Panamá, 20 de enero de 2002
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Cuando uno está en el olvido

Betty Brannan Jaén

WASHINGTON, D.C. -Me vino a la mente esta semana que tras la entrega del Canal, Washington ha más o menos olvidado que Panamá existe. En inglés se diría que Panamá está off the radar screen. Pero cuando planteé esa idea al vocero de la Oficina de Asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, el la tildó de “injusta”. Con una perspectiva más optimista que la mía, el funcionario Charles Barclay opinó que si Panamá no figura mucho en los pronunciamientos oficiales de Estados Unidos, es porque ahora mismo “no hay mayores irritantes en nuestras relaciones”. Por otro lado, recalcó Barclay, “tenemos buenos contactos a nivel de trabajo” en toda una gama de temas, sobre todo comerciales.

Barclay señaló que cuando el presidente George W. Bush anunció el miércoles que su gobierno “explora” un tratado de libre comercio con Centroamérica, no se contempla que ese tratado incluirá a Panamá; pero eso no quiere decir que nuestro país se ha quedado totalmente fuera de la jugada.

“Geográficamente, la tradición no ha sido incluir a Panamá como uno de los países centroamericanos. Sin embargo, hay algunas notas positivas, como la creciente integración de Panamá con Centroamérica y las discusiones que tenemos en marcha con Panamá sobre acuerdos comerciales”, sostuvo el funcionario.

Pese a esa defensa, yo veo indicios de que Washington tiene a Panamá relegada al olvido. No es solamente que Bush no mencionó a Panamá en el discurso que dio el miércoles ante la Organización de Estados Americanos (OEA), porque esa omisión no es inusual en los discursos presidenciales.

También está el hecho de que somos el único país latinoamericano al que Bush todavía no ha designado su embajador.

Otro indicio salió a relucir el jueves durante una conferencia en el Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales sobre la política de Estados Unidos hacia América Latina en el primer año del gobierno de Bush.

Los oradores eran Crescencio Arcos (exdiplomático estadounidense), Arturo Valenzuela (exasesor de la Casa Blanca y ahora director de Estudios Latinoamericanos en Georgetown), y William Rogers (exfuncionario del Departamento de Estado y ahora abogado de Panamá para un sinnúmero de temas, cuyo bufete recibe varios millones de dólares al año del gobierno panameño).

De los tres, Valenzuela fue, de lejos, el más elocuente. Explicó que la mayoría de los países en el hemisferio están en una situación muy difícil, donde democracias muy débiles se enfrentan a retos políticos que impiden lograr las reformas necesarias para salir adelante.

En cuanto a la política exterior estadounidense hacia América Latina, Valenzuela expuso que ambos partidos estadounidenses han seguido las mismas líneas fundamentales desde hace décadas, como también ha hecho Bush. Lo significativo de Bush, según Valenzuela, es que continuó la política multilateral de Clinton (utilizando la OEA, por ejemplo) y prometió darle más prioridad a Latinoamérica. También, los tres oradores reconocieron que Bush ha tenido mucho acierto en reforzar los lazos comerciales y trabajar arduamente en ello.

Sin embargo, hay una brecha entre lo que Bush prometió al principio de su presidencia y lo que ha trascendido. Aun aceptando como comprensible que la crisis terrorista desviara la agenda de la Casa Blanca, el consenso en el panel fue que Bush ha desatendido a Latinoamérica, dando lugar a la tragedia argentina. Rogers opinó que la historia juzgará la crisis argentina como “una mancha negra” sobre la gestión de Bush.

Por otro lado, Rogers también opinó que los países latinos cometieron un error grave en no expresar más solidaridad con Washington en la lucha antiterrorista. “Creo que eso afectará la política estadounidense en el futuro”, afirmó Rogers. Su tesis fue rechazada por los otros dos panelistas, quienes subrayaron que la OEA invocó la “defensa colectiva” del Tratado de Río y que los distintos países expresaron toda clase de solidaridad. Yo agregaría que ningún país latino ha sido más fiel que Argentina, que (según entiendo) hasta envió tropas a Afganistán, y de poco le ha servido. También Panamá, a mi parecer, ha sido elocuente en expresar su solidaridad con el pueblo estadounidense.

Pero Rogers no mencionó a Panamá durante toda la sesión, como tampoco lo hizo Valenzuela. La única mención de nuestro país fue cuando Arcos, al hablar de Colombia, mencionó unas declaraciones que el general Joulwan hizo mientras era el jefe del Comando Sur en Panamá.

Para mí, eso fue un indicio más de que Panamá ya no figura en el radar de Washington.

La autora es corresponsal de La Prensa


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