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El carnicero de los Balcanes, un acusado histórico en manos del TPI

Por Beatriz Lecumberri

LA HAYA, Feb 15 (AFP) — El ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic entró esta semana en la historia por un motivo que hubiera querido evitar: ser el primer jefe de Estado juzgado por un tribunal internacional por su participación en los tres conflictos que desintegraron los Balcanes en la última década del siglo XX.
Considerado constructor de la paz en la región en 1995, cuando firmó los acuerdos de Dayton que pusieron fin a la guerra en Bosnia, hoy, Milosevic se ve relegado al desprecio de los dirigentes occidentales y se sienta en el banquillo de los acusados del Tribunal Penal Internacional (TPI) de La Haya.

Contra él pesan acusaciones de genocidio, crimenes contra la humanidad y crímenes de guerra por las que podría pasar el resto de su vida en la cárcel. Condenado desde ya políticamente y en los medios de comunicación, el mandatario, que renunció a la ayuda de abogados y se defiende él mismo, no está dispuesto a ser una víctima fácil de una justicia en la que no cree.
Arrogante, impenitente y convencido de representar a todos los serbios, Milosevic denuncia que es objeto de un injusto juicio político y por ello su defensa es también política.
Para ello, se apoyará en el conflicto más polémico de los Balcanes: Kosovo (1998-99), donde la OTAN lanzó sus bombas en marzo de 1999, en un acto de "injerencia humanitaria", según los expertos, que agravó el impacto de la guerra y aumentó el número de desplazados.

En su fogoso discurso de defensa Milosevic acusó esta semana a la OTAN y a Estados Unidos de la catástrofe humanitaria sufrida en Kosovo y de fabricar "un océano de mentiras" para encajarle una condena a cadena perpetua.
Los dirigentes europeos por su complicidad y cobardía, el ministerio fiscal del TPI por su parcialidad y ligereza a la hora de establecer sus acusaciones y los medios de comunicación por su apoyo ciego e ingenuo a las políticas de defensa occidentales son también culpables en mayor o menor medida de la desintegración de Yugoslavia, según el mandatario, preso desde hace siete meses y medio en la cárcel de La Haya.

Durante su intervención, el ex mandatario, que luce habitualmente una corbata con los colores de la bandera serbia (rojo, blanco y azul), levantó su dedo índice, acusador, hacia los jueces y fiscales y mostró un aplomo propio de un jefe de Estado y no de un acusado de genocidio apodado "el carnicero de los Balcanes", que según la fiscal cometió "crímenes indecibles" para colmar su desmedida ambición de poder.
No obstante, Milosevic asegura poder "mirar cara a cara" a todo el mundo sin avergonzarse y jura que representa a todos los ciudadanos que lo apoyaron, sin embargo, el mandatario se enfrenta sólo a esta última batalla: el pueblo que lo ensalzó parece haberse olvidado de él y no hay en La Haya amigos o colaboradores políticos para acompañarlo.

Solo un compañero del Partido Socialista serbio le lanza miradas de apoyo desde el otro lado del cristal a prueba de balas del TPI.
Tampoco su esposa Mira Markovic, su mujer desde hace más de 30 años, está con él en esta dura prueba que comenzó el 12 de febrero y no tiene fecha para finalizar. Quienes le conocen dicen que de todas formas Milosevic está sólo desde niño. Nacido en Pozarevac (Serbia) en 1941, su padre, un teólogo ortodoxo, y su madre, una comunista convencida, se suicidaron cuando él era todavía un adolescente.
El "pequeño Lenín", como le llamaban sus compañeros de colegio, cometió según la fiscal actos de un "salvajismo medieval" en los trece años que estuvo en el poder en Yugoslavia (1987-2000).

No obstante, Carla del Ponte tendrá que demostrar la implicación de Milosevic en las guerras de Kosovo, Croacia (1991-95) y Bosnia (1992-95) para justificar sus acusaciones de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra en los tres conflictos y la de genocidio en Bosnia, la más severa y la más difícil de probar.
Milosevic espera demostrar jurídicamente aprovechándose de los fallos de la defensa que no fue culpable de ninguno de estos tres crímenes y que su único delito es "defender a su pueblo". No obstante, el ex mandatario parece tener claro que el TPI podría dictar contra él una sentencia ejemplar y que será muy difícil que vuelva a Belgrado.

 

 


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