Los 50 de la ‘escuela taller’
La meta de la escuela-taller será salvar la Mansión Obarrio, inmueble ubicado en San Felipe y que data de finales del siglo 19
Manuel Vega Loo
mvega@prensa.com
Luego de un proceso de eliminatoria que conllevó entrevistas personales, pruebas sicológicas y presentación de créditos académicos, se escogió a los 50 estudiantes del proyecto educativo escuela-taller.
Esta iniciativa, creada en conjunto entre el Gobierno panameño y la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI), combina la enseñanza en las aulas con la práctica de campo.
La meta y a la vez la prueba final de los administradores, profesores y estudiantes de este programa es salvar, a más tardar en dos años y medio, la Mansión Obarrio, inmueble ubicado enfrente del Museo de Arte Religioso y el Arco Chato, en el barrio de San Felipe.
Este plan de la AECI ya ha sido un éxito en otros países de América Latina, donde decenas de jóvenes profesionales han contribuido en la restauración de sus zonas antiguas. Como Cartagena de Indias, en Colombia y la ciudad de Antigua, en Guatemala.
En Panamá, cada uno de los alumnos puede optar por especializarse en albañilería, carpintería, ebanistería y forja. Además recibirán clases sobre administración y gestión de pequeñas empresas y servicio al cliente.
Una oportunidad
Tras la publicación de la convocatoria en los medios impresos, 175 jóvenes llenaron su solicitud para ingresar a esta academia.
De los 50 estudiantes escogidos, 39 provienen de diferentes sectores de la capital y el resto del interior del país.
Una de esas afortunadas es Zumari González, quien considera que este proyecto contribuirá a mejorar el corregimiento de San Felipe, que siempre ha sido su hogar.
Zumari, antes de conocer sobre este proyecto, tenía pensado estudiar arquitectura, porque siempre le ha gustado construir y reparar edificios.
“Luego de que concluyan los dos años y medio de estudios, mi meta es optar por una beca para continuar estudiando en España, con el propósito de especializarme”, indicó Zumari, quien es una de las nueve mujeres que asisten a la escuela-taller.
Al consultarle si era difícil su especialización en ebanistería, Zumari, de 18 años de edad, dice que “las mujeres también pueden desempeñar las labores que realizan los hombres”.
–¿Entonces, la ebanistería no es difícil?
–Trabajar con la madera es algo bonito, porque uno le puede dar la forma que uno quiera. Es una creación.
Otro que está muy contento con su puesto en este proyecto es Rodrigo Alberto Murillo, un joven de Curundú, de 24 años, quien antes de esta experiencia estudiaba estructura civil en el Instituto Nacional de Formación Profesional de Panamá (INAFORP).
Murillo, a quien le encanta investigar los elementos que identifican a Panamá como pueblo, desea especializarse en un futuro en restauración colonial.
“Tuve que elegir la ebanistería como especialización porque soy un poco alérgico a los químicos del cemento.”, dijo Murillo.
Agregó que también le gusta la ebanistería desde que estudiaba en el INAFORP, donde aplicó para una especialización relacionada a la construcción de columnas y vigas.
Murillo quiere continuar estudios al igual que Zumari González, porque pretende luchar por un futuro mejor para él y su familia. “Me llama mucho la atención la topografía, puede ser una alternativa a futuro”.
Esta oportunidad también puede transformarle la vida a Luis Bonilla, de 20 años, quien cree en la escuela-taller porque le ofrece una alternativa de estudio (obtiene gratuitamente todos los útiles escolares necesarios) y al mismo tiempo una ayuda económica (recibe una beca de 120 dólares al mes y almuerzo diario).
Bonilla, quien se graduó de la escuela secundaria a los 19 años, esta ilusionado con esta nueva opción, que según él le abre una gama de diferentes posibilidades.
“Espero terminar como un profesional en todo el sentido de la palabra”, dijo Bonilla.
González, Murillo y Bonilla asisten a clases diariamente en unas aulas habilitadas en la Escuela Presidente Valdés, en San Felipe.
Los alumnos del interior del país viven en el hotel Colón, el resto regresa a sus hogares ubicados en diferentes sectores de la provincia de Panamá.
Las aportaciones
Esta escuela-taller abrió sus puertas gracias a las aportaciones de 220 mil dólares del gobierno panameño y 242 mil dólares de la AECI.
Lia Méndez, directora del plantel de Panamá, detalló que el plan de estudio de estos alumnos está dividido en seis cuatrimestres.
Agregó que en los primeros tres cuatrimestres recibirán un título de ayudante y al finalizar el cuarto tendrán su título de especialización.
Méndez aclaró que la mayoría de los profesores y tutores son panameños. “A medida que avanzan los cuatrimestres aumenta el número de horas de su especialidad”.
La directora dijo que solo está pendiente de que el Ministerio de Educación apruebe el plan de estudio de la escuela-taller, para que el título de los estudiantes sea reconocido en la sección de carreras intermedias.
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