La superpoblación de generales latinoamericanos
La producción masiva
de generales en América Latina parece un dato folclórico, casi gracioso,
pero no lo es
Andrés Oppenheimer
aoppenheimer@herald.com
Ahora que Argentina, Venezuela, México y
otros países latinoamericanos están buscando formas de reducir el
gasto público, aquí va una idea que deberían considerar: terminen
con la superpoblación de generales.
En los últimos años, los presidentes civiles
latinoamericanos han promovido a cientos de oficiales del ejército
a generales con el objeto de mantenerlos tranquilos y evitar golpes
militares. En el proceso, el número de generales se ha disparado
a niveles ridículos, y peligrosos.
Tomemos el caso de México. A pesar de que
las fuerzas armadas de ese país se manejan como una logia secreta
y no dan a conocer cifras de sus oficiales, una fuente diplomática
bien situada en ciudad de México me señaló que el ejército mexicano
tiene 585 generales en actividad. En comparación, el de Estados
Unidos tiene 329 generales, según ese instituto armado.
¿Para qué demonios necesita México 585 generales?
En el pasado, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI)
detentaba el poder, la elite gobernante necesitaba nombrar generales
al por mayor para asegurarse la lealtad de las fuerzas armadas al
modelo de partido autoritario que regía en el país. Pero ahora que
México ha elegido al primer presidente no-priísta en siete décadas
y dejó atrás el autoritarismo, la superpoblación de generales parece
un despilfarro de dinero increíble.
O tomemos el caso de Venezuela. El presidente
populista Hugo Chávez, un ex teniente coronel del ejército, ha duplicado
el número de generales en los últimos tres años a unos 250, según
el Frente Militar Institucional, un grupo “'antichavista”' de militares
retirados.
Un general venezolano en actividad, que ocupa
un alto puesto de Gobierno, me desmintió esa cifra, afirmando en
cambio que hay 100 generales del ejército y 70 generales de la Guardia
Nacional. Sin embargo, confirmó que el número de generales se ha
duplicado en los últimos tres años.
Chávez, cuya popularidad en las encuestas
se ha desplomado, quiere asegurarse de que los altos mandos del
ejército estén de su lado. De manera que además de promover a decenas
de oficiales a generales, les ha dado carros, choferes, secretarias
y varias tareas de escritorio para mantenerlos ocupados, dicen los
críticos del mandatario.
Además, puede que Chávez haya querido crear
una superpoblación de generales para diluir el poder de los que
estaban en actividad cuando él subió al poder, y evitar que un grupo
de éstos acumule demasiado poder. Chávez promovió y dio mando de
tropas a los más leales, y envió a su casa a unos 84 generales en
actividad.
“Muchos países latinoamericanos tienen estructuras
militares con un número sobredimensionado de generales, para mantenerlos
alejados de la política”, dice Stephen A. Meyer, un oficial retirado
del ejército de Estados Unidos. “De hecho, se trata de un soborno”.
En Perú la situación no es muy diferente.
Cuando el presidente Alejandro Toledo subió al poder el año pasado,
descubrió que el régimen del ex mandatario Alberto Fujimori le había
dejado 135 generales en el ejército.
Cada general tenía un carro, un chofer, un
ayudante personal, una secretaria, 80 galones de gasolina gratis
por mes, y muchos otros gastos pagados, me dijo un alto funcionario
peruano. Decenas de generales tenían trabajos de escritorio, porque
no había suficiente tropa para todos.
En los últimos meses, el Gobierno peruano
ha reducido el número de generales a unos 55. Pero esto sigue siendo
demasiado para las necesidades del país, dicen expertos militares.
Chile tiene casi 50 generales del ejército,
y Argentina unos 32. Bolivia tiene por lo menos 20 generales y –a
pesar de no tener salida al mar– seis almirantes de la marina.
La producción masiva de generales en América
Latina parece un dato folclórico, casi gracioso, pero no lo es.
La sobrepoblación de generales está inflando los presupuestos militares
en momentos en que muchos países están cerrando escuelas y hospitales
por falta de fondos.
En los últimos 10 años, Sudamérica ha incrementado
los gastos militares un 59%, y Centroamérica un 29%, según el Instituto
Internacional de Investigaciones para la Paz de Estocolmo, Suecia.
Una gran parte de este aumento ha ido al pago de salarios y beneficios
para los militares, dicen los expertos del instituto.
De manera que ahí va mi sugerencia: reduzcan
el número de generales a una o dos docenas, que es más de lo que
necesita la mayoría de los países. Hay demasiados generales, con
demasiados choferes, en una región con demasiados pobres.
El autor es corresponsal extranjero y columnista
de The Miami Herald y de El Nuevo Herald
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