Panamá, 8 de febrero de 2002
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Defensor del lector
Negocios
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
Punto exe
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

¡Ay! de mi Constitución política

La solución vendrá cuando todos nos reconozcamos protagonistas del mal que ahora nos escandaliza, nos propongamos rectificar y, con la educación, darle solución

Alexis V. Herrera V.
alexishp@icazalaw.com

Por muchos años se han dado los gritos de la necesidad de una Constituyente como el gran remedio a todos nuestros problemas de Estado, y siempre consideré que no era más que el último recurso le que quedaba a mano a los que no han podido alcanzar el poder por los medios reconocidos. Sin embargo, en estos días en que se han dado las confesiones públicas, muestra de la corrupción que ha llegado hasta el tuétano y de la que todos éramos sabedores, han saltado nuevamente las voces de los viejos pregoneros de la Constituyente y a ese coro se han unido otros que creo más sinceros, pero no por ello también totalmente errados, totalmente ilusos, proponiendo también la Constituyente, si no como la cura total de nuestro mal, sí como el primer y gran paso; resultado, en mi opinión, de la frustración, si no de la conclusión del más superficial análisis sobre el mal que nos aqueja.

Hay que preguntarles, no a los primeros que ven la Constituyente como el trampolín para hacerse con el poder, sino a los que sinceramente creen o ven una nueva Constitución como el único antídoto a nuestros males en la cosa pública, ¿quién o quiénes propondrían o harían la nueva Constitución? ¿A quiénenes como se preguntaba un incrédulo anciano de mi pueblo, se le confiará tal misión?

Detengámonos por un instante y ubiquémonos en el momento de seleccionar a los constituyentes: si lo hace el Ejecutivo, lo hará con toda la pasión, escogiendo a sus partidarios o al menos a quienes le simpatizan; si lo hacemos por elección popular, me espeluzno, los constituyentes serán los mismos legisladores y representantes de corregimiento, son los de la misma carnadura, que en cada elección popular nos agrada elegir. Si los seleccionan los gremios, resultarán electos los dirigentes gremiales que no ven ni huelen más allá del interés de su grupo, si no es que tienen aspiraciones políticas o sueños de ser al menos legislador.

Los latinoamericanos (¡y qué si no somos latinoamericanos!), tenemos más de dos siglos de estar ensayando con constituciones, cuyos textos son la envidia de los mejores redactores de la ciencia política; todo está escrito y nada puede agregarse a nuestras cartas políticas como fundamento de nuestros Estados, pero lo triste es que esos Estados los formamos nosotros los latinoamericanos, unos más, otros menos, pero todos hombres subdesarrollados. Tenemos los más bellos párrafos de la prosa, casi poemas, en nuestras constituciones, pero para lo ordinario, para las cosas del día, para lo elemental –que los grandes pueblos no tienen nada escrito, porque son reglas que se cumplen de puro sabido– nosotros no tenemos nada, porque esas reglas que los hombres de los pueblos desarrollados cumplen sin necesidad de texto escrito, no son conformes con nuestra naturaleza.

Claro que es fácil integrar una nueva Constituyente para que los presidentes y legisladores jamás puedan reelegirse; para que un hijo no sea suplente de su padre legislador y viceversa; para que se eliminen las partidas circuitales; para que el voto del legislador siempre sea de viva voz, y que su inmunidad no se extienda a delitos comunes y que la calificación de la clase de delito sea competencia del juez a quien se atribuye el conocimiento del supuesto delito, a requerimiento del Ministerio Público o del propio encausado; para que se sepa quién hará la elección de los magistrados; para que el servidor público no sea despedido por razones políticas y, en fin, prohibir todo lo que a lo mejor ya está prohibido por allí en cualquier ley, decreto o según el sentido común. Pero ese no es el problema. El problema somos todos nosotros, todos y cada uno, en mayor o menor medida.

Basta un ejemplo, ¿qué ha logrado Colombia con la Constituyente y la nueva Constitución hecha en tiempos de la presidencia de Gaviria? Fue una Constituyente con todos los poderes, barrió con todo, que por poco –y sólo gracias a la agilidad política de Gaviria– no fue removido de la Presidencia del país, y allí está Colombia con los mismos problemas que quisieron resolver de una vez con aquella Constituyente.

De seguro que un destacado constitucionalista o politólogo panameño tendrá la osadía de señalar por qué el proyecto colombiano no fructificó.

El mal está en nosotros, desde el estudiante de escuela secundaria, pasando por los profesionales más destacados, hasta llegar al más común de los ciudadanos. Todos vendemos nuestros votos (por cierto que hasta por menos de los 6 mil dólares), y todos estamos dispuestos a comprarlos; es cuestión de oportunidad. La coima me viene bien cuando la he de recibir y está justificado el pago para alcanzar tal fin.

No encontraremos solución al mal que nos aqueja; no con ninguna Constitución para deleite de los empedernidos constituyentes o destacados juristas o dirigentes gremiales. No. La solución vendrá cuando todos nos reconozcamos protagonistas del mal que ahora nos escandaliza, nos propongamos rectificar y, con la educación, darle solución, y a sabiendas de que no es tarea fácil y mucho menos a corto plazo. Hagámoslo.

El autor es abogado

Además en opinión

Cosas: I. Roberto Eisenmann, Jr.
La sobria virtud de la juma: Jaime A. Porcell Alemán
¡Ay! de mi Constitución política: Alexis V. Herrera V
La corrupción como consecuencia y no como causa: Enrique David Ho Fernández






¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ Trasfondo¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios ¦ UH Deportes ¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦
Derechos reservados, Corporación La Prensa.internet@prensa.com