Panamá, 1 de febrero de 2002
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Defensor del lector
Negocios
Revista
Reseña
Tecnología
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
Talingo
SEPARATAS
Pulso de la Nación
Punto exe
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

La Lupe y Celia, caras distintas de la misma gloria (2)

A sus más de 50 años en escena, hace gala de tal vitalidad y lucidez que bien las quisiera una artista con la mitad de abriles

Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx

“Pero tú tienes la bemba/ Bemba colorá”. Cuando el maestro Tito Puente escuchó aquella voz grave, potente y exacta como disparo al centro, creyó que era un hombre. Emana del cañón de una mulata fea, pero graciosa, enfundada en la piel de un torbellino guarachero de sonrisa amplia y bemba colorá.

Imposible imaginar la historia de la música afrocubana sin la refulgencia de dos divas: Una, La Lupe, preferida de intelectuales y fanáticos de su locura; la otra, Celia Cruz, adorada por bailadores. Mientras la estrella de Guadalupe Yoli se extingue, la de Celia de la Caridad Cruz Alonso refulge para personificar casi un cuento de hadas.

También a Celia, la gloria la toca primero en Cuba. Pero a diferencia de La Lupe, educa su voz, no demasiado. En 1950, ingresa como vocalista a la legendaria Sonora Matancera, con quien repasa el continente, durante 15 años. Se casa con el trompetista Pedro Knight, con quien ya cumple cuatro décadas.

Con la Matancera llega a tierras panameñas y actúa nada menos que en Chitré, en el Jardín Colonial. Retorna a Panamá, una y otra vez. Pero igual que La Lupe, nunca más pisa la isla. Terminan censuradas del diccionario de la música cubana, y así, las dos divas más rutilantes del mundo latino, no existen para la Cuba revolucionaria.

El cuento de hadas se materializa. Celia graba ocho discos con Puente. En su Recordando el ayer, con Johnny Pacheco, apela a la tradición del son y la guaracha, plena en fórmulas fáciles de éxito seguro. Con Willie Colón intenta innovadora fusión de música brasileña con el son, en una producción que sólo ellos pueden concebir, y que da inicio al boom salsero. Obtiene éxitos con las orquestas de Pappo Luca y Ray Barretto. Aquella voz rotunda, representa al género en la orquesta Fania All Stars, dirigida por el flautista Pacheco, y que incluye todas las estrellas del momento, incluso al cantautor panameño Rubén Blades.

Cansada de repetir sobre el escenario la graciosa anécdota del restaurante donde solicita café cubano con azuuúcar, incorpora la dulce palabra como grito de guerra. Y ¡azúcar! recorre medio mundo, hasta Finlandia, Suiza y Francia, donde no entienden lo que canta, pero arrebata, mientras abre nuevos mercados para este género exitoso que ahora denominan Salsa.

Cual breves elipsis en su ascendente trayectoria, aporta autenticidad sonera al pop caribeño de Willie Chirino y Gloria Estefan. También graba con los rockeros Los Fabulosos Cadillacs y Jarabe de Palo. Saca tiempo para participar en 10 películas, entre ellas, Los reyes del mambo y en varias telenovelas mexicanas. Hoy día filman su vida con la estelar Whoopy Goldberg.

Mas Celia encierra incógnitas. No se sabe quién la bautiza con aquello de “Reina de la Salsa”, aunque lleve el título con el garbo y gracia que merece. Tampoco se conoce la edad de la reina. Se sospecha que nació un 21 de octubre de 1924, fecha que ella ni confirma ni niega. Le endosan hasta 84 años. Al final, nos convencemos de que importa poco. El status de diva permite adscribirse la edad que provoque. A sus más de 50 años en escena, hace gala de tal vitalidad y lucidez que bien las quisiera una artista con la mitad de abriles.

Mientras la vida de La Lupe exuda más agonía que éxtasis, Celia merece incontables distinciones. Esta católica, apostólica, africana, fogosa en escena, pero equilibrada tras bastidores, ostenta casi un álbum por cada año, de una vida en que cosecha 20 discos de oro y de platino, 12 nominaciones al Grammy y tres doctorados honoris causa. Su nombre identifica algunas de las calles más visitadas del mundo. Desde indocumentados hasta el presidente Reagan solicitan que se le conceda la Estrella de Hollywood. En el 97, el presidente Clinton le otorga el National Endowment for the Arts. La humilde maestra, a quien su padre de mala gana dejaba cantar, asciende desde el barrio pobre de Santo Suárez hasta el sitial de la más conspicua embajadora de la cultura latina en el mundo.

Celia, igual que Cenicienta, llega a reina, por portarse bien. Su antónima vive sórdida y muere plebeya, para legarnos la conciencia de que en el encanto de su sordidez, sólo topamos la nuestra: “Según tu punto de vista, yo soy la mala”.

El autor es investigador de mercado

Además en opinión

Por fin, el primer INDH: I. Roberto Eisenmann, Jr.
La Lupe y Celia, caras distintas de la misma gloria (2): Jaime A. Porcell Alemán
El desplome de la clase política: Carlos M . Arango Jr.
El amenazante mundo del trabajo infantil: Geraldine Emiliani S.






¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ Trasfondo¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios ¦ UH Deportes ¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦
Derechos reservados, Corporación La Prensa.internet@prensa.com