¿Esperanzas?
El país necesita de dramáticos cambios para que de tanta desolación y cenizas renazca la esperanza
I. Roberto Eisenmann, Jr.
En un libro titulado Conversaciones con Elie Wiesel, él acepta que, como sobreviviente de los campos de concentración nazi, pertenece a una “generación traumatizada”; sin embargo, reitera su esperanza. “A veces –dice– siento que mi esperanza es absurda, pero hago esfuerzos por nutrirla, alimentarla y fortalecerla”. “La historia es, después de todo, un experimento, un laboratorio en el que todos debemos trabajar”. “Es de humanos construir...a veces nos toca construir desde las ruinas, de las cenizas, pero siempre hay que construir”.
Lo que ocurre hoy en nuestro país no es para nada comparable con la horrenda noche negra que vivió Wiesel y precisamente por eso, por lo dramático de su experiencia, es por lo que su mensaje esperanzador es ejemplo a seguir.
Hoy la gran mayoría de los ciudadanos decentes de nuestro país están asqueados. La credibilidad de los tres órganos del Estado está en cero. La credibilidad de la “gran empresa” (por ponerle un nombre) está también golpeadísima. Por las expectativas y esperanzas creadas al ya golpeado pueblo colonense, este sufre otra gran desilusión, ya que es obvio que el proyecto CEMIS no podrá seguir bajo las empresas de Martín Rodin y se requerirá una nueva licitación con nuevos jugadores.
Entonces, frente a tanto golpe, ¿en quién creer? ¿Cómo mantener las esperanzas? y ¿cómo nutrir, alimentar y fortalecer nuestras esperanzas sin caer en el absurdo?
El país necesita de dramáticos cambios para que de tanta desolación y cenizas renazca la esperanza. A veces hay que tocar fondo para que se produzcan esos actos dramáticos de recomposición. ¿De dónde o de quiénes pueden venir? He aquí algunas de mis esperanzas:
- El nuevo presidente de la Corte Suprema es para mí un joven y respetado jurisconsulto que me produce esperanzas. Sé que reconoce que la ineficacia de la justicia y la impunidad son elementos clave que requieren de cambios dramáticos para cualquier tentativa de recomposición, y sé que tiene intenciones reformadoras. La actuación de la Procuraduría será una gran prueba para la Corte, ya que ella remueve y nombra al procurador.
- El joven presidente de la Asamblea Legislativa se está empinando sobre el estiércol y está adoptando –con una nueva independencia esperanzadora– medidas de transparencia renovadoras que producen esperanza, si las continúa con firmeza.
- Los comisionados anticorrupción nombrados por la presidenta son simpatizantes de su gobierno, y, precisamente por eso y por su prestigio personal, tienen la gran y única oportunidad de producir con urgencia una lista concreta de acciones renovadoras e impactantes, que la presidenta se comprometió a cumplir.
- La presidenta de la República, en la medida que se aleje visiblemente de los maleantes de siempre, y actúe con energía y celeridad sobre las medidas que le recomienden sus comisionados y sus asesores Carlos Rodríguez y Mario Galindo, quienes cuentan con un enorme grado de credibilidad, puede producir los cambios que reaviven la esperanza del país y salven sus histórica presidencia.
- Transparencia Internacional, capítulo de Panamá, tiene credibilidad pública y continúa trabajando arduamente y con eficacia. La Ley de Transparencia –que logró por consenso– ya comienza a abrir las puertas y a prender el foco sobre los actos públicos. Transparencia se ha propuesto lograr –por convocatoria del PNUD (entidad internacional de gran credibilidad y además con gran capacidad de convocatoria) y el apoyo de las cabezas de los tres órganos del Estado– un Plan Nacional de Integridad que cuente con el respaldo de toda la sociedad civil y política.
En cuanto a los partidos políticos, siento que Martín Torrijos puede ser esperanza si logra purgar a los corruptos y no se deja enterrar. Por los lados del arnulfismo hay elementos jóvenes y maduros como, por ejemplo, Blandón y Salas, y un potencial reinscrito Alberto Vallarino, que podrían significar renovación para ese partido.
Esperanzas ¡sí las hay! Los próximos días dirán si las nutrimos o si las comprobamos absurdas. Yo, siempre optimista.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
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