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Una historia que no ha
terminado
El Convento de las Monjas de la Concepción
del conjunto monumental de Panamá la Vieja está en
proceso de recuperación. Sin embargo, la tarea es dífícil
después de casi tres siglos de abandono
HERMES SUCRE SERRANO
hsucre@prensa.com
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| Vista general del Convento de las Monjas
de la Concepción |
La historia de la colonización española está
llena de pasajes en los que los hombres son los únicos protagonistas.
Sin embargo, desde que las monjas de La Concepción llegaron
a Panamá en 1598 hicieron sentir el poder de
la evangelización y la vocación de servir a los necesitados
de una manera piadosa.
Cuando el pirata inglés Henry Morgan atacó la vieja
ciudad de Panamá, orgullo de la Corona Española en
tierra firme, las monjas de la Concepción tenían el
convento más grande de la ciudad. Empezaron con la mitad
de la manzana que queda al norte del Hospital San Juan de Dios,
después adquirieron las casas restantes en esa cuadra, y
ya avanzado el siglo XVII se expandieron desde la calle La Empedrada
hasta la calle del Obispo.
Después de la legendaria torre de Panamá La Vieja,
el convento es uno de los monumentos más completos, lo que
ha estimulado a Banistmo a invertir 350 mil balboas para financiar
las obras de restauración. A primera vista la Iglesia parece
muy fácil de restaurar porque se ve completa, pero en realidad
tiene grandes rajaduras que provienen de asentamientos ocurridos
a lo largo de los siglos.
Hay evidencias que indican que la iglesia estaba sin concluir en
1671, y que lo que hoy se ve es solo el presbiterio con un pequeño
tramo de la nave. Para interpretar estas ruinas, con sus crujías
anexas al altar, hay que tomar en cuenta que las monjas de clausura
tenían exigencias muy particulares: en misa no podían
ser vistas por los feligreses. Usualmente ocupaban el coro a los
pies de la iglesia, que se cerraba por una rejilla o celosía;
a él llegaban por una puerta que comunicaba directamente
con el claustro, sin pasar por la nave.
La recuperación
Julieta de Arango, directora ejecutiva del Patronato Panamá
Viejo, informó a La Prensa que el proyecto consiste en tres
etapas, que se cumplirán en 18 meses. La primera (noviembre
de 2001 a febrero de 2002) es la remoción de la calle moderna,
primera fase de arqueología, la construcción de entarimado
y el equipamiento básico en la capilla mayor (al final de
esta etapa se podrá usar parte de la iglesia para eventos).
La etapa 2 (marzo de 2002 a noviembre de 2002): continuación
de la arqueología, pavimento de la nave, instalación
de las toldas, equipamiento definitivo. Al final de esta etapa (inicios
de la estación seca 2002-2003) se podrá utilizar plenamente
la iglesia. La última etapa (diciembre de 2002 a abril de
2003) última fase de trabajos arqueológicos, recuperación
del aljibe, pavimentación de los pasillos.
En el plan de restauración se contempla eliminar la calle
moderna que divide el convento y la nave en dos, el espacio del
claustro principal y el aljibe; permitir el uso de las ruinas para
actividades de extensión cultural durante el verano, tales
como teatro, conciertos con orquestas de cámara, actividades
promocionales para el Patronato, actividades dirigida a los niños.
El arqueólogo Juan Guillermo Martín informó
que se harán investigaciones para identificar niveles de
piso, enterramientos coloniales, excavaciones en el piso a la vista
de ladrillos y en las fundaciones de los muros. La idea es determinar
la situación del convento. A partir del 28 de enero de 2002
se ampliarán las excavaciones. En las últimas exploraciones
se han encontrado osamentas en enterramientos católicos.
Por su lado, Félix Durán, arquitecto encargado de
la restauración, manifestó que los trabajos incluyen
la instalación de un entarimado de madera y una tolda (ambos
removibles) en la capilla mayor y en las crujías adjuntas,
instalación de un pavimento en lo que fue la nave de la iglesia,
equipamiento básico (sobre todo iluminación) y reacondicionamiento
de los accesos desde la plaza mayor. El convento está muy
deteriorado por la falta de mantenimiento a través de los
siglos, por lo que se desconocen las incógnitas que se despejarán
a medida que avancen los trabajos de restauración.
El conjunto monumental del Convento de las monjas de la Concepción
incluye un aljibe, utilizado para recoger agua. La estructura se
limpia semanalmente para sacar toda la basura y eliminar el limo.
En la limpieza no se pueden utilizar químicos porque pueden
dañar las piedras originales. Sin embargo, periódicamente
se rocía con insecticidas para evitar criaderos de mosquito.
Por muchos años, el convento ha sido refugio de amantes
furtivos, de drogadictos, de parranderos que pasaban la goma
recostados en las frescas piedras de los históricos muros.
Actualmente la vigilancia es insuficiente (4 policías de
turismo y dos en bicicleta) lo que dificulta la cobertura de un
complejo monumental de 28 hectáreas. Después de las
6:00 de la tarde las ruinas quedan desamparadas. Hay áreas
(convento de San José) en las que los turistas no se atreven
a entrar por temor a los ladrones. El Patronato solicita un aumento
de la vigilancia, en especial cuando se están haciendo nuevos
proyectos para preservar el patrimonio de Panamá La Vieja
y estimular el turismo.
La restauración del convento constituye un importante paso
para ordenar, en forma sistemática, la ruta que seguirán
los visitantes. La historia del Convento de las Monjas de La Concepción
no ha terminado.
Foro
¿Estaría dispuesto a subsidiar
a los transportistas?
| "No. Porque cada día se ve más
la basura estancada, las aguas de las tuberías estancadas… También
se debe a que el mismo usuario la tira". |
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José Santos, desempleado
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"Sí. Porque yo veo que están recogiéndola.
Por allá por donde vivo en Pedregal la están recogiendo".
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Ernesto Saavedra, soldador
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"Sí. Porque está de acuerdo con las normas.
La gente dice que no se recoge, pero sí se recoge; lo que
hay que tener es paciencia".
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Juan De Dios Rodríguez, pintor
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"¿En este país? No. Eso necesita una administración mayor
y más integral. Deberían buscar a los conocedores de ese tipo
de necesidades de la sociedad. Los que están a cargo no saben
nada de eso".
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Jorge Jiménez, mecánico industrial
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