Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com
El anteproyecto de trabajo que presentó Gary Stempel
sobre categorías menores es valedero, sobre todo si se
quiere aplicar en un país tercermundista en materia de
fútbol como el nuestro.
No lo es todo, tengamos presente, si pensamos revolucionar
este deporte. Quien esté haciéndose a la idea
está construyendo castillos en el aire.
Escuchaba hace días decir a Stempel durante una conferencia
de prensa, en la que presentó su propuesta de categorías
menores, que no hay mayor frustración cuando se participa
en un torneo que ver a equipos mejor organizados que los nuestros.
Para evitar esto, propuso comenzar a crear una estructura si
se quieren buscar resultados, independientemente de que él
o cualquier otro esté al frente de la dirección
de los seleccionados menores.
Entiendo a Stempel, porque no debe haber nadie más frustrado
que él con los últimos acontecimientos que ha
tenido con las selecciones menores.
Es natural, que después de un comienzo feliz en San
Pedro Sula y Hershey, las cosas se le presentaran de otro color,
no solo en lo deportivo con sus equipos sino a lo interno con
las preparaciones de los mismos, además de lo administrativo.
Es valiente.
Tal vez Stempel tenga razón cuando habla de crear una
estructura con este anteproyecto en materia de selecciones menores
que ya tiene el visto bueno de la Comisión Normalizadora,
pero recalco, esto no lo es todo. Aquí solo se está
tratando una parte de un gran problema social y deportivo.
Puede ser que se consigan resultados con estas selecciones
que se van a trabajar con un proceso, pero habría que
ponerse a pensar primero en las facilidades de trabajo que le
proporcionaría la Comisión Normalizadora y lo
más importante, si este proyecto se mantendría
vigente con las otras comisiones o federaciones que sucedan
a la de Ariel Alvarado. Conociendo nuestro entorno, es cómo
para ponerse a pensar.
Todo esto apenas es uno de los tantos parches que se necesitan
para coser a nuestro sufrido fútbol. Hay males todavía
mayores que nos mantienen escépticos con respecto a una
solución a la crisis de este deporte.
Se menguarían temporalmente en materia de resultados,
que es la meta para la cual ha sido concebido. Porque aquí
mientras no haya una infraestructura, en la que por lo menos
salga un club de fútbol en toda la extensión de
la palabra; mientras no haya un orden de ideas, una comunión
entre dirigentes y entidades deportivas, una mejor visión
del Estado, no podremos hablar de un engrandecimiento. Unicamente
de resultados pasajeros.
Imagínense, caros lectores, ya por allí se habla
de remodelar por "milésima" vez la cancha del
estadio Rommel Fernández con el visto bueno de la señora
Presidenta, dizque para ponerle un césped parecido al
Estadio Nacional de béisbol, cuando todos saben en este
país que el problema eterno de la cancha ha sido el drenaje.
Como se ve, aquí cada uno hala para su lado, no hay
consenso. Nuestro templo de fútbol seguirá siendo
emparchado por los siglos de los siglos, sin que se pueda visualizar
ni siquiera una solución a largo plazo.
Estamos hablando de nuestra principal estructura futbolística,
de un coliseo que no cuenta con lo necesario para la práctica
del fútbol y en el que en estos momentos entrenan dos
selecciones masculinas y una femenina.
Lo mejor de todo es que con todo este panorama desalentador
hay gente que piensa que aquí se puede hacer una liga
de fútbol profesional.
Habrá que esperar en lo que resta del año, confiando
en que el plan de Stempel tenga sus efectos inmediatos y que
de alguna manera logre cambiarle la fisonomía a este
deporte, para por lo menos curar uno de los miembro de todo
este cuerpo moribundo llamado fútbol de Panamá.