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Actualidad
Una experiencia gris
Les pido disculpas a los funcionarios
de menor jerarquía, cuyos salarios fueron expuestos públicamente
Lorenzo Abrego
labrego@prensa.com
Particularmente me aterran los mundos absolutos, me parecen complicados
y cargados de un misticismo que pocas veces puede brincar en la
tierra sin que el tiempo acalle su terquedad.
No acabo de entender las purezas ni mucho menos las lecciones de
moralidad que se dictan constantemente en los pasillos del poder
de nuestra ciudad y que chocan generalmente con la sabia humildad
que reina en las callejuelas y que sin mucho alarde es silenciada
por la pobreza real. La que se vive y se siente.
A pesar de este pesimismo congénito, guardo leves esperanzas
de la actuación humana y sobre todo de la práctica
pública que es remunerada por la sociedad con sus impuestos.
Cuando estallaron las denuncias de corrupción entre el poder
político-económico y viceversa, sobre el país
cayó un manto oscuro que no acaba de romperse. Es tan grueso
que ni Sansón con toda su fuerza podría reventarlo.
Es una oscuridad peligrosa que da miedo, porque toca niveles encumbrados
que de una u otra forma están vinculados con las decisiones
vitales para la supervivencia de la democracia.
Este hecho sirvió sin duda para que la sociedad organizada
se sacudiera y exigiera al Ejecutivo la sanción de la Ley
6 del 22 de enero del 2002 sobre transparencia en la gestión
pública. A mi entender, lo único bueno que nos puede
quedar de este despelote de denuncias es esta herramienta legal
que ya comenzó a preocupar a más de cuatro funcionarios.
A los servidores públicos con rango o sin él, les
llegó la hora de cumplir su discurso. Ahora hay que decir
y hacer. De lo contrario, se rasgará el velo y aun
mintiéndole a los periodistas con el suministro de información
incompleta la ciudadanía sabrá juzgar hasta
dónde llega su capacidad de maniobra para poder escaparse,
cual Tío Conejo en competencia de campo.
Tengo que reconocer como parte de mi experiencia que he calificado
como gris, que antes que la ley entrara a regir asistí al
Colegio Nacional de Abogados, donde el defensor del Pueblo, Juan
Antonio Tejada, habló con esmero y orgullo de su política
de transparencia e instó a los demás sectores a emular
las prácticas que en este terreno ellos iniciaron.
Inmediatamente llegué a la redacción, escribí
la nota sin muchos aspavientos como es habitual, pero posteriormente
me propuse comprobar si el discurso del defensor compaginaba con
la práctica, y por ello le solicité, sin formalidad,
la planilla completa de su institución. Esta información
no estaba disponible en la página web de la agencia estatal.
La reacción del funcionario fue simple: en menos de dos
días nos mandó la planilla completa, la puso en la
web a disposición de los ciudadanos y rompió un mito.
Se pudo saber con nombre propio quién trabajaba en la Defensoría
y cuánto ganaba. Debo confesar que la planilla se publicó
de manera completa, porque era la primera vez que una institución
revelaba sus intimidades. Les pido disculpas a los funcionarios
de menor jerarquía, cuyos salarios humildes fueron expuestos
públicamente. Créanme, es un cargo de conciencia que
no puedo olvidar.
Antes de este episodio bastante aleccionador, por iniciativa personal
y debidamente consultada, tratamos de comprobar qué tan consecuente
era la Caja de Seguro Social con un memorándum de transparencia
que emitió su director, Juan Jované, en noviembre
del 2001. Usamos un trámite parecido y le remitimos una nota
(26 de diciembre del 2001) por medio de los canales a los que tendría
que recurrir cualquier ciudadano, pero para desventura nuestra transcurrieron
los 30 días y no hubo respuesta, y lo que es peor, después
se recurrió a tecnicismos legales tratando de aclarar un
confuso memorándum que debió cumplirse sin ningún
tipo de reservas.
Después de estos hechos, la ciudadanía sabrá
comparar las actitudes y disposiciones de los funcionarios, y además
podrá valorar si se ha dicho todo sobre asesores (nacionales
o extranjeros).
Lo más reciente ha sido la divulgación parcial de
la planilla de la Asamblea; obviamente es un paso adelante, pero
solo el tiempo dirá si los legisladores incluyendo
a los 71 son capaces de divulgar cómo manejan sus partidas
circuitales y a quién benefician con sus contratos temporales.
Ya, con la divulgación parcial de la planilla, se han conocido
algunos nombres que no solo levantan inquietud, sino que generan
todo tipo de comentarios, porque a algunos funcionarios permanentes
ni siquiera se les ve por el Palacio Justo Arosemena. Lo bueno es
que ya la ciudadanía los conoce, sabe quiénes son
y qué medios usan para defender sus emolumentos.
Sin duda, en poco tiempo ya hay historias que contar y lo mejor
de todo es que no son blancas ni negras, sino grises. Ya se conocen
algunas planillas, y aunque esto no debe convertirse en un festín
de números, lo cierto es que los ciudadanos comentan estos
hechos y comienzan a reaccionar, porque se han dado cuenta de que
sus impuestos valen y que se usan mensualmente para pagar salarios
bajos y altos.
El autor es periodista
La mujer del César...
Los contribuyentes queremos saber cómo se
distribuye el resto del presupuesto de la Asamblea, especialmente
las cuestionadas partidas circuitales
Yasmina Reyes
yreyes@prensa.com
El tema de los últimos días es la corrupción.
