En cenizas la leyenda de Río Abajo
El fuego se inició a las 3:45 de la tarde y no fue hasta hora y media después que pudo ser controlado
Edith Castillo Duarte
ecastillo@prensa.com
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Una madre de familia residente en la Boca Town pone a salvo a su dos hijos, luego de que un incendio consumiera tres de los cinco viejos caserones de madera que forman el popular inmueble del Corregimiento de Río Abajo, en el que residen unas 900 personas.
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La leyenda de Río Abajo quedó ayer en cenizas. En cuestión de minutos el fuego, que se inició en la barraca 2183, consumió tres de los cinco viejos caserones de madera del conocido inmueble de la “Boca Town”.
El caos y la violencia se apoderaron del popular sector, luego de que unidades de la Policía Nacional y el corregidor de Río Abajo, Saúl Castillo, intentaron ejecutar una orden de lanzamiento a solicitud de la empresa Hiberpan, S.A, propietaria del inmueble.
Las acusaciones de quién inició el incendio son mutuas. Los residentes aseguran que fueron unidades de la Policía, quienes rechazan estas acusaciones y además procedieron al arresto de Ricardo Oglive, de 19 años, a quien responsabilizan del hecho criminal.
El fuego se inició a las 3:45 de la tarde y no fue hasta hora y media después que pudo se controlado por el Cuerpo de Bomberos de Panamá que llevó al área 10 carros bombas, 3 ambulancias y 150 unidades.
La desesperación, los gritos y el llanto de los afectados se confundían con el crujir de la madera y las explosiones de los tanques de gas.
Mientras el caos y la violencia se apoderaban del lugar cuando las autoridades procedían a ejecutar el lanzamiento, de repente se divisó el humo en la parte trasera de la barraca 2183, en donde ya se había desalojado una de las habitaciones.
Las llamas consumieron tres de las cinco barracas, lo que deja a casi cincuenta familias damnificadas, que no pudieron salvar ninguna de sus pertenencias.
Al parecer no hubo víctimas mortales, según los informes de los Bomberos.
A pesar del siniestro, los residentes de la “Boca Town” se resisten a dejar lo que fuera su vivienda por muchos años.
“Si tenemos que dormir entre las cenizas, lo haremos, pero no vamos a salir de aquí”, dijo uno de los afectados.
Ese era el clamor de todos: “no vamos a salir de aquí... de aquí no nos saca nadie”, decían unos y otros insistentemente y en tono amenazante hacia las unidades de policía que estaban en el lugar.
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