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Colombia, entre la paz y la
guerra
Sady Tapia G.
stapia@prensa.com
El acuerdo entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (FARC), firmado el pasado domingo y que permitió
salvar el proceso de paz en ese país, contiene plazos y temas
concretos, algo inédito en tres años previos de negociaciones.
Sin embargo, a pesar de que el acuerdo representa una esperanza
para los colombianos, la realidad que se vive en el país
no es la mejor.
Si bien es cierto que el acuerdo fija el 7 de abril próximo
como límite para una negociación de cese el fuego
y las hostilidades, no establece una medida concreta para que disminuyan
los intensos conflictos que en las últimas semanas se han
registrado en la región tras la firma del acuerdo.
Muestra de ello es la oleada de ataques perpetrados por la guerrilla
la semana pasada que dejó un saldo provisional de 77 muertos,
y que prosiguió con toda intensidad esta semana.
Igualmente, en dicho acuerdo no se hace mención del futuro
de las personas que actualmente están en manos de los rebeldes.
Esto nos deja algunas incógnitas como ¿qué
ocurrirá entre el 20 de enero y el 7 de abril desde el punto
de vista del desarrollo militar del conflicto?
A pesar de que existe un plazo para tratar de concretar la
paz (7 de abril), las FARC han cuestionado dicha fecha y advirtieron
sobre la posibilidad de que la solución al conflicto no sea
tan rápida como desean los colombianos, mientras que las
autoridades colombianas piden que se llegue a un acuerdo antes de
la fecha.
A esto se suma los ataques y secuestros que durante ese periodo
continuarán por parte de los rebeldes colombianos, situación
que aumenta la tensión entre los pobladores.
Lo que sí debemos tener claro es que el acuerdo logrado
con la mediación de las Naciones Unidas, El Vaticano y 10
países amigos del proceso de paz, evitó
el colapso de la negociación de paz que se inició
en 1999.
Cabe señalar que las Naciones Unidas, Canadá, Cuba,
España, Francia, Italia, México, Noruega, Suecia,
Suiza y Venezuela, participan como facilitadores en
la negociación.
Si hacemos un pequeño recuento de las negociaciones de paz
entre el Gobierno y las FARC, tenemos que en julio de 1998, Andrés
Pastrana, días antes de asumir la presidencia, se reúne
con el máximo jefe de los rebeldes, Manuel Marulanda, alias
Tirofijo.
Luego, en noviembre del mismo año, Pastrana ordena la desmilitarización
de una zona selvática del sur del país de 42 mil km2
para facilitar el inicio de las conversaciones de paz.
Posterior a esta fecha se dan una serie de inconvenientes que desestabilizan
el proceso de paz en Colombia.
Es así que el presidente Pastrana anuncia, en octubre del
2001, que extenderá la vigencia de la zona desmilitarizada
hasta enero del presente año, motivo por el cual el pasado
9 de enero se complica la situación en el país, ya
que el mandatario da un plazo de 48 horas para evacuar el enclave
rebelde de San Vicente del Caguán.
La dificultad para llegar a una paz duradera en la región
también afecta a los países vecinos con Colombia;
el conflicto no se circunscribe solo a Colombia, por lo que es de
extrema importancia que se llegue a la solución definitiva.
Lo cierto es que la solución del problema está en
manos tanto del gobierno de Andrés Pastrana como de los rebeldes
de las FARC, y es a ellos a quienes les tocará ponerse de
acuerdo y negociar la paz o vivir en guerra. Si esta anhelada paz
no se concreta habrá muchos perjudicados, pero los principales
seguirán siendo los ciudadanos de ese vecino país.
La autora es periodista
Corrupción y subdesarrollo
Probar que alguien recibió una coima es
casi tan imposible como lo es probar que alguien la ofreció
Franklin Castrellón
fcastrellon@prensa.com
La cantidad de basura, por no decir una palabra más apropiada,
que ha aflorado a la superficie como consecuencia de las disputas
internas en el seno del Partido Revolucionario Democrático
(PRD) han impulsado varias corrientes, todas aparentemente dirigidas
a combatir la rampante corrupción que corroe la sociedad
panameña, especialmente a la clase política.
Apenas se produjeron las primeras denuncias contra prominentes
miembros del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD, surgieron
algunas voces recomendando cordura. Es decir, que se
devolviera la basura al fondo de donde salió para evitar
peores perjuicios al partido y, por extensión, a una clase
que, en términos generales, ha demostrado ineficiencia en
la conducción de los asuntos públicos y baja calidad
moral.
