de los huevos de oro con el peso de los impuestos sobre el sector privado y destruyó el crédito público. Cuando estas alternativas llegaron a su límite y la opción era ajustar a la realidad egresos a ingresos o cambiar las reglas de juego por otras que evadieran el problema central, se optó por la segunda y se salió del 1 a 1.

Actualmente, el país ha regresado a la época de las cavernas en tal sentido y los ciudadanos nos encontramos presos de la desmesura y falta de límites del Gobierno. Sin duda, el retorno a un régimen monetario y cambiario que vuelva a maniatar la voracidad descontrolada de un Estado como el argentino resulta un primer paso necesario para frenar la caída libre en que se encuentra la economía argentina. (FIRMAS PRESS/Fundación ATLAS).

Los autores son director de investigaciones y analista de políticas públicas, respectivamente, en la Fundación Atlas para una Sociedad Libre.


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