Panamá, 20 de febrero de 2002
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Defensor del lector
Negocios
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
Punto exe
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

Moral pública y cuestiones personales

Dícese, y con sobrada razón, que moralista es aquel que da buenos consejos cuando se cansa de dar malos ejemplos

Fernán Molinos D.

Algo bueno tiene que salir de lo que el país vive en las últimas semanas. Y es que algunos escándalos cumplen una función de asepsia al dar curso público a situaciones que alguien necesita mantener ocultas por razones tortuosas. Y nada más ominoso que la corrupción de funcionarios por cuanto ello atañe a la moral social.

La indolencia como actitud individual frente a los asuntos de interés colectivo ha fomentado entre nosotros una cultura de picaresca; un acomodamiento a las circunstancias cuando estas nos favorecen. Cerrar los ojos cuando nos es conveniente. Atajos al cumplimiento de las normas para ahorrarnos el tiempo de trámites insalvables. ¿Corrupción? ¡Qué va! Viveza criolla, simplemente.

Mucho hay que temer que de la cresta a la que nos han llevado los sucesos que se comentan, podamos deslizarnos con la comodidad de esperar que las autoridades hagan lo suyo, sin poner lo que a cada uno corresponde para combatir la corrupción.

Dícese, y con sobrada razón, que moralista es aquel que da buenos consejos cuando se cansa de dar malos ejemplos. Así que se espera, en cuestiones de moral, que prediquen los que tienen las manos limpias. Y de una manera u otra muchos de los que nos damos golpes de pecho a cuenta de las faltas de los demás, lo hacemos para ensordecer nuestra propia conciencia. Algunos logran amaestrarla al punto de convertir los errores propios en razones, mientras que vistas en los demás son excusas para proceder al margen de la ley.

Bien está que el país se nos ponga de cabeza porque descubrimos corrupción en órganos del Estado, bien llamados así, porque eso son precisamente, órganos vitales. ¿Pero qué pasa con aquellos asuntos sobre los cuales debemos rendir cuentas personales? La transparencia que exigimos de quienes nos gobiernan debe ser la misma que norme nuestras actuaciones en lo particular.

No cabe duda de que la responsabilidad, la probidad y la ética son fuerzas mayores en nuestra sociedad que las articuladas por la corrupción. Ello no es sólo la expresión de un anhelo sentido. Es el convencimiento de la existencia de una nación que cree en el trabajo honesto y que hace posible, pese a coyunturas y circunstancias periódicamente adversas, el desarrollo productivo del país. Sólo que no podemos cerrar los ojos a la evidencia de que cedemos terreno a las prácticas corruptas, sin que ello sea exclusivo de las esferas gubernamentales. De hecho, casos recientes endosan responsabilidades serias y severas a empresas privadas.

En un panorama tal hay que apostar a la confianza en las esferas que adelantan las investigaciones. Hay que rodearlas del respaldo y del apoyo necesarios para que cumplan su tarea al margen de presiones interesadas y de manejos desorientadores. En situaciones así, el Ministerio Público representa todas las posibilidades inmediatas de la institucionalidad misma del país.

Siempre habrá que tener en cuenta que cuando las autoridades fallan, cuando los líderes se rezagan, las sociedades recurren a sí mismas para salir de los laberintos más oscuros. Eso sí, las fórmulas y los métodos no suelen ser previsibles.

El autor es miembro del Fórum de Periodistas y columnista de REDIPAZ


Además en opinión

De Nueva York a Porto Alegre: ¿hay todavía esperanza?: Juan David Morgan G.
Buscando soluciones: Carlos A. Harris Jiménez
Moral pública y cuestiones personales: Fernán Molinos D.
El discurso político actual: un tributo a la demagogia: Rodolfo A. de Gracia Reynaldo
¿Esperanzas?: I. Roberto Eisenmann, Jr.






¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ Trasfondo¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios ¦ UH Deportes ¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦
Derechos reservados, Corporación La Prensa.internet@prensa.com