Algunos dirigentes del PRD apelaron al viejo recurso de desviar
las acusaciones mutuas hacia el Ejecutivo, señalando actos
de corrupción en el manejo del propuesto Centro Multimodal
Industrial y de Servicios (Cemis) y en la designación y eventual
elección de los magistrados Alberto Cigarruista y Winston
Spadafora. Otros del Partido Popular también coincidieron
en dirigir las acusaciones de corrupción hacia el Ejecutivo.
Y ambos grupos, aparentemente lograron su propósito, pues
la atención originalmente concentrada en el PRD se ha diluido
para alcanzar al Ejecutivo, a la Asamblea Legislativa y al Organo
Judicial.
Mejor aun para la causa de la alta dirigencia del PRD, el principal
acusador (Carlos Afú) terminó siendo reclamado por
la justicia para que formalizara sus declaraciones; mientras los
presuntos intermediarios del soborno declararon su inocencia y casi
estuvieron a punto de exigir ser canonizados.
Son muy pocas las personas responsables de delitos que reconozcan
su culpabilidad. Probar que alguien recibió una coima es
casi tan imposible como lo es probar que alguien la ofreció.
Se habría necesitado de un Vladimiro Montesinos que hubiese
grabado los escandalosos episodios, para que entonces se pudiese
probar con toda claridad quiénes son los culpables en este
burdo reflejo de la rampante corrupción que impera en Panamá.
Los grupos empresariales se han lanzado a una campaña contra
la corrupción, que ojalá llegue a rendir frutos. Por
otro lado, grupos populares también han exigido acciones
concretas contra la corrupción en todos los frentes, incluido
el de los empresarios. Y ambos han reclamado de las autoridades
competentes una exhaustiva investigación que lleve a los
culpables a rendir cuentas. Algo improbable, pues como he señalado,
es tarea muy difícil probar actos de corrupción en
casos como los señalados.
En medio de toda esta efervescencia, algunos fanáticos de
la vieja dictadura comenzaron a acariciar la posibilidad de un cambio
institucional, es decir de un golpe de Estado. Por fortuna, creo
que la conciencia nacional está clara en que las instituciones
democráticas hay que respetarlas; de manera que los amigos
de las anacrónicas dictaduras tendrán que esperar
eternamente por una nueva oportunidad.
La presidenta reaccionó a las presiones algo tarde
pues su agenda de la campaña política contra la corrupción
había quedado encarpetada hasta ahora y designó
una Comisión Anticorrupción, integrada por notables
de incuestionable trayectoria. Esta comisión tendrá
la responsabilidad de estudiar la situación a fondo, identificar
áreas de corrupción y presentar un informe con recomendaciones
al Ejecutivo.
Confiamos en que la Comisión Anticorrupción cumplirá
su cometido, y que la presidenta, en esta oportunidad, honre su
promesa de la campaña política y tome las medidas
pertinentes, aunque ello implique poner distancia con algunos de
los maleantes que la rodean para aprovechar su influencia
y sacar provecho a lo invertido durante la campaña.
La corrupción debe ser atacada por todos los flancos, si
es que deseamos tener un país con posibilidades de alcanzar
algún día el desarrollo. Esos flancos incluyen la
formación de conciencia cívica, para que los ciudadanos
elijan a personas realmente honorables en los cargos de elección.
Y que no lo hagan por simple amiguismo o porque les hizo un favor.
Ser presidente, legislador o concejal requiere mucho más
que de una relación familiar o personal; debe tener capacidad
y cualidades de servidor público, además de integridad
personal. En esta tarea docente deben trabajar en forma complementaria
tanto los distintos establecimientos educativos, desde los parvularios,
hasta los universitarios, como los clubes cívicos, las organizaciones
empresariales y los medios de comunicación.
Por supuesto que uno de los grandes flancos que debe ser atacado,
aparte del de la representatividad política, es el de las
entidades responsables de administrar justicia y combatir la corrupción,
como son la Contraloría General, la Procuraduría General
de la Nación, la Policía Técnica Judicial,
la Policía y, sobre todo, el Organo Judicial. Allí
se requiere de gente preparada, de trayectoria honorable y comprometida
con los intereses de la Nación, que son los que, en definitiva,
están en juego en este momento.
