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Periodismo y poder, corrupción
e incapacidad
Es necesario cambiar conductas, fortalecer
los valores y, sobre todo, profundizar en la investigación
Gerardo Berroa Loo
gberroa@prensa.com
De acuerdo con la tradición popular de la prensa, los medios
informativos pueden cambiar la dirección de las normas públicas
poniendo al descubierto los sobornos y la corrupción.
Según el periodista estadounidense J. Herbert Altschull,
un ejemplo que ilustra esta creencia es la renuncia forzada del
ex presidente estadounidense Richard Nixon como resultado de los
artículos sobre el Watergate. Sin embargo, afirma Altschull
quienes creían que Nixon era un malvado y buscaban derrotarlo,
pudieron hacer un uso inteligente de la mitología, manipulando
a la prensa para que hiciera el trabajo por ellos.
Esto no quiere decir que los periodistas carezcan de poder; de
hecho, más de unos cuantos periodistas han alcanzado la prominencia
y el poder por medio de sus escritos y han tratado de ejercer ese
poder en la arena política. Sin embargo, solo cuando las
metas de los periodistas coinciden con las de la sociedad en la
que viven, es cuando pueden alcanzar sus fines.
Los últimos acontecimientos que han estremecido a la opinión
pública panameña, los supuestos sobornos en la Asamblea
Legislativa para la ratificación de dos magistrados de la
Corte Suprema de Justicia y para la aprobación del proyecto
que desarrollará en Colón el consorcio San Lorenzo,
llaman a la reflexión sobre el papel que juegan los periodistas.
Jactarse de pertenecer al cuarto poder no es suficiente. Es necesario
cambiar conductas, fortalecer los valores y, sobre todo, profundizar
en la investigación.
La práctica del periodismo declarativo hay que superarla.
El periodismo panameño descansa en la objetividad. Pero el
periodismo, más que objetivo, tiene que ser justo. No es
suficiente transcribir objetivamente lo que afirma un político
de otra persona, si lo que dice de ésta no es cierto. Es
necesario que el periodista investigue más para llegar a
la verdad.
Esa cultura del periodismo declarativo es utilizada por quienes
detentan el poder y por los que aspiran a lograrlo. Es por eso por
lo que el periodismo panameño debe profesionalizarse. Hay
que profundizar en la investigación; no basta con la declaración
y, para muestra un botón: en 1997, cuando se privatizó
el Instituto Nacional de Telecomunicaciones (INTEL) desde el ex
presidente Ernesto Pérez Balladares hasta sus ministros aseguraban
que la privatización de esta empresa traería rebajas
para los consumidores. Los periodistas nos quedamos con esas declaraciones,
no investigamos. Tres años después nos sorprendió
el hecho de que en el contrato de privatización se establecía
un aumento escalonado del servicio telefónico.
Es cierto que los medios informativos pueden cambiar la dirección
de las normas públicas, pero para ello debe existir una prensa
profesional. Y es que los gobernantes de todas partes como
ha sido la práctica a lo largo de la historia aprovechan
cualquier oportunidad para tener una prensa favorable. Recordemos
sólo un caso.
Entre los líderes políticos del siglo XIX que reconocieron
la utilidad de una prensa favorable se halló Otto von Bismarck,
el principal arquitecto de la Alemania moderna. Bismarck utilizó
la táctica más moderna de administración
de noticias: Dispuso de una gran cantidad de dinero que la
prensa liberal calificó de Reptilien-Fonds, o
fondo para reptiles para sobornar a la prensa, a fin
de que hiciera propaganda de sus leyes y de otros objetivos políticos.
No titubeó en emplear a quienes el historiador Erich Eyck
llamó sus perros de la prensa para alcanzar sus
fines políticos, algunos internos y otros externos.
Si examinamos el problema a conciencia, vemos que este fondo de
reptiles ha existido a lo largo de la historia, existe y seguirá
existiendo, y no solo en la esfera gubernamental.
Un periodismo profesional evita todos estos problemas. En los últimos
días se ha acentuado la presión en la lucha contra
la corrupción, pero la lucha contra la incapacidad sigue
durmiendo el sueño eterno. La corrupción es un grave
problema y la incapacidad es otro peor, pero el daño es mucho
mayor si ambos males van de la mano, que es lo que ha ocurrido en
los últimos años.
Los periodistas también desempeñan un papel importante
en la lucha contra la incapacidad. No se trata solamente de publicar
currículos bonitos de me gradué en tal universidad
y trabajé aquí y allá, sino de publicar
qué hizo esa persona en esas empresas antes de ser funcionario.
Publicar su trayectoria profesional. Para ello es necesario investigar.
Es tarea fundamental del periodismo panameño denunciar la
corrupción y la incapacidad gubernamental, ya que de esa
manera se fortalece la democracia. Esta labor la lleva a cabo el
periodista con la investigación y la denuncia de todo acto
de corrupción e incapacidad del que tenga sospecha.
El autor es periodista
Elecciones inéditas
A los dos candidatos archirrivales les toca convencer
al 26% de los electores que votaron por Solís o al 31% de
los que decidieron no votar
Juan Luis Batista
jlbatista@prensa.com
Definitivamente las elecciones del 3 de febrero en Costa Rica fueron
inéditas. Por primera vez, en medio siglo de democracia,
los costarricenses se van a una segunda vuelta electoral el próximo
7 de abril.
Ninguno de los 13 candidatos llegó al 40% de los votos requeridos
para llegar a la Presidencia de la República.
