Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
El pasado jueves tuvimos una amena reunión con el coordinador
general de la Confederación Brasileña de Fútbol,
Nilson Goncálvez. Conversamos de todo un poco, durante
una conferencia de prensa que montó la Comisión
Normalizadora.
Por momentos me sentí raro escuchando lo que nos comentaba
Goncálvez y sobre todo sus respuestas a nuestras preguntas.
Parecían interplanetarias con respecto a nuestra realidad
futbolística.
Me llamó la atención, al igual que al restos
de mis colegas, el interés de los brasileños por
querer tener algún tipo de relación deportiva
con la federación panameña de fútbol, así
como sus respuestas, que me parecieron sinceras, sobre todo
viniendo de una persona que, pese a tener tan alto cargo, a
simple vista irradia franqueza y humildad.
La visita de Goncálvez y, en especial, la muestra de
simpatía de la Confederación Brasileña
de Fútbol al entablar una relación deportiva con
su homóloga panameña, es un buen paso en las pretensiones
de crecer con roces internacionales de este tipo y porqué
no, ser vistos y valorados futbolísticamente por otras
asociaciones.
Tratándose de Brasil es mucha cancha la que tenemos
por delante. A la actual dirigencia no le queda otra que aprovechar
lo poco que se está consiguiendo, tratando de correr
bien el campo sin perder la iniciativa.
Muchas veces, con justa razón, se ha criticado a la
actual directiva de la Comisión Normalizadora, pero en
este punto hay que darle crédito al oportunismo en haberle
respondido un fax a la Confederación Brasileña
de Fútbol cuando se le invitó para la Copa Joao
Havelange. Ese hecho le llamó la atención a Goncálvez,
ya que como nos decía, fuimos el último país
en recibir la invitación y uno de los primeros en contestar.
Hace ocho días escribíamos en este mismo espacio,
que nuestra realidad futbolística no la iba a cambiar
el proyecto de categorías de selecciones menores de Gary
Stempel. Se podían dar resultados en cuanto a participaciones
internacionales, pero nuestro calvario se mantendría
intacto mientras no se le buscaran soluciones.
Por eso, el convenio con la confederación brasileña
cae como el maná al fútbol panameño, inmerso
en un abismo de críticas, escepticismo e incredulidad.
De alguna manera se le tendrá que sacar provecho si se
hacen bien las cosas. Tampoco es que va a cambiar nuestra realidad.
Suena contradictorio que los brasileños, futbolísticamente
hablando, se fijen en nuestro fútbol. Tal vez alguien
se sienta ofendido, pero solo miremos la vez que el equipo mayor
de Panamá se enfrentó a su similar de Brasil en
Curitiba, en agosto del año pasado, cuando nos golearon
5-0. Algunos periodistas brasileños se mofaban del resultado
por haber goleado a un equipo que estaba situado en la posición
112 del ranking de FIFA.
En ese sentido debemos darnos por servidos. Ya es un hecho
de nuestra relación con los brasileños, que sea
poca o mucha no importa por ahora, lo que hay que tener presente
es que nos están facilitando ciertas pautas para engrandecernos,
porque así es como se aprende y se crece.
La Comisión Normalizadora debe mantener este tipo de
amistad como si se tratara de un noviazgo. Mantener al tanto
a la Confederación Brasileña y no dejar que esta
llama se apague. Son oportunidades que no hay que desaprovechar,
porque algo es algo.