Panamá, 20 de febrero de 2002
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Chávez parece la persona menos indicada; con el lenguaje menos indicado; en el sitio menos indicado; en el momento menos indicado

José Rodríguez Iturbe
jbrodriguez@cantv.net

Se acaba el tiempo. Algunos no lo ven. Otros no quieren verlo. Pero la realidad está allí. El 11 de septiembre cambió las referencias. Guste o no, así es. Las crisis, en cualquier latitud, se ven en un marco de confrontación bélica. Sin esa variable, los fenómenos pierden comprensión objetiva. El 11 de septiembre cercenó toda posible viabilidad al proyecto Chávez. Si es que, de veras, hubo tal proyecto. Si es que, alguna vez, tuvo ribetes de realidad. Los rasgos favorables para el éxito político (que no militar) ahora se revierten. Fueron los rasgos de un individuo. Su capacidad de comunicación, su magnetismo.

Todo lo que antes sumaba ahora resta. Chávez parece la persona menos indicada; con el lenguaje menos indicado; en el sitio menos indicado; en el momento menos indicado. La “Revolución” es más falsa que Judas. Era y es una careta. La “Revolución” es Chávez. Todo Carnaval termina en Miércoles de Ceniza. Se agota el tiempo de la banalidad y es necesaria la madurez. Dar la cara y no la careta. El talibán venezolano es, en realidad, Chávez. Es lo principal. Todos los demás son accesorios. Satélites de utilería... Por fuera, papagayo enredado. Todo enredado. Declaraciones secuenciales: Powell, Ford, Tenent. Preocupación continental por esta bufonada. Más allá del video y de la avioneta con municiones. No es lo mismo Colombia sola, que Colombia y Venezuela.

La expansión de la crisis. La extensión del conflicto. ¿Y Brasil? No es lo mismo Brasil solo que Brasil con Colombia y Venezuela. A la Cumbre Andina en Lima, con Bush, Chávez no está invitado. La “Revolución” pierde aliados, si alguna vez los tuvo. A comienzos de abril es posible que termine la “tregua” colombiana. Fue una paz estratégica para volver a la guerra. La antítesis del si vis pacem para bellum. Al lado de lo bélico, el panorama electoral. La primera vuelta de las elecciones nacionales de Colombia será en mayo de 2002. La segunda, en junio. Encabeza hoy un candidato independiente, surgido de las filas del liberalismo, Alvaro Uribe, crítico de la política de Pastrana, partidario de una línea dura contra la narcoguerrilla. Aparece seguido por el candidato oficial del Partido Liberal, Horacio Serpa. En tercer lugar aparece Noemí Sanín, candidata del Movimiento Sí Colombia, de origen conservador. Las candidaturas de Augusto Ramírez Ocampo (candidato oficial del Partido Social Conservador, de Pastrana) y de Luis Garzón (líder sindical) no se ven con opción de victoria. Posiblemente, en la segunda vuelta, serán los votos de Sanín los que inclinarán la balanza para decidir quién será el próximo presidente de Colombia. Para el mejor desenlace de allí, conviene que aquí la situación haya cambiado. Por el bien de Colombia y por el nuestro. Además, está el Brasil. La primera vuelta de sus elecciones será en octubre; la segunda, en noviembre. Roseana Sarney, gobernadora de Maranhao (nordeste), hija del ex presidente Sarney, sigue subiendo en las encuestas. Pero Luiz Inácio da Silva, Lula, conserva una posibilidad electoral sólida. Antes de las elecciones brasileñas es no sólo conveniente, sino necesario que la situación de Venezuela haya cambiado. Y no de cualquier modo. Cambiado de tal manera que, en caso de actualizarse la hipótesis del escenario más riesgoso para la estabilidad política, económica y militar del mayor Estado de América Latina, la posición de Venezuela sea bálsamo en la herida y no gasolina en el fuego. Colombia y Venezuela son países importantes, pero de mediano rango en la comunidad hemisférica. México y Brasil son los “grandes”: los “Estados pivotes” de América Latina. “Estados pivotes” son aquellos cuya crisis o inestabilidad lleva aparejada la crisis o inestabilidad de la región entera en la cual están ubicados. Mucho antes de las elecciones brasileñas, pues, la incógnita venezolana debe estar despejada. Y bien.

Lo que no logró Chávez en su gira loca de casi un mes después de los atentados de septiembre en Estados Unidos, lo logró el coronel Soto con su discurso, y, luego, la espontaneidad de la marejada opositora en las calles. Chávez sólo logró en otoño un comentario burlón de cuarta página en un periódico británico. Soto logró mención de primera página en los principales diarios de Europa occidental. Desde el 4 de febrero de 1992 no tenían las incidencias públicas de nuestro país tanta atención. La diferencia estuvo en que el 7 de febrero de 2002 no hubo alzamiento ni muertos ni intento de magnicidio. Los voceros oficialistas protestan por las manifestaciones en La Casona. Son los mismos que asaltaron con tropas y a tiros la residencia presidencial el 4 de febrero.

Giornale di Brescia (me envían con retraso el periódico). Sábado, 29 de diciembre de 2001, pág. 7. Noticia referente a un bresciano emigrado a Venezuela, Gabriele Giusto. Es uno de los múltiples secuestrados en nuestro territorio para financiar la narcoguerrilla colombiana. El periódico italiano da por supuesta la vinculación entre el Gobierno de Venezuela y los malvivientes. Como muestra sólo dos párrafos. “El empresario bresciano habría sido raptado por un grupo que opera en la zona limítrofe con Venezuela y que, en este caso, se habría desplazado centenares de kilómetros dentro del territorio venezolano, hasta Calabozo, ciudad agrícola ubicada en el centro de Venezuela, donde fue realizado el rapto”. “El hecho de que los raptores, siempre que vengan de Colombia, hayan podido obrar sin ningún tipo de obstáculos en el territorio venezolano no parece un detalle extraño a nuestros diplomáticos en América del Sur, sobre todo porque casi todos los guerrilleros colombianos son tolerados por Venezuela y, además, apoyados por Caracas de manera no oficial”. Por Gabriele Giusto la narcoguerrilla, al parecer, pide 5 millones de dólares. ¿Cuánto por la “colaboración” de las autoridades venezolanas?

El autor es ex presidente del Congreso venezolano


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