La hora de un tipo de cambio religioso
El fin de la convertibilidad
dejó en claro que en nuestro país nada es para siempre, especialmente
si se encuentra a merced de la voracidad estatal
Gustavo Lazzari y Martín Simonetta
¿Dejaría usted a su canario al cuidado de
un gato hambriento? Esta es la pregunta que se hace el economista
norteamericano Hans Sennholz cuando se refiere al riesgo que corren
los ciudadanos al confiar el manejo de la política monetaria al
Gobierno. Hoy esa pregunta es de crucial actualidad en la Argentina,
ya que, tras casi 11 años, el Estado se ha liberado del cepo que
representaba la ley de convertibilidad en términos de emisión monetaria
y ha retornado a una política de tipo de cambio flotante con una
marcada intervención del Banco Central.
La salida del régimen de convertibilidad
le permite nuevamente al Gobierno cubrir sus gastos a través de
la emisión de pesos sin respaldo del dólar. En el marco de estas
nuevas reglas de juego, el Gobierno ya anunció una emisión inicial
de 3 mil 500 millones de pesos, lo que representa cerca de un 35%
de la base monetaria, con un predecible impacto sobre el nivel de
precios. Las primeras consecuencias se manifiestan en el índice
inflacionario de enero del 2.3%, que marcó la cifra récord desde
1994.
Si asumimos que los tipos de cambio resultan
de la oferta y la demanda de las monedas respectivas, podemos decir
que la Argentina ha adoptado un “tipo de cambio religioso”, ya que,
ante un voraz Estado sin restricciones institucionales a la emisión
monetaria, carente de crédito voluntario, con recaudación dramáticamente
decreciente y sin voluntad de reducir su nivel de gasto, a los ciudadanos
argentinos sólo nos resta elevar plegarias al cielo para evitar
la dramática caída del peso frente al dólar, los bienes y servicios,
y evitar la consiguiente espiral inflacionaria. Esto se refleja
en la cotización del dólar futuro –a tres meses– que actualmente
se encuentra por encima de los cuatro pesos.
El fin de la convertibilidad dejó en claro
que en nuestro país nada es para siempre, especialmente si se encuentra
a merced de la voracidad estatal. En la encrucijada planteada por
la insolvencia fiscal de la Argentina y el dilema entre bajar el
gasto público o liberar las manos del Leviatán permitiéndole imprimir
papel moneda, triunfó la segunda opción. Y el gato, una vez más,
se comió al canario.
¿Es posible evitar esto en países institucionalmente
subdesarrollados, como está demostrando ser la Argentina? Según
el experto del Cato Institute, Steve Hanke, las cajas de conversión
han provisto monedas sanas desde su debut, en 1849, performance
que se destaca en los casos de Estonia, Lituania, Bulgaria y Bosnia
en la década del 90. Asimismo, el otorgamiento a monedas extranjeras
del status de curso legal ha funcionado con éxito en países tales
como Kosovo, Timor del Este y Montenegro. En el caso de este último,
el 2 de noviembre de 2000, después de soportar los estragos del
dinar yugoslavo –una de las monedas más envilecidas del mundo– se
introdujo un sistema monetario paralelo, en el que el marco alemán
se convirtió en moneda de curso legal y se le permitió una libre
flotación con el dinar, lo cual se adoptó rápidamente sin el apoyo
y guía del Fondo Monetario Internacional. De hecho, Montenegro ni
siquiera es miembro del FMI.
En el caso argentino, la convertibilidad
como régimen monetario y cambiario no ha sido la causa de la profunda
depresión de su economía, sino que ha desnudado las inconsistencias
de un gasto público creciente, que para subsistir mató la gallina
de los huevos de oro con el peso de los impuestos sobre el sector
privado y destruyó el crédito público. Cuando estas alternativas
llegaron a su límite y la opción era ajustar a la realidad egresos
a ingresos o cambiar las reglas de juego por otras que evadieran
el problema central, se optó por la segunda y se salió del 1 a 1.
Actualmente, el país ha regresado a la época
de las cavernas en tal sentido y los ciudadanos nos encontramos
presos de la desmesura y falta de límites del Gobierno. Sin duda,
el retorno a un régimen monetario y cambiario que vuelva a maniatar
la voracidad descontrolada de un Estado como el argentino resulta
un primer paso necesario para frenar la caída libre en que se encuentra
la economía argentina. (FIRMAS PRESS/Fundación ATLAS).
Los autores son director de investigaciones
y analista de políticas públicas, respectivamente, en la Fundación
Atlas para una Sociedad Libre.
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