El autor es periodista
De expedientes e imputados
Hasta el momento ninguno de los dos denunciantes
(Afú y Herrera) ha presentado pruebas contundentes que respalden
sus señalamientos
José Otero
jotero@prensa.com
Tan solo 12 horas después de que el legislador del PRD Carlos
Afú lanzara públicamente sus denuncias sobre sobornos
a lo interno de la Asamblea Legislativa, la procuradora de la Nación
encargada, Mercedes Araúz de Grimaldo (José Antonio
Sossa estaba en Washington), anunció que iniciaba una investigación
de oficio con dos expedientes por separado y con un equipo de investigación
compuesto por dos fiscales y tres asistentes.
La procuradora encargada no solo abrió las sumarias sobre
las denuncias hechas por Afú el 16 de enero, cuando confesó
públicamente que él y otros colegas de la Asamblea
habían recibido un sobre con 6 mil dólares como primer
pago de un total de 20 mil dólares por votar en favor del
contrato-ley entre el Estado y el Consorcio San Lorenzo, un proyecto
que cuesta 400 millones de dólares.
Mercedes Araúz de Grimaldo también dijo que su despacho
investigaría las declaraciones que hizo el 9 de enero pasado
en el pleno de la Asamblea la presidenta del PRD y miembro de este
órgano de Estado, Balbina Herrera, en las que aseguraba que
hubo maletines con dinero para comprar varios votos
de su bancada en favor de la ratificación de los nuevos magistrados
de la Corte Suprema (Winston Spadafora y Alberto Cigarruista).
En la primera de estas denuncias, Afú y su copartidario
Tomás Gabriel Altamirano Fito Duque aparecen como denunciantes.
Afú señala a su copartidario Mateo Castillero como
la persona que le entregó un sobre con dinero. Fito Duque
también aseguró que Castillero le intentó entregar
un sobre que nunca recibió ni abrió, y por lo tanto
desconocía su contenido.
En este caso también se menciona a los legisladores Balbina
Herrera, Miguel Bush y Héctor Alemán. Tito Afú
denunció inicialmente que los tres integrantes del CEN del
PRD habían recibido 150 mil dólares por apoyar el
contrato-ley con el Consorcio San Lorenzo, pero luego en su indagatoria
en el Ministerio Público se retractó y señaló
que no tenía pruebas de esto, sino que solo había
escuchado rumores por los pasillos.
También se mencionó en este expediente a los legisladores
Denis Arce y Manuel De la Hoz, del PRD.
El primero, según Afú, lo acompañó
al despacho de Castillero cuando le fue entregado el sobre antes
mencionado. Arce declaró en el Ministerio Público
que nunca fue a esa reunión ni vio sobre alguno.
Por su parte, De la Hoz fue señalado por Afú en su
relato al indicar que estuvo presente cuando se entregaron los sobres.
De igual manera, De la Hoz negó rotundamente estas aseveraciones
al ser interrogado por los fiscales, asegurando que no vio ni escuchó
nunca nada de sobres con dinero.
Después de estos hechos, el Ministerio Público giró
órdenes de conducción, indagó y formuló
cargos contra Afú y Castillero por el delito de corrupción
de funcionarios y les impuso a ambos las medidas cautelares de país
por cárcel y la obligación de reportarse cada 15 días
al despacho de instrucción.
Mientras tanto, en el expediente sobre las denuncias de Balbina
Herrera se ha avanzado más lento. Se le ha tomado declaración
jurada a la propia denunciante (Balbina Herrera), a Mateo Castillero,
quien dijo que la esposa de Afú, Leida Brandao, había
recibido un maletín con un millón de dólares
por el voto favorable para la ratificación de los magistrados.
En este segundo expediente, Afú rindió declaración
jurada al igual que Tomás Gabriel Altamirano Duque, y también
será interrogado Carlos Alvarado, que fueron los tres legisladores
del PRD que votaron en favor de la ratificación de los nuevos
magistrados de la Corte Suprema.
Hasta el momento ninguno de los dos denunciantes (Afú y
Herrera) ha presentado pruebas contundentes que respalden sus señalamientos.
Los supuestos testigos que han presentado ambas partes, principalmente
los que mencionó Afú, no han ratificado las denuncias
y todo parece indicar que al final los denunciantes pueden quedar
como imputados.
El autor es periodista
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