Panamá, 27 de enero de 2002
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Huevos podridos y otros misterios

¿De dónde salen los huevos podridos, que siempre están al alcance de la mano?

Guillermo Sánchez Borbón

Mientras en el recinto los legisladores discutían el nombramiento de los nuevos magistrados, en las barras perredista y arnulfista se lanzaban mutuamente huevos podridos. Y una vez más, me pregunté: “¿De dónde salen los huevos podridos, que siempre están al alcance de la mano?” ¿Es que compran huevos frescos y los ponen a pudrir por si se presenta la necesidad? ¿O es que hay gallinas que los ponen ya hueros, y sus criadores los venden a precio de liquidación? Misterio.

En 1937 desfilaron por la Avenida Central unos cadetes italianos que se hallaban de visita en nuestro país. Estábamos en plena guerra civil española, y los ánimos en toda Latinoamérica estaban muy caldeados en contra y a favor (sobre todo a favor) de la República. Cuando pasaron frente a Santa Ana, los antifascistas criollos lanzaron sobre los cadetes una lluvia de huevos podridos. ¿De dónde salieron (los huevos, no los cadetes)? Porque no era una docena, sino una caja de (como tenían que decir las internas del Colegio de Sión) posturas de ave en avanzado estado de descomposición.

***Donde digo digo. Ahora resulta que Fito Duque niega haber dicho lo que efectivamente dijo. Rectifica, según él, “por respeto a la opinión que me merece la ciudadanía”. Si le mereciera el menor respeto, habría renunciado a su carrera pública antes de empezarla. Por lo demás, aunque mi vista deja mucho que desear, mis oídos han conservado la acuidad con que vine al mundo, y al igual que otros cientos de personas, escuché claramente sus increíbles declaraciones. “Apiádate de mí, Señor, que voy a hablar”, rezaba san Agustín, precaución que Fito (devoto de Mammon) nunca ha tomado. En su intervención televisiva hizo tres revelaciones terribles:1) Que el fondo del problema era una lucha entre Tricom y Bell South; 2) Que Bell South le pasaba 30 mil dólares mensuales a Martín Torrijos; y 3) Que Castillero le entregó a él (Fito) un sobre que (Fito) se negó a recibir. Ahora aclara que él no sabe qué contenía (el sobre, no Castillero). ¡Hombre!, trata de adivinarlo a) confetis para el Carnaval de Las Tablas, b) maní tostado, c) libra y media de pica-pica. Según los periodistas, en su declaración ante el Ministerio Público Afú se mostró menos asertivo. A lo mejor también termina por echarme la culpa de su franqueza brutal.

***Independientemente de la opinión que se tenga de su capacidad administrativa o de su habilidad política, todo el mundo reconoce que Endara es un hombre honrado. Por eso resulta inexplicable que haya aceptado servirle al toro (¡al toro!) de segundo violín en un reciente programa de televisión.

***Como sabes, el deporte nacional de Afganistán es una especie de polo jugado no con una pelota, sino (¡What fun!) con una cabra viva. Como todas las tradiciones populares, a lo mejor ésta también ha desaparecido.

En su libro Talibán, Ahhmed Rashid cuenta que cuando los talibanes llegaron al poder, cerraron lo que los españoles del Siglo de Oro llamaban migas (escuelas de niñas). “También prohibieron cualquier forma de entretenimiento, incluyendo la música, la televisión, los videos, las cartas, volar cometas en verano, y la mayoría de los deportes y juegos”.

Pero no todo ha de ser oración y aburrimiento, ¡hombre! “Semanas antes, el Talibán levantó la prohibición que pesaba sobre el fútbol. Las agencias de ayuda de la ONU –aprovechando la rara oportunidad de hacer algo para entretener al público– corrió a restaurar el bombardeado estadio. Pero en esa cálida tarde –el comienzo de la semana musulmana– ningún empleado de la ONU, ningún extranjero, fue invitado a la inauguración del estadio. En vez de un juego de fútbol, hubo una ejecución pública: la víctima fue fusilada entre los dos palos del goal”. ¡What fun! Los travesaños son también excelentes para ahorcar a los frívolos y a los pecadores; pero al parecer los estudiosos selectivos de El Corán no quisieron darles ese uso, quizás para no adoptar un método de ejecución universalizado por los odiosos imperialistas británicos. ¡Ah pérfida Albión!

***A propósito: cuando finalizó la Segunda Guerra Mundial, creí haberme despedido para siempre de ciertas locuciones. Pérfida Albión era una de ellas; pero, durante el conflicto de Las Malvinas, los tarados del Continente volvieron a popularizarla. El querido Milován Milosevich resucitó “limpieza racial” (acuñada, si no me equivoco, por el querido doctor Rosenberg) y de nuevo la elevó al rango de moneda verbal de circulación forzosa. Gigante del Norte (cada vez que la oigo, me imagino a una especie de Green Giant que se ha metido entre pecho y espalda un litro de la deliciosa pócima del doctor Jekyl) nunca ha pasado de moda.


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