Jaiguer, poeta de la imagen
Hermes Sucre Serrano
hsucre@prensa.com
|
|
“Se remueven la tierra y el dolor”.
|
Casi pasaba la hora de cierre aquella tarde de
1959 en el diario El Correo, de Medellín, Colombia. Al director, Adolfo
León Gómez, un hombre neurasténico y gruñón, le tomó segundos cruzar
la estrecha redacción para quedar frente a Jaime Guerrero (Jaiguer)
para decirle: “hiciste una foto horrible”. No hubo más comentarios.
Al día siguiente, la fotografía apareció
en primera plana a ocho columnas. Jaiguer había captado el momento
en que el “Caimán” Sánchez, arquero internacional, detenía el balón
en el aire, durante un juego en el estadio Atanasio Girardot. La
foto -en contraluz y silueta- impresionó al inconmovible León Gómez,
quien la llamó horrible, por decir sensacional. Y para mejor suerte,
ese día El Correo registró buena impresión, sin los cotidianos embarres
de tinta.
A partir de ese instante comenzó a cobrar
fuerza la carrera profesional del modesto joven, nativo de Abriaquí,
pueblo pastoril, con apariencia de paraíso. Jaiguer cursó estudios
en el Ateneo Antioqueño, en el Seminario Menor y en el Liceo de
la Universidad de Antioquía. Fue futbolista profesional en el Deportivo
Independiente de Medellín. Cuando se casó, se dejó de juegos y se
entregó a la fotografía.
Después de 20 años -desde la muerte del general
Omar Torrijos Herrera- Jaiguer se encuentra nuevamente en Panamá.
Tiene 63 años (40 en la profesión), pero no los aparenta, primero
porque es un deportista, y segundo por su sospechoso cabello negro,
quizás ayudado con la complicidad de la anilina. Tiene cuatro hijos,
tres colombianos (Mauricio, Héctor Javier y John Jairo) y uno panameño
(Omar Guerrero Grimaldo).
La ruta del autodidacta
En sus inicios se desempeñó como ayudante
de laboratorio de fotografía con un tío, pero pronto dejó el cuarto
oscuro para irse al campo a retratar la vida. Como autodidacta,
y a base del ensayo y error, perfeccionó sus conocimientos técnicos.
Recorría los barrios de la ciudad, de casa en casa, en busca de
fotografías humanas, que mostraran el diario vivir, la tragedia,
el dolor y el amor entre semejantes. Sus creaciones fotográficas
iban acompañadas de inspiraciones poéticas.
En 1959, los retratos de las reinas de las
fiestas de Manizales le abrieron las puertas del periódico El Correo.
En 1961 ganó su primer premio en Alemania. Formó parte del equipo
periodístico y fotográfico de El Colombiano, de la revista Vea Deportes,
el Periódico de Bogotá, dirigido por Consuelo Montejo, El Espacio.
Trabajó con el presidente Alfonso López Michelsen. En Panamá fue
fotógrafo de los generales Omar Torrijos y Manuel Antonio Noriega.
Después de la invasión de Estados Unidos a Panamá (diciembre de
1989) tuvo que quemar todo su archivo por temor a represalias. Ha
ganado 35 premios de fotografía, entre mundiales, internacionales
y nacionales.
Sentimientos
La fotografía es sentimiento y amor. La mejor
máquina y la mejor tecnología la constituye el ser humano. Cada
fotografía es una poesía. “Una persona sosa y simple nunca verá
la belleza de un paisaje. Una persona dura de corazón nunca verá
la lágrima en un niño, ni a la viuda desamparada”, comentó Jaiguer.
Admite que la nueva tecnología facilita y
perfecciona el trabajo, pero nunca puede reemplazar el sentimiento
y el ingenio humano; esa habilidad de “ver lo que los demás no ven”.
Los fotógrafos con garras hacen un buen trabajo con cualquier cámara,
por sencilla que sea; son como los poetas que cuando se inspiran
solo necesitan un lápiz y un papel.
Las vivencias y el constante andar por los
caminos de la vida le dan al fotógrafo sabiduría, intuición, creatividad,
cualidades que luego se trasmiten en escenas llenas de colorido,
de calor humano y de dramatismo. Los reporteros gráficos pasan por
un examen diario cuando salen a la calle. Primero tienen que enfrentar
peligros de muerte, y después que regresan a la redacción se someten
al minucioso escrutinio de los editores. “Las fotos tienen que hablar
por uno”. Durante el episodio de la toma del Palacio de Justicia,
en Bogotá, en 1985, el intrépido fotógrafo desafió la línea de fuego
para obtener unas buenas vistas. Una vez se subió, agarrado de los
alambres eléctricos, para retratar -a través de una ventana- a cuatro
personas que habían sido asesinadas en un hotel. Los ´únicos que
no aplaudieron este acto de malabarismo circense fueron sus familiares.
Recordó que uno de los peores males de algunos
periodistas y fotógrafos de prensa es el “jue que”. Las planas de
los periódicos y las rotativas están a la espera de buenas noticias
y de fotografías de impacto, nunca de excusas. Este es un oficio
duro, difícil, en el que no hay lugar para los pretextos. “No traje
la foto, porque jue que llegué tarde; jue que anoche solté la perra
en una fiesta; jue que se me dañó el carro; jue que me quedé sin
batería”, son disculpas inválidas que pueden hacer que te boten
del trabajo.
Así es Jaiguer, un soñador que quiso ser
oficial del ejercito, torero y hasta sacerdote. Regresó a Panamá
para montar varias exposiciones fotográficas y para disfrutar de
la compañía de su hijo. Está recién viejo, pero con esprines en
los pies por seguir en la calle tomándole fotos a esa vida que,
sin que nos demos cuenta, se va con la misma rapidez que el destello
de las cámaras.
Además en revista
•
Se llama así porque restaura
•
La estrategia comercial de Benetton
•
La alta costura es un arte
•
Jaiguer, poeta de la imagen
•
Sofía Loren vuelve a la TV
•
Abre centro de arte en París
•
Celine Dion encabeza listas europeas
•
Dalia Peña gana premio
•
Fallece director español Adolfo Marsillach
•
Pavarotti se despide de ópera londinense
•
Méndez descarta telenovela con Castro
|