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Doctor, el niño “se queda”

Solo se podrá hablar de epidemia de tosferina si al final del 2002, el número de casos comprobados supera al de los últimos diez años

Eva Aguilar

eaguilar@prensa.com

Lo ha dicho el ministro de Salud: por el momento no hay epidemia de tosferina en Panamá, y las autoridades sanitarias esperan tener el brote de la enfermedad lo suficientemente controlado para que el número de casos no aumente. Una labor que no será fácil si se tiene en cuenta que la tosferina es sumamente contagiosa, y que para evitar las muertes infantiles, habrá que controlar antes la incidencia en adolescentes y adultos.

Hace dos semanas, un niño murió de tosferina en el Hospital del Niño. Poco después falleció otro. Un nuevo brote de tosferina empezó a registrarse a partir de entonces. Hasta mediados de la semana pasada se habían reportado entre 15 y 16 casos sospechosos. Este fin de semana hay 50 más en la provincia de Coclé. Clínicamente se han comprobado cinco, dos de los cuales corresponden a los niños que murieron.

Panamá tiene un rango de entre 5 y 226 casos de tosferina por año (ver gráfico), y hasta que no se comprueben como ciertos todos los casos sospechosos, los reportes recientes no deberían causar alarma. Además, la cobertura de vacunación en Panamá es entre 90% y 95%, un porcentaje bastante elevado si tenemos en cuenta que ningún país del mundo alcanza una cobertura del 100%.

“Lo que ha ocurrido hasta ahora es una acumulación de casos en un periodo muy corto”, explica Xavier Sáez-Llorens, jefe de Infectología del Hospital del Niño. “No se puede hablar de una epidemia porque todavía el número de casos está dentro del rango esperado de los últimos cinco años”.

Bordatella pertussis

Una mujer llega con su hijo al hospital y se queja de que, al toser, el niño “se queda”. La señora no está equivocada; solo es su forma de explicar el principal síntoma de la enfermedad: ataques de tos que terminan en una inspiración muy profunda y prolongada, acompañada por un sonido agudo al final.

La tosferina es una infección causada por la Bordatella pertussis, una bacteria que sólo circula entre humanos y que se transmite por contagio cuando la persona infectada esparce el germen en el aire a través de las gotas de humedad que expulsa al toser.

El periodo de incubación de la tosferina es entre siete y 14 días. Inicialmente se manifiesta como un catarro al que no se le suele prestar mucha atención. Ello puede durar dos semanas, hasta que se manifiestan los primeros episodios de tos severa, lo que recibe el nombre de fase paroxística. Pasadas unas cuantas semanas, y con el tratamiento adecuado, se entra en la fase de recuperación gradual.

La vacuna contra la tosferina es la DPT, que protege al organismo de la difteria, la pertussis y el tétano. Es una vacuna que tiene más de 30 años de ser utilizada en la mayoría de los países del mundo y es también la que se utiliza en Panamá. Su efectividad es del 85%, es decir, que de 100 niños vacunados, 15 serán todavía susceptibles a la enfermedad.

La DPT se aplica por primera vez cuando el niño ha cumplido los dos meses. Uno de los dos niños que murieron de tosferina no había llegado todavía a esa edad.

De acuerdo con el jefe de Infectología del Hospital del Niño, los estudios han demostrado que la eficacia de la vacuna empieza a partir de los dos meses, cuando el niño ya puede responder a la inmunización produciendo suficiente cantidad de defensas.

Un niño debe recibir tres dosis de la vacuna en el primer año de vida. La primera a los dos meses, la segunda a los cuatro meses y la tercera a los seis meses de edad. Entre los 15 y 18 meses, el niño debe recibir una cuarta dosis, y una quinta a los seis años de edad.

Sin embargo, la vacuna tiene eventos adversos como fiebre, irritabilidad y vómitos que se manifiestan en un 15% y hasta un 25% de los niños. Estos efectos secundarios se repiten con más fuerza a partir de la tercera aplicación y esta es la razón por la que, a pesar de que la vacuna debería volver a aplicarse cada 10 años, en muchas ocasiones no se haga.

“En el individuo mayor los eventos adversos pueden ser más severos que la misma enfermedad”, explica el médico.

De acuerdo con Sáez-Llorens, existe una nueva vacuna que recibe el nombre de DPT acelular. Las dosis para combatir la difteria y el tétano son iguales a la de la vacuna tradicional, pero sus componentes para prevenir la tosferina han variado. En lugar de utilizar la bacteria completa, se aíslan algunas proteínas de la Bordatella pertussis y con ello se ha reducido el número de efectos secundarios. Ello permite aplicarla con seguridad después de los 6 años de edad, y también al adulto.

“En Estados Unidos y Europa esta DPT acelular ha reemplazado a la DPT vieja”, explica Sáez-Llorens. “Lo que ocurre es que es mucho más cara”. En otras palabras, Panamá no la tiene y pasará todavía mucho tiempo antes de que los centros de salud reemplacen a la tradicional. “Antes tiene que bajar el precio”.

La mortalidad en niños afectados por tosferina es mucho más frecuente en menores de un año y sobre todo en menores de tres meses. La muerte sobreviene porque durante los episodios de tos disminuye la cantidad de oxígeno que llega al cerebro. Los niños hacen pausas en la respiración, y si no se les ayuda rápidamente con ventiladores y máscaras de oxigeno, se ahogan o convulsionan. También ocurre que a los niños pequeños que padecen tosferina se les complica la enfermedad con otra infección bacteriana que desemboca en pulmonía.

Sin embargo, no todos los niños enfermos mueren. De acuerdo con Sáez-Llorens, la mortalidad está entre el 5% y el 15%. “Si a los niños se les identifica a tiempo, antes de que entren en la fase paroxística [ataques intensos de tos] y se les vigila, se puede disminuir la mortalidad a cero”. El problema está en que esto es precisamente lo que no ocurre. Los niños que murieron llegaron al hospital en una fase de la enfermedad muy avanzada y después de padecerla durante varias semanas.

La tosferina se trata con eritromicina, un antibiótico que elimina la Bordetella pertussis, y que reciben como tratamiento niños, adolescentes y adultos. Sin embargo, la tos producida por la bacteria puede tardar entre cuatro y ocho semanas en desaparecer. En ese tiempo se procura aislar a los pacientes para evitar que contagien a otras personas.

Además: la pobreza y las enfermedades contagiosas van de la mano

 


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