Panamá, 15 de febrero de 2002
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Dolor

El médico debe escuchar a su paciente atentamente con sus oídos, sus ojos y su corazón, para responder con todas sus facultades profesionales y humanas

I. Roberto Eisenmann, Jr.

En algún momento, todos los seres humanos sufrimos dolor físico. El dolor tiene la función importante de alertar sobre un trauma o mal funcionamiento en alguna parte de nuestro cuerpo, para que los médicos puedan dedicarse a su cura. Como contraste, el dolor nos ofrece la oportunidad de apreciar la salud y gozar de la vida al aliviarnos. Aquellos que –como quien escribe– hemos sufrido toda la vida por la migraña, sabemos lo que es sufrir dolor intenso sin que exista una razón lógica para ello, ni contrapartida positiva.

“Como el dolor es intrínsecamente subjetivo, su tratamiento siempre será vulnerable a la negligencia o apatía de la profesión médica” –dice el Dr. Scott Fishman en su reciente libro titulado Guerra al dolor (The War on Pain). El indica que el médico debe escuchar a su paciente atentamente con sus oídos, sus ojos y su corazón, para responder con todas sus facultades profesionales y humanas. En un capítulo del libro titulado “Dolor al fin de la vida”, el Dr. Fishman sentencia “nadie tiene que morir con dolor. Todo sufrimiento es tratable. Incluso, al final de la vida hay que procurar asegurar que sean días de conexión y terminación, y no de dolor, soledad y desesperación. En ese momento es cuando la persona necesita más consuelo que explicación. Claro que el enfermo quiere saber su prognosis, pero está más interesado en sentir que su médico tiene sentimientos hacia él o ella como persona”.

El temor es un magnificador del dolor, y el temor al dolor es a veces mayor que el temor a la muerte. Después de todo, el dolor puede ser tormentoso y en esa circunstancia la muerte puede llegar y representar la cura. “¿Me atenderán mi dolor?” –se pregunta con temor la persona que está muriendo– o “¿me harán rogar que me den la pastilla que me alivie, sin hacerme caso, así como uno muchas veces ignora los ruegos continuos de un niño?”.

También hay en el libro un capítulo titulado “Hacia un mundo sin dolor... la promesa del futuro”, que brinda muchas esperanzas: primero, porque ya se va formando una especialidad del dolor en la medicina, que permitirá anticipar los dolores de un paciente mucho antes de la crisis; el logro de estos adelantos demuestra que se le ha dado prioridad a la calidad de vida. Además, ya el uso de la resonancia magnética y el láser con una mini-videocámara permite a los médicos ver donde antes nunca pudieron ver sin cirugías traumáticas y riesgosas. Esto permitirá medicamentos a la medida del paciente, que además se aplicarán por vías poco traumáticas, como parches adhesivos, pulverizadores nasales e, incluso, con aplicadores por boca tipo lollipop. Hoy hay para el dolor un parche adherente de nombre Duragesic que es de 75 a 125 veces más potente que la morfina. Además, hoy en día hay analgésicos cuya administración puede ser controlada por el propio paciente. Esto sin hablar de los microstrands –más delgados que una hebra de cabello humano– que pueden llevar una gota de medicamento a una célula específica en cualquier lugar de la anatomía humana, y los potenciales microchips con medicamentos varios a la medida del paciente, lo que equivaldría a instalarle en su cuerpo una farmacia personalizada, eliminando la deprimente función de tragarse una decena o veintena de píldoras diarias que pierden gran parte de su eficacia al bajar por el sistema digestivo. Cuando el chip se perfeccione, la píldora y la inyección serán tan útiles como lo es hoy la máquina de escribir.

En conclusión: pareciera factible una vida y una muerte sin dolor. El avance de la medicina hace posible pensar ya en un mundo sin dolor físico, y hasta en un mundo con grandes alivios al dolor emocional. A lo que tendremos que dedicarnos todos y cada uno de nosotros, es a buscar afanosamente el remedio para ese agudo dolor de patria que hoy padecemos.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana

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