El desencanto por los partidos tradicionales, canalizado en el
nuevo Partido Acción Ciudadana (PAC) y su candidato Ottón
Solís, ha sido un factor clave para que se dé este
fenómeno.
Sin embargo, el próximo 7 de abril volverán los mismos
de siempre a la contienda: el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC)
con su candidato Abel Pacheco de La Espriella y el Partido Liberación
Nacional (PLN) con Rolando Araya Monge.
Por supuesto que el escenario es diferente. La Asamblea Legislativa
quedó totalmente dividida en cuatro grandes bloques, que
tendrán que ponerse de acuerdo.
Aparte del PLN, el PUSC y el PAC, la cuarta fuerza importante es
el Movimiento Libertario que eligió a seis diputados de los
57 que tiene Costa Rica.
Ahora a los dos candidatos archirrivales les toca convencer al
26% de los electores que votaron por Solís o al 31% de los
que decidieron no votar. Estos dos grandes grupos podrían
inclinar la balanza a favor de cualquiera de los dos candidatos.
Abel Pacheco, que alcanzó el 38.5% de los votos, parece
que se ha lanzado a su nueva estrategia política.
Esta semana sorprendió a todo el mundo al anunciar que su
candidato a vicepresidente, Luis Fischman, no continuaría
como parte del comando de su campaña.
Fischman, un abogado de 54 años, diputado del PUSC y ex
ministro de seguridad, era considerado como el poder detrás
de Pacheco.
Los liberacionistas ven en Pacheco a un hombre de ideas sueltas
sin un programa sólido de gobierno. Para todos nosotros
es evidente que Fischman es el lazarillo de don Abel, decía
hace poco al diario La Nación el liberacionista Oscar Campos.
Al parecer Pacheco está empeñado en ofrecer una imagen
de energía y fortaleza durante este período.
El autor es periodista
Darle al ratón
el cuidado del queso
¿Quién garantiza que este dinero
realmente se manejará con transparencia y que en el camino
no vaya a esfumarse parte del mismo?
Edith Castillo Duarte
ecastillo@prensa.com
Desde que tomó posesión, el 1 de septiembre de 1999,
Mireya Moscoso ha planteado la necesidad de utilizar el Fondo Fiduciario
para el Desarrollo (FFD) y desde entonces ha presentado un sinnúmero
de propuestas.
La primera consistió en usar 500 millones de dólares,
casi el 40% del total del Fondo, para mejorar el servicio y la infraestructura
del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN).
Luego se propuso el uso de este ahorro de todos los panameños
para la recompra de deuda externa y para inversión social,
alternativa que todavía está en el tapete.
El tema no sale de la agenda del Gobierno y en la mesa del diálogo
nacional es la prioridad número uno, y es el asunto que prácticamente
impide que el diálogo avance.
Muchísimo se ha escrito sobre la conveniencia o no de gastarse
este ahorro. Se trata, exactamente, de mil 252 millones 751 mil
622 dólares (que corresponde más o menos al 14% del
Producto Interno Bruto).
Panamá está en la mira de las calificadoras internacionales,
que están muy pendientes de los resultados del diálogo
nacional. Ya el banco de inversión Bear Stearns advirtió
de la posibilidad de una nueva baja en la calificación de
riesgo del país, lo que dependerá de lo que suceda
en el foro económico.
Todos reconocen que, con la baja en las tasas de interés,
el FFD tiene un pobre rendimiento y que la recompra de bonos Brady
podría ser una alternativa positiva para el país.
Pero con el escándalo de considerable magnitud que se ha
destapado en las últimas semanas, ya no se habla de rendimiento
sino de seguridad. E inmediatamente me viene a la mente lo que sucedió
con el famoso programa de viviendas de la Caja de Seguro Social,
con Van Dam y con la compra-venta de licencias y certificados marítimos
en el Consulado de Filipinas, por ejemplo.
Y el sobresalto es mayor cuando pienso en el escándalo mayúsculo
de la compañía energética Enron. La cuna de
la democracia, la justicia y la transparencia, ya lleva un muerto
y una sucesión de incidentes originados en este escándalo
financiero.
Con el panorama nacional y los ejemplos internacionales nada edificantes,
sobradas razones hay para desconfiar hasta del santo padre, si bien
me confieso ferviente cristiana. Lamentablemente el dinero todo
lo corrompe.
En medio de todas las denuncias de sobornos, compra de votos, abultadas
planillas, botellas y todo lo que falta por destaparse, el momento
es el menos propicio para hablar del uso del Fondo Fiduciario.
En la mesa del diálogo se analiza la posibilidad de usar
parte de este dinero para inversión social, pago de deuda
y compra de bonos globales.
Hay que pensarlo hasta un millón de veces para dar un voto
afirmativo. ¿Quién garantiza que este dinero realmente
se manejará con transparencia y que en el camino no vaya
a esfumarse parte del mismo? Insisto en que no hay garantías,
pero sí mucha desconfianza.
Hay quienes hablan de nombrar una comisión fiscalizadora,
pero, ¿quiénes la integrarían, qué requisitos
se les exige, dónde se encontraría a estas manos inocentes
que no vayan a sentir la tentación de llevarse algo al bolsillo?
¿Dónde estarán los insobornables?
Por la tranquilidad de los ciudadanos de este país creo
que el Gobierno debe olvidarse de esta opción de financiamiento,
porque no ha dado muestras de verdadera transparencia en su gestión
pública.
En las actuales circunstancias sería como poner al ratón
a cuidar el queso.
La autora es periodista
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