¿‘Escuadrones para-gubernamentales’ en Venezuela?
En el último año, Chávez ha insultado a prácticamente todo el mundo en su país, además de a su principal cliente extranjero, Estados Unidos
Andrés Oppenheimer
Cuando hace dos años escribí sobre mis temores de que el presidente venezolano Hugo Chávez se fuera radicalizando con el tiempo, mi amigo Miguel Henrique Otero -el director del diario El Nacional- me señaló que estaba siendo algo injusto.
Chávez hace discursos incendiarios criticando a la prensa, pero es inofensivo, me dijo Henrique Otero en ese momento, con lo que percibí como una sonrisa benévola del otro lado del teléfono. Ni Chávez ni sus ministros habían llamado jamás al periódico para exigir que no se publicara un artículo, me dijo.
Esta semana, después de que una turba de militantes “chavistas” atacó la sede de El Nacional el 7 de enero, y el periódico presentó una queja contra el gobierno ante la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), Henrique Otero soltó una carcajada cuando le recordé esa conversación.
Muchas cosas han cambiado en Venezuela en los últimos dos años, me dijo luego.
“Al igual que todos los venezolanos, me desencanté de Chávez cuando vi que no tenía capacidad constructiva, que todo en él era capacidad destructiva”, me señaló el editor, cuyo periódico había generalmente apoyado a Chávez durante su campaña electoral y sus primeros meses en el gobierno.
¿Qué significa eso?, pregunté. “Al principio, todos lo apoyamos, porque proponía desmoronar las instituciones corruptas que teníamos en Venezuela. Pero el problema es que después, cuando pasamos a la época constructiva, él se quedó en lo destructivo. No hay forma en que se adapte a lo constructivo”, contestó.
En el último año, Chávez ha insultado a prácticamente todo el mundo en su país, además de a su principal cliente extranjero, Estados Unidos. Chávez llama “oligarcas” a los empresarios venezolanos, y despotrica constantemente contra la clase obrera organizada. En eso logró algo inédito: que empresarios y obreros se juntaran en una huelga nacional que paralizó el país el 10 de diciembre.
Ahora, la popularidad de Chávez está cayendo en picada, a entre 18% y 30%, según la encuesta que uno prefiera creer. Y siguiendo la receta tradicional de los gobernantes populistas cuando las cosas van mal, Chávez se las toma con el mensajero de las malas noticias, y está subiendo de tono sus ataques a la prensa.
En un discurso el 6 de enero, un día antes del ataque de la turba a El Nacional, el mandatario comenzó a disparar misiles retóricos contra ese periódico. Tal como lo había hecho antes con el valiente director de El Universal, Andrés Mata, a quien una vez calificó de “enemigo del pueblo”, Chávez dijo que había que “darle palo” a los medios que critican a su “revolución bolivariana”.
Al día siguiente, una turba de casi 200 militantes “chavistas” rodeó la sede de El Nacional, lanzando piedras contras el edificio y comenzaron una “vigilia” frente al periódico que obstruyó la entrada o salida de los empleados, que quedaron encerrados en su interior.
Días después, El Nacional identificó con nombre y apellido a unos 25 de los manifestantes como militantes del partido de gobierno. Varios de ellos eran figuras secundarias del Congreso o empleados municipales, en su gran mayoría, empleados del alcalde del barrio caraqueño Libertador, Freddy Bernal. Este se justificó ante la prensa diciendo que él no podía controlar lo que sus trabajadores hacían después de acabar su jornada laboral a las 4:30 p.m.
“Antes, Chávez sólo hacía amenazas verbales. Ahora, sus discursos van acompañados de ataques de escuadrones para-gubernamentales”, me dijo Henrique Otero. “Querían evitar que el periódico saliera a la calle”, añadió.
A pesar de la denuncia interpuesta por El Nacional ante la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, Chávez siguió con sus amenazas verbales, diciendo que estaba siendo víctima de un “terrorismo mediático”. Esto llevó, una vez más, a las turbas “chavistas” a manifestarse frente a las sedes de El Nacional y El Universal, amenazando a gritos a los periodistas.
Funcionarios de la OEA y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) exigen ahora una investigación gubernamental de los ataques del 7 de enero. Es cierto que, a diferencia de Cuba, Venezuela permite medios de comunicación independientes, dicen los representantes de estas organizaciones. Pero, las amenazas e intimidaciones del Presidente hacia los periodistas están creciendo, señalan.
“Si un gobierno silencia a los periodistas mejor informados, el hecho de que otros puedan hablar no significa gran cosa”, dice Santiago Cantón, encargado de Libertad de Expresión de la OEA.
Ahora, Henrique Otero teme que Chávez se radicalice cada vez más, a medida que su apoyo se va reduciendo, la situación económica empeora y cada vez más miembros moderados de su gobierno -incluyendo posiblemente el ministro del Interior, Luis Miquilena- van dejando su gobierno.
Pero no todo son malas noticias para el director de El Nacional: las ventas de su periódico han aumentado un 30% desde que el mandatario comenzó sus ataques. “Chávez se ha convertido en nuestro mejor agente de marketing”, dice Henrique Otero.
El autor es columnista de The Miami Herald y de El Nuevo Herald
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