No hay manera de soslayarlo porque las denuncias hechas, tanto por
la legisladora Balbina Herrera como por su copartidario Carlos Tito
Afú, solo han venido a confirmar lo que desde hace muchos
se oía en los pasillos.
Pero en medio de las tinieblas que se ciernen sobre el país,
dos hechos que considero puntuales echan alguna luz y muestran que,
aunque la situación es tan grave que donde se aprieta sale
pus, sí hay esperanzas para el país.
El miércoles pasado, la Asamblea Legislativa firmó
un acuerdo de Transparencia de la gestión pública
con la Defensoría del Pueblo e inmediatamente divulgó
en su página de internet (www.asamblea.gob.pa y www.defensoriadelpueblo.gob.pa)
la información sobre la planilla de esa institución.
Queda mucho por hacer; aún los contribuyentes queremos saber
cómo se distribuye el resto del presupuesto de la Asamblea,
especialmente las cuestionadas partidas circuitales. Este es un
primer paso; esperamos que no sea el último.
Este debería ser también el primer paso para que
otras de las cuestionadas instituciones estatales abran sus libros
de contabilidad y le muestren al país cómo se manejan
los dineros. Después del edificante ejemplo dado por la Defensoría
del Pueblo (semanas atrás) y ahora de la Asamblea (que atraviesa
por una terrible crisis de credibilidad), el Ejecutivo está
en la obligación de hacer suyo el ejemplo.
Y no solo el Ejecutivo, la Caja de Seguro Social debería
cumplir con el reglamento que su propia junta directiva firmó
en noviembre de 2001. Y hacerlo con seriedad. Hace unos días,
un periodista de La Prensa los dejó en evidencia al mostrar
que violentaban su propio reglamento y retenían información
de carácter público: la cantidad de personas que cumplen
labores de asesoría del director de la CSS y dan asesoría
legal, y sus salarios. Una vez bajo el haz de luz, entregaron la
información solicitada acusándonos de montar una campaña.
Pero, por un descuido que quiero pensar fue totalmente inocente,
se quedaron por fuera varias decenas de funcionarios... justamente
algunos de los que más ganan.
La mujer del César no solo debe ser honesta, también
debe parecerlo.
La autora es periodista
Corrupción puede
romper el bipartidismo de Costa Rica
Franco Rojas
frojas@prensa.com
Las graves denuncias de corrupción y el desgaste de los
actores políticos de la democracia más antigua de
América Latina han llevado a los costarricenses a la posibilidad
de romper su tradicional bipartidismo, durante las elecciones presidenciales
de este domingo, las primeras del siglo XXI en el vecino país.
Entre los 13 aspirantes a la primera magistratura de la nación,
solo tres tienen opciones de triunfo, entre ellos Ottón Solís,
un economista de 47 años que se ha convertido en menos de
un año en fenómeno político al abrazar la bandera
contra la corrupción.
Solís abandonó hace poco las toldas del tradicional
Partido de Liberación Nacional (PLN), luego de haber confesado
que fracasó en su lucha contra la corrupción encubada,
según dijo, en la cúpula dirigente.
Decepcionado por ello decidió fundar el Partido
de Acción Ciudadana (PAC), al frente del cual mantiene el
28.4% de las preferencias electorales, según el último
sondeo divulgado por la empresa Unimer y publicado por el diario
La Nación.
El candidato presidencial con más opciones es el psiquiatra
Abel Pacheco, de 68 años, y representante del Partido Unidad
Social Cristiana (PUSC), quien ha marcado el 33.5% de la intención
de voto de los 2.3 millones de costarricenses aptos para acudir
a las urnas.
Tras Pacheco figura con opciones el ingeniero Rolando Araya, de
54 años, candidato presidencial del PLN, con el 29.7% de
las preferencias electorales, según la firma Unimer.
De acuerdo con estos resultados, los costarricenses prevén
que deberán acudir a una segunda vuelta electoral el primer
domingo de abril próximo, porque, de acuerdo con la Constitución,
el presidente debe ser elegido con el mínimo del 40% de los
votos válidos, requisito que, hasta ahora, ninguno de los
tres candidatos cumple, según la última encuesta.
En los últimos 20 años, Costa Rica se ha repartido
el poder entre el PUSC, actual partido en el poder, y el PLN.
Ottón Solís ha logrado calar entre la población
y escalar posiciones hasta convertirse, en menos de un año,
en alternativa política tras haber hecho graves denuncias
de corrupción, un mal que parece haber tomado fuerza en varios
países latinoamericanos en los últimos años.
Según Solís, tanto el PUSC como el PLN se han visto
envueltos en grandes escándalos de corrupción, entre
los que mencionó la quiebra del estatal Banco Anglo, el multimillonario
desvío de fondos de la seguridad social y el supuesto abuso
de privilegios que llevan a cabo algunos ministros, diputados y
otros funcionarios.
Solís ha reiterado en la mayoría de los foros que
en las últimas décadas han sido robados unos mil 500
millones de dólares del erario público, casi la mitad
de la deuda exterior de ese país centroamericano, sin que
ninguno de sus responsables haya sido juzgado por esos delitos.
El presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Oscar Fonseca
Montoya, ha dicho que la democracia no se va a romper y que la gente
está descontenta con los actores, no con el sistema.
Fonseca Montoya prevé que el abstencionismo durante las
elecciones generales del domingo será entre el 18 y 20%,
lo que calificó de cifra manejable.
El autor es periodista
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