Nuestra historia y los valores
invertidos
Geraldine Emiliani S.
gemiliani@hotmail.com
El historiador de religión, Helmer Ringgren afirma: “Uno de los elementos fundamentales de la religiosidad es la convicción de que el destino del hombre no carece de sentido ni es fortuito, sino que está determinado por una fuerza a la que puede atribuírsele voluntad o intención”. Se cree que dicha fuerza conforma de antemano la vida de cada individuo y nación, haciendo el futuro tan ineludible como el pasado.
Cuando se vive en ignorancia del pasado, se vive sin recuerdos. Si desconociéramos el pasado, no sabríamos cuáles son nuestras raíces, las de nuestras familias, nuestro pueblo y ni siquiera las de nuestro país; careceríamos de historia. Sin el pasado, daría la sensación de que el presente tiene poco o ningún sentido.
La historia puede enseñarnos mucho acerca de la vida. Puede ayudarnos a no tropezar siempre con la misma piedra, pues, como dijo cierto filósofo: “Quienes olvidan el pasado están condenados a repetirlo”. Cuando nos fami-liarizamos con la historia, descubrimos un mundo repleto de antiguas civilizaciones, hallazgos asombrosos, gente fascinante y distintas maneras de ver las cosas. La historia estudia sucesos y personas de tiempos pasados que nos enseñan lecciones valiosas o no, basados en hechos verídicos y debemos aceptarla aunque no siempre nos resulte agradable.
En la obra, El Mundo Antiguo: Historia Universal, sobre la influencia que ha ejercido la civilización occidental en todo el mundo dice: “Cuando Colón y Cortés mostraron a los habitantes de la Europa Occidental las posibilidades de nuevas conquistas, se desencadenaron en ellos ansias de conseguir fama y riqueza, y acabaron por difundir la civilización occidental por todo el mundo. Los conquistadores dotados de un irrefrenable afán de expansión y de un armamento superior, convirtieron el resto del planeta en un apéndice involuntario de las grandes potencias europeas. Los habitantes de Africa, Asia y América, fueron víctimas de una explotación despiadada e implacable”.
A veces me pregunto: ¿Cómo y por qué tuvo lugar cierto acontecimento? Por ejemplo, nuestra historia nos dice que en 1968, surgió un régimen militar. Y, que en el 89, se derrumbó después de veintiún años de gobierno.
En 1990 nace una nueva historia, un nuevo concepto inspirado bajo el principio de una nueva democracia.
El pasado que queremos o no, es parte de nuestro devenir histórico, de nuestras entrañas con sabor a patriotismo y nacionalismo. “¿Qué hemos aprendido de esto?”.
Tal vez se tengan ideas preconcebidas y prejuicios sobre esto, pero nuestra opinión basada en las diferentes corrientes ideológicas no significa necesariamente que no se acepte como un legado histórico; ya sea, para magnificar la imagen de sus protagonistas o exagerar sus logros o tal vez, restarle importancia a los sucesos bochornosos que los deshonraban o, por igual, sus hazañas o errores cometidos.
Es evidente que algunos aspectos de nuestra historia se repiten y otros no. Un factor sumamente recurrente es el fracaso de la gobernación humana.
Los intereses personales, la falta de visión, la codicia, el nepotismo y, sobre todo, el ansia de obtener poder y conservarlo han frustrado una y otra vez la buena administración. De allí que el pasado y el presente está plagado de disturbios sociales y actos violentos, injusticias relacionadas con la distribución de las riquezas y desplomes económicos, y, por último, y no menos importante, los espectáculos de corrupción. He aquí los valores invertidos.
En los sucesos políticos de estos días, habrá culpables e inocentes. La sociedad representada por ciudadanos respetables exige recuperar la decencia moral, tomando en consideración, que no somos insustituibles. No hay tiranía peor que el escenario presidido por la escoria de la apariencia y el engaño.
Para el espectador, los sucesos del momento, hacen que su estado de ánimo suba y baje, como si a cada instante se jugara con su destino. Al experimentar un hecho, es tal la identificación que se da entre esa vivencia y la persona, que aquella absorbe a esta de tal manera que la persona tiene la impresión de que en ese lapso de tiempo no hubiera más realidad que esa vivencia. Con frecuencia los acontecimientos que nos afectan, sean favorables o adversos, dependen del momento en que se producen.
Todos exigimos una investigación y luego, ¿qué? ¿Seguiremos funcionando igual o mejor que antes? ¿Quién tendrá la última palabra? Repetir una y otra vez los aspectos relevantes de la miseria humana, que se dio en el pasado, es vivir en una completa ignorancia. No hay problema que no tenga solución frente a una situación que podemos vencer. Estamos a tiempo.
La autora es psicóloga clínica
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