RCM Televisión yerra
El apetito de la gran
audiencia por trivialidad y cursilería advierte a todos el deterioro
de nuestra sociedad
Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx
Sentarse frente al 21, RCM Televisión, el
canal de noticias, es vivir una experiencia excitante en periodismo
de profundidad. Me confieso entusiasta de un concepto que apela
a la capacidad pensante de una audiencia que, aunque lo aprecia
y sintoniza con fruición, aún resulta selectiva.
RCM con su denuncia, aunque gana presencia
en la opinión, afecta fortaleza comercial, y quizás hasta credibilidad.
Yerra cuando señala falta de probidad y transparencia a la licitación
que efectúa el Tribunal Electoral (TE), mientras endilga preferencias
hacia Medcom. Yerra tanto, que termina tildado de irresponsable
por las mismas agencias de publicidad, sin cuyo apoyo, la supervivencia
de la empresa emprende cuesta arriba. Y el peor yerro, pretender
incluir a una institución falible pero aún altamente creíble, en
la vorágine de denuncias que nos azota.
Otros medios y agrupaciones que los representan
muestran desacuerdo con la proporción de la inversión que asigna
el TE. Pero nunca aducen parcialidad o deshonestidad, menos la emprenden
contra magistrado alguno.
El TE invertirá en campaña para las elecciones
de 2004, más de 1.7 millón de dólares. Adjudica casi 70% de la inversión
en medios a Corporación Medcom. Desde la óptica comercial del amplio
rating que concentran aquellas estaciones, la decisión del TE resulta
inobjetable.
Un medio opta por atraer audiencia, o masiva
o selectiva. Con novelas, horóscopos, chistes, noticias, películas
estilo Hollywood, apuesta a masividad. Las estaciones de Medcom
exhiben la mejor sintonía entre grupos masivos. En cambio, programas
de opinión y noticiosos, estilo RCM, más una señal circunscrita
casi a la ciudad capital, atraen a una selecta audiencia, entre
los que cuenta: líderes de opinión, políticos, muy educados y altos
ejecutivos. No serán muchos, pero toman decisiones, debaten las
ideas que obtienen del medio y crean opinión.
Mas, el TE requiere medios que alcancen a
un estimado de 1.8 millón de votantes, a nivel nacional, para el
2004. Entonces deberá favorecer a los masivos como Medcom, sin despreciar
ni priorizar, selectivos. RCM terminaba con un justo 6.7% del presupuesto
publicitario.
La construcción de grandes audiencias, a
más de tiempo e ingenio, impone una programación banal y cursi.
Requieren censurar lo educativo y el debate de ideas, porque no
produce rating. Tampoco emprenden la labor didáctica, pero comercialmente
riesgosa, de refinar el gusto popular. Simplemente replican el peor
gusto, mientras evidencian que el gran público acude al medio en
busca de escape y no de lecciones para afinar espíritus.
La jornada de ocho horas pone tiempo libre
a disposición de los trabajadores. Pero las grandes masas nunca
caen rendidas ante clásicos o excelsas expresiones culturales. Desprecian
a Chopin, Tolstoi, Cervantes, García Márquez, mientras, ¡oh puñeteras!,
adoran culebrones, sensacionalismo noticioso, cursilería y reggae.
Hace 2 mil 500 años, los sofistas, con su
preferencia por la apariencia y olvido de la cultura y valores,
hacen pagar a un Sócrates cuya verdad profunda resulta chocante.
Aquellos como RCM, Canal 11, Fetv, que esquivan el juego banal,
nunca conseguirán demasiado favor de quienes requieran alcanzar
masas.
Aquellos medios pagan su idealismo con una
pérdida de facturación. Pero, el apetito de la gran audiencia por
trivialidad y cursilería advierte a todos el deterioro de nuestra
sociedad.
El Estado constriñe su obligación de velar
por el bienestar espiritual de los asociados, a la censura de manifestaciones,
aunque populares, pasadas de sórdidas. Regatea presupuesto a quienes
intentan hacer periodismo profundo, como a cualquier otro promotor
cultural.
O enfrentamos la trivialidad, o sencillamente
le entregamos también el futuro, porque el presente ya lo tiene.
En su justa frustración, RCM hace enemigos de aliados potenciales.
Yerra el camino al incluir en la vorágine de dudas, y con argumentación
discutible, a una de las pocas instituciones que queda en pie. Termina
enfrentado con unas publicitarias que, y ojalá yerre yo también,
no olvidarán fácilmente. En fin, errar es de humanos.
El autor es investigador de mercado
Además en opinión
• RCM Televisión yerra:
Jaime A. Porcell Alemán
• Etica y
corrupción en el periodismo: I. Roberto Eisenmann, Jr.
• Del lector: Omar Jaén
Suárez
• Partidos políticos
sí o no: Carlos Jiménez
• Aspectos del ayer,
de hoy y de mañana de nuestra Caja de Seguro Social: Roberto
Lombana
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