Panamá, 1 de febrero de 2002
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Curando a un moribundo

Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com

El anteproyecto de trabajo que presentó Gary Stempel sobre categorías menores es valedero, sobre todo si se quiere aplicar en un país tercermundista en materia de fútbol como el nuestro.

No lo es todo, tengamos presente, si pensamos revolucionar este deporte. Quien esté haciéndose a la idea está construyendo castillos en el aire.

Escuchaba hace días decir a Stempel durante una conferencia de prensa, en la que presentó su propuesta de categorías menores, que no hay mayor frustración cuando se participa en un torneo que ver a equipos mejor organizados que los nuestros.

Para evitar esto, propuso comenzar a crear una estructura si se quieren buscar resultados, independientemente de que él o cualquier otro esté al frente de la dirección de los seleccionados menores.

Entiendo a Stempel, porque no debe haber nadie más frustrado que él con los últimos acontecimientos que ha tenido con las selecciones menores.

Es natural, que después de un comienzo feliz en San Pedro Sula y Hershey, las cosas se le presentaran de otro color, no solo en lo deportivo con sus equipos sino a lo interno con las preparaciones de los mismos, además de lo administrativo. Es valiente.

Tal vez Stempel tenga razón cuando habla de crear una estructura con este anteproyecto en materia de selecciones menores que ya tiene el visto bueno de la Comisión Normalizadora, pero recalco, esto no lo es todo. Aquí solo se está tratando una parte de un gran problema social y deportivo.

Puede ser que se consigan resultados con estas selecciones que se van a trabajar con un proceso, pero habría que ponerse a pensar primero en las facilidades de trabajo que le proporcionaría la Comisión Normalizadora y lo más importante, si este proyecto se mantendría vigente con las otras comisiones o federaciones que sucedan a la de Ariel Alvarado. Conociendo nuestro entorno, es cómo para ponerse a pensar.

Todo esto apenas es uno de los tantos parches que se necesitan para coser a nuestro sufrido fútbol. Hay males todavía mayores que nos mantienen escépticos con respecto a una solución a la crisis de este deporte.

Se menguarían temporalmente en materia de resultados, que es la meta para la cual ha sido concebido. Porque aquí mientras no haya una infraestructura, en la que por lo menos salga un club de fútbol en toda la extensión de la palabra; mientras no haya un orden de ideas, una comunión entre dirigentes y entidades deportivas, una mejor visión del Estado, no podremos hablar de un engrandecimiento. Unicamente de resultados pasajeros.

Imagínense, caros lectores, ya por allí se habla de remodelar por "milésima" vez la cancha del estadio Rommel Fernández con el visto bueno de la señora Presidenta, dizque para ponerle un césped parecido al Estadio Nacional de béisbol, cuando todos saben en este país que el problema eterno de la cancha ha sido el drenaje.

Como se ve, aquí cada uno hala para su lado, no hay consenso. Nuestro templo de fútbol seguirá siendo emparchado por los siglos de los siglos, sin que se pueda visualizar ni siquiera una solución a largo plazo.

Estamos hablando de nuestra principal estructura futbolística, de un coliseo que no cuenta con lo necesario para la práctica del fútbol y en el que en estos momentos entrenan dos selecciones masculinas y una femenina.

Lo mejor de todo es que con todo este panorama desalentador hay gente que piensa que aquí se puede hacer una liga de fútbol profesional.

Habrá que esperar en lo que resta del año, confiando en que el plan de Stempel tenga sus efectos inmediatos y que de alguna manera logre cambiarle la fisonomía a este deporte, para por lo menos curar uno de los miembro de todo este cuerpo moribundo llamado fútbol de Panamá.